trabajo

No había visto a Jim en dos años. Cuando lo volví a contactar recientemente, me sorprendió. El apuesto profesional que ganaba de a 30 mil libras y se sentaba fumando muy elegante. Lleno de energía, me habló de sus negocios potenciales. Estaba tan ocupado trabajando que se quedaba con regularidad hasta las 10 de la noche, trabajando con un cliente multimillonario que explotaba su energía lo cual lo estaba fastidiando bastante. Pero el proyecto con el multimillonario terminaría pronto, declaró. “Eso está muy bien!”, Le dije. “Así que no tendrás que lidiar con él de nuevo.” Y Jim me contestó que podría haber otro contrato con él en un futuro.

No se trataba de dinero. Estábamos conversando en medio de su hermosa casa de vacaciones, disfrutando de vistas espectaculares de las montañas. Los negocios estaban en auge; él sólo deseaba poder pasar más tiempo allí en la casa de sus sueños, y tal vez conocer a alguien y empezar a salir. Pero, por supuesto, era imposible. Por alguna razón, él estaba eligiendo no concentrarse en eso, y Jim no es el único que tomó esa decisión.

Clay Christensen, profesor de Harvard Business School en su libro que fue mega-éxito de ventas ¿Cómo medirá su vida? (con Karen Dillon y James Allworth), describió que el retorno de la inversión en el trabajo es inmediatamente evidente. Tú obtienes una respuesta instantánea y, a menudo, una gratificación instantánea en forma de aumentos, promociones, nuevos contratos, o la aprobación en general. En el ámbito de la vida familiar es diferente. En este momento, puede ser banal, aburrida, o desalentadora.

Daniel Gilbert, investigador de Harvard sobre la felicidad, ha demostrado que los niños no aumentan la felicidad a corto plazo de sus padres; de hecho, día a día, los padres prefieren casi cualquier cosa (desde ver la televisión hasta hacer ejercicio) en vez de pasar tiempo con sus hijos. El trabajo es sin duda una excusa sancionada socialmente. Sin embargo, dice Christensen, muchos profesionales se ven abatidos al despertarse en mitad de su vida y descubrir que sus relaciones están acabadas, que se enfrentan al divorcio o al alejo de sus familiares. Tenemos que entender la diferencia que existe entre los beneficios del trabajo y la vida personal tanto a corto como a largo plazo.

Otro desafío, dice Shawn Achor, autor de La Felicidad Como Ventaja, es que entendemos mal la relación entre la felicidad y el éxito. Asumimos que el triunfo profesional es lo primero: ¡Voy a ser feliz cuando haga el vice presidente! Seré feliz cuando me meta a realizar el posgrado en la escuela de derecho! Seré feliz cuando haga la lista de las 40 cosas que hay que hacer antes de los 40! Pero que en realidad es al revés, Achor escribe: “La felicidad es… el precursor para alcanzar un mayor éxito. Cada relación, negocio y resultado de educación mejora, en primer lugar, cuando se tiene mentalidad positiva.” En otras palabras, el éxito es el resultado de la felicidad, y no al revés. Y, sin embargo, muchos ejecutivos trabajan sin descanso, en búsqueda de una meta, la felicidad, la cual no se alcanza con los logros profesionales.

Para muchos de los profesionales de alto nivel, la idea de reducir la intensidad en el trabajo también es preocupante, ya que temen que pueda afectar sus carreras. Aunque por supuesto, puede sonar exagerado. Dado que los humanos tememos más a perder que anhelar obtener ganancias, es fácil tildar cualquier desaceleración en el trabajo como la pérdida de nuestro potencial profesional o como un desastroso error. Sin embargo, para empeorar las cosas, en algunos trabajos particularmente competitivos como lo es la banca de inversión o el derecho corporativo, las largas horas realmente son obligatorias. Y culturalmente, estamos rodeados con ejemplos como el de Tesla´s Elon Musk, un padre de cinco niños, divorciado dos veces, que se tomó una vacaciones durante un período de cuatro años.

Aun cuando todo no es acerca de nosotros, la presión para seguir trabajando a toda velocidad puede ser intensa. Como un amigo consultor exitoso me dijo: “Hay una gran cantidad de personas que dependen de mí, las personas que hacen artículos sobre mí, los que son mis estudiantes, y mis clientes. Es muy difícil darles la espalda y eso los defraudaría. “De hecho, cuando recientemente redujo su programa de viajes debido a varias crisis de salud en su familia, sus colegas se dieron cuenta de inmediato. “Recibo correos electrónicos y llamadas telefónicas todos los días: te echamos de menos en la reunión.” Lidiar con la lealtad al trabajo y a la vida familiar las cuales están divididas puede ser un gran reto. “Duele porque algunos de ellos suenan a regaño,” dice, “pero tengo que aferrarme a mi plan.”

Aun cuando sabemos que trabajar en exceso no es bueno para nosotros mismos, es difícil reducirlo. La mayoría de nosotros no somos tan extremos como un practicante de un banco de inversión, que murió en Londres después de que presuntamente trabajara 72 horas seguidas para impresionar a sus jefes. Pero de acuerdo con Christensen, puede que no seamos tan diferentes, es una cuestión de título, y de momento. El exceso de trabajo puede no matarnos mañana, pero, si se deja sin tratar, puede destruir nuestras relaciones más importantes en 10 o 20 años.

¿Cómo podemos lograr un equilibrio, sobre todo cuando el trabajo en sí es muy gratificante? (Mi amigo consultor dice que su intensa agenda de trabajo es el resultado de su deseo de “hacer una diferencia en la vida de las personas, sabiendo que es bueno en eso. Es muy difícil rendirse ante eso y mantener a un montón de gente feliz”.) El éxito verdadero significa reconocer realmente nuestras propias prioridades, y, de la mejor que podamos, vivirlas hoy mismo en vez de fijar nuestras esperanzas en el futuro y en la frase “Seré feliz cuando…”

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