Papa Francisco: “La Iglesia no es solo el Vaticano y los curas, somos todos nosotros”

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La Iglesia no son solo los curas, los obispos y el Vaticano, sino que “somos todos”. Así ha dicho el Papa Francisco que, a la audiencia general en la Plaza de San Pedro, ha iniciado hoy un ciclo de catequesis sobre la Iglesia después del de “los dones del espíritu” que concluyó el pasado miércoles. Los fieles son bendecidos por Dios y, a su vez, son “hombres y mujeres que bendicen”, casi un “sinónimo” de “cristianos”. Al final de la audiencia Jorge Mario Bergoglio ha hecho un llamamiento a favor de los miles de refugiados que en estos días se han visto obligados a dejar sus casas para huir de los conflictos y las persecuciones.

“Hoy –ha dicho el Papa– inicio un ciclo de catequesis sobre la Iglesia. Es un poco como un hijo que habla de la propia madre, de la propia familia. La Iglesia de hecho no es una institución que finaliza en sí misma o una asociación privada, una ONG, ni mucho menos se debe reducir al clero o al Vaticano…los curas son parte de la Iglesia pero la Iglesia somos todos, no hay que reducirla a los sacerdotes, los obispos, al Vaticano. Somos todos, todos familia de la madre. La Iglesia es una realidad mucho más amplia y se abre a toda la humanidad”.

La Iglesia “no nace de repente, no nace en un laboratorio”, “es fundada por Jesús pero es un pueblo con una larga historia a sus espaldas y una preparación que comenzó mucho años antes de Cristo”. La “historia, o prehistoria, de la Iglesia” es el evento blíblico de Abraham: “No es Abraham que construye entorno a sí mismo un pueblo, sino que es el mismo Dios que da vida a este pueblo. Normalmente era el hombre que se dirigía a la divinidad, intentando colmar la distancia e invocando apoyo y protección. En este caso, sin embargo, se asiste a algo inaudito: es el mismo Dios que toma la iniciativa y dirige su palabra al hombre, creando una unión y una relación nueva con él”. En este sentido, “el amor de Dios precede todo”, ha dicho el Papa reafirmando el concepto sobre el cual vuelve a menudo. “Isaías o Jeremías, no recuerdo bien, uno de estos dos, dice que Dios es como la flor del almendro, el primero que florence en la primavera: cuando nosotros llegamos, él nos espera, él nos llama, él nos hace caminar, siempre antes que nosotros y esto se llama amor, Dios nos espera siempre”.

El Papa después ha imaginado una conversación con un fiel: “Pero padre, yo no creo, mi vida ha sido muy fea, ¿cómo puedo pensar que Dios me espera?”, la pregunta, y la respuesta: “Pero si has sido un grande pecador Dios te espera con tanto amor” y “la Iglesia nos lleva a este Dios que nos espera”. Abraham y sus padres escuchan la llamada de Dios y se ponen en camino, no sin “resistencias”, “se vuelven sobre sí mismos y sobre sus propios intereses”, “tienen la tentación de comerciar con Dios y resolver las cosas a su propio modo”: “Son las traiciones y los pecados que señalan el camino del pueblo a lo largo de la historia de la salvación, que es la historia de la fidelidad de Dios y de la infidelidad del pueblo”. Los cristianos, ha cincluido el Papa, deben transformarse en “bendición, señal de Dios por todos sus hijos. A mí –ha concluido Bergoglio– me gusta pensar que el sinónimo que podemos tener los cristianos es este: son hombres y mujeres que bendicen, bendecir Dios y todos nosotros. Nosotros los cristianos somos gente que bendice”.

Antes de la audiencia, el Papa Francisco ha saludado los enfermos y los ancianos en el aula de Pablo VI, en Vaticano, antes de salir a la Plaza de San Pedro. Ya la pasada semana la prefectura de la Casa pontificia los había acomodado en el aula Nervi para evitar el calor. “Rezad para que no llueva y así quien está fuera no se moje”, ha dicho esta vez el Papa. Con los discapacitados, especialmente los jóvenes, ha intercambiado alguna broma y algún ‘selfie’ con los teléfonos. En la plaza, después de la habitual vuelta en jeep para saludar a los fieles, el Papa ha iniciado la catequesis con una frase: “Felicidades a vosotros que habéis venido sin saber si viene el agua, si no viene el agua,… ¡bravo! Esperamos que termine la audiencia sin agua, que el Señor tenga piedad de nosotros”. Presente en la plaza, entre las decenas de miles de fieles, Ted Neeley, protagonista de la película ‘Jesucristo Superestar’.

La Stampa

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