Alemania - Argentina

Es un mazazo, un golpe que va directo al corazón. Esta vez, las lágrimas no son de alegría, brotan de tristeza. Ya es de noche en el Maracaná y la Argentina cae desplomada. Lionel Messi tiene en su botín la última chance y lanza muy arriba un tiro libre. Javier Mascherano comete la última infracción del partido y el árbitro italiano Nicola Rizzoli marca el final. Saltan los alemanes, gritan eufóricos, son campeones del mundo. Del otro lado, la selección es pura tristeza.Fueron 120 minutos tensos, un empate 0 a 0 en los 90 minutos que no se destrabó, pese a que hubo ocasiones de gol. Hasta que a ocho minutos del final, apareció Mario Goetze, tras un desborde por la izquierda de Schürrle. La paró de pecho y definió. Esta vez, Sergio Romero, de lo mejor de la Argentina en el Mundial, nada pudo hacer. Sólo quedó tiempo para intentos desesperados. Ya era tarde.

Messi fue sin dudas el hombre que clasificó a un equipo que despertaba más dudas que certezas. Sin embargo, no apareció ante Holanda y Alemania, los partidos que el mundo le reclamaba para consagrarlo rey.

La Argentina se va de Brasil 2014 como subcampeón. Es cierto que pudo dar el salto si Pipita Higuaín acertaba en el primer tiempo, o si Messi no fallaba al minuto del segundo tiempo o si Palacio convertía cuando quedó solo de cara al arquero en el primer tiempo suplementario. La derrota por 1-0 duele hoy, pero mañana deberá quedar escrito que este equipo volvió a una instancia final tras 24 años, pese a que no pudo conseguir la Copa que se niega desde hace 28.

En el césped del Maracaná, festeja Alemania, por primera vez un equipo europeo lo logra en Sudamérica, una selección que hace ocho años viene trabajando detrás de este título. El gol lo marca Goetze, quien saltó desde el banco de suplentes a la cancha y es una de las promesas, con sólo 22 años. Es el premio a un proyecto en el tiempo, a un equipo que en Braisl 2014 fue de menor a mayor, y terminó celebrando con el aliento de los locales, a los que había eliminado con un lapidario 7-1.

La Argentina llegó al Mundial con sus figuras, como Messi, Agüero, Di María e Higuaín, y terminó en la final por las manos de Romero, por el esfuerzo de Mascherano, por afianzar una dupla central como Demichelis y Garay, muy destacada en los últimos tres partidos. Fue la Copa del Mundo en la que funcionó mejor lo que más dudas generaba, principalmente en los partidos más calientes.

Messi terminó su Mundial de mayor a menor. Empezó bien arriba con cuatro goles en la primera rueda. Fue sin dudas el hombre que clasificó a un equipo que despertaba más dudas que certezas. Sin embargo, no apareció ante Holanda y Alemania, los partidos que el mundo le reclamaba para consagrarlo rey. Terminó con un tiro libre muy desviado, caminando con rumbo errante, un recuerdo del otro Messi, el previo a la llegada de Sabella al banco de la selección. A los pocos minutos, Leo se sorprendió al ser reconocido con el Balón de Oro, el mejor del torneo.

La selección esperó a Alemania, un rival superior. Fue un equipo corto para robar y salir rápido. Funcionó en el primer tiempo, cuando casi sin la pelota generó el mismo o más peligro que los europeos. En el segundo tiempo, no fue bueno el cambio de Agüero, en muy baja forma, por Lavezzi, de lo mejor de la mitad inicial. ¿Estaría lesionado? La selección se fue diluyendo. La defensa y el medio no aguantaron, después de tanto desgaste. Con tres suplementarios, la Argentina jugó un partido más en el Mundial.

Se terminó la Copa del Mundo con una sabor agrio. La última imagen es la de un equipo desesperado por empatar, pero eso no debe nublar la mente. Esta selección devolvió a la Argentina a los primeros planos, a jugar una final, tras 24 años. Un subcampeonato que debería servir para recuperar el respeto tan extraviado en los últimos años, porque en la derrota también se puede ganar.

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