labios

Ya hablamos en este espacio de cómo el labial se las arregla solito para resolver un maquillaje, renovar un look o cambiarnos el humor. Por eso, hoy completamos con trucos para elegir colores y texturas según la forma de nuestra boca, la ocasión y la mejor forma de hacerlos lucir al extremo.

Labios finos

El delineado ayuda a definir la boca y logra que el labial se mantenga intacto por más tiempo. Y sí, también sirve para crear ilusión de labios más gruesos. La clave está en la moderación: dibujar el contorno 1 mm por encima de la línea natural del labio logra un efecto pulposo sutil y evita un involuntario homenaje al look de las vedettes de los ’80. Si hay tiempo y ganas, o se trata de una ocasión especial, lo mejor es delinear primero con un lápiz nude y, a continuación, con uno del color del labial elegido. Los labiales de tonos claros y el brillo son los mejores amigos de este tipo de labios. No así los oscuros y los mate, que restan volumen ¿Otro truco que funciona? Aplicar iluminador o un corrector de tono claro alrededor de la boca (difuminando bien) para destacar los labios.

Labios asimétricos.

Nuevamente, el delineador viene en nuestro auxilio para equilibrar este tipo de labios. Pero un truco más sencillo consiste, aunque suene raro, en utilizar dos tonos de la misma gama de labial: el más claro en el labio más fino y el más oscuro en el grueso ¡Funciona!

Labios gruesos.

El maquillaje de este tipo de labios dependerá del look y del efecto que queremos conseguir. Para destacarlos, ojos con sombras neutras y mucha máscara y un buen labial rojo. Si no queremos que sean el centro de la escena, un tono beige o rosado suave. En todo caso, mejor mantenerse alejada de los glosses; este tipo de boca no los necesita para brillar. Para las que sienten que estos labios quedan demasiado protagónicos con un color pleno, lo ideal es no utilizar directamente el labial para maquillarlos, y optar en cambio por aplicarlo con los dedos o un pincel.

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