Francisco y Benedicto XVI se saludan con un abrazo

Benedicto XVI

Benedicto XVI había llegado hacia las 04:30 hora “Argentina”, 09.30 horas “del Vaticano” a la Plaza de San Pedro, donde ha sido recibido con una gran ovación por parte de los miles de peregrinos que ocupan la plaza y las calles adyacentes para acudir a la ceremonia de canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, que concelebrará junto a los 150 cardenales, en un rito que preside el Papa Francisco.

Benedicto XVI, vestido con los parámetros sagrados, ha sido acompañado por su secretario personal, Georg Gäswein, para ocupar asiento en el sector izquierdo, junto con el resto de concelebrantes en una ceremonia que ya se conoce como la de los cuatro papas.

Esta no será la primera ocasión en la que Benedicto XVI acudirá a una ceremonia, pues ya lo hizo el pasado 22 de febrero con ocasión del primer consistorio del Papa Francisco, en el que creó a 19 cardenales. En aquella ocasión, ambos papas se fundieron en un cariñoso abrazo. Esta fue su primera comparecencia pública tras la renuncia el 28 de febrero de 2013. Además, Benedicto XVI acudió a la bendición de la estatua del arcángel San Miguel en los jardines vaticanos y ha mantenido varios encuentros privados con el Papa Francisco.

BEATIFICÓ A JUAN PABLO II EN 2011

Benedicto XVI presidió el 1 de mayo de 2011 la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II y se convirtió en el primer pontífice en mil años que beatificaba a su inmediato predecesor.

En aquel momento, Benedicto XVI recordó, durante la homilía que hacía seis años” los cristianos se encontraban en la Plaza de San Pedro para celebrar los funerales de Juan Pablo II y que, ése día, “el dolor por la pérdida era profundo, pero más grande todavía era el sentido de una inmensa gracia que envolvía a Roma y al mundo entero”. “El día esperado ha llegado pronto porque así lo ha querido el Señor. Juan Pablo II ya es beato”, dijo con emoción.

La frase fue respondida con multitud de aplausos y vítores de los cientos de miles de peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro y las calles adyacentes. Poco antes, el Pontífice subrayaba que “ya aquel día”, el 8 de abril de 2005, se percibía “el perfume de su santidad” y que “el pueblo de Dios manifestó de muchas maneras su veneración hacia él”. De este modo explicaba por qué había querido que, “respetando debidamente la normativa de la Iglesia”, la causa de su beatificación “procediera con razonable rapidez”.

Ante muchos peregrinos de nacionalidad polaca, también recalcó que “con su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico, acompañado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la nación polaca ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos” y también “ayudó a no tener miedo a la verdad, porque la verdad es garantía de la libertad”. “Nos devolvió la fuerza de creer en Cristo”, destacó.

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