Chromebook Pixel, buena pantalla

Chromebook Pixel

Un ordenador solo con navegador, de primeras no suena demasiado bien. Google lleva dos años promocionando sus ordenador portátil Chromebook.

Chromebook Pixel es una apuesta mucho más seria y ambiciosa, pero sin tener claro para qué público es. El precio, alrededor de 1.500 euros, excelente acabado en aluminio, como un solo bloque, con teclado retroiluminado, y sus características técnicas hacen que su sitio natural sea el de los ultrabooks. Pesa kilo y medio, funciona con un procesador Intel i5 y presenta una pantalla de 13 pulgadas, su mejor aspecto. Gana en definición a la Retina de Apple, solo que con menos márketing, además es táctil, como muchos modelos con Windows 8. Una vez que se empieza a ampliar fotos, editar textos, jugar a Angry Birds, al tocar la superficie de otros ordenadores dan sensación de antiguallas.

La pena es que tanta definición queda malgastada al no tener la posibilidad de usar un buen editor de vídeo o, por ejemplo, un Photoshop. La cámara frontal da una calidad excelente, pero no hay forma de usar Skype. El sistema de videoconferencia de Google, Hangouts, es brillante y práctico, pero aún poco conocido. Si alguien invierte tanto dinero en un aparato, lo menos que puede pedir son opciones para decidir y adaptarlo a lo que más usa.

El buscador deja así claro que Android es para móviles y tabletas, y que los ordenadores, aunque con pantalla táctil, son otra cosa y funcionan de otra manera. El navegador Chrome es el sistema operativo. No hay nada más. No hay pérdida al usarlo. La intención inicial de Google era que Chromebook se popularizase en las empresas como una alternativa a los ordenadores de flota con un coste de mantenimiento bastante inferior y menos disgustos para el equipo de informática. Todo se actualiza por Red y gratis.

El catálogo de aplicaciones es cada vez más amplio. Cuando se instalan, las preferidas se anclan, como si fueran programas de Windows, en la esquina inferior izquierda. Al hacer clic se convierten en una pestaña de Chrome. Y no, no se puede instalar otro navegador. Firefox no tiene cabida. Todo pasa por el universo Google.

La mayoría de la aplicaciones son gratuitas. Se pueden encontrar clones de Mario Bros, carreras de motos, gestores de redes sociales, Evernote, Deezer y Spotify entre miles de programas.

Los problemas llegan cuando se está sin conexión. Aunque se puede usar Docs, el paquete de ofimática, sin necesidad de Internet o ir escribiendo correos, no todo está disponible, como por ejemplo, Google Music, cuyo estreno no tiene fecha en España. Cuenta solo con 32 gigas de memoria, eso sí en estado sólido, mucho más resistente. Se puede ampliar mediante la ranura para tarjetas SD, pero resulta claramente insuficiente si se está de viaje y hace falta descargar la cámara. No hay dónde pasarlas. Google incluye un terabyte (1.000 gigas) de almacenamiento gratis en su nube durante cinco años al comprar el portátil, pero no soluciona este problema de la desconexión. Habría que pasar el contenido de la tarjeta de la cámara al almacén virtual y, de nuevo, es necesario tener Internet para ello.

Chromebook Pixel es una propuesta diferente, interesante, pero todavía cara y con mucho que mejorar. La gran ventaja es que las actualizaciones son automáticas, sin procesos farragosos para el usuario, pero van, poco a poco, mejorando el rendimiento, tanto de la batería como del uso sin conexión. En un mes de uso no ha dado muestras de colgarse o bajar el rendimiento en ningún momento. Solo les falta poner un precio algo más atractivo, mejorar la experiencia fuera de Red y añadir programas multimedia algo más creativos.

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