Motivos para no estar en la cocina

Los argentinos son de buen comer. Es una de las “marcas” que los caracterizan. Lástima que muchas veces la rutina y las obligaciones de la vida diaria llevan a que el “ritual” de la cocina se disfrute poco y el “¿qué comemos hoy?” se vuelva una pregunta cada vez más difícil de responder.

Es que cuando el tiempo apremia, se acaban las ideas (y las ganas) de innovar y los menúes terminan siendo más o menos siempre los mismos.

Así lo reveló un estudio sobre hábitos y preferencias de los argentinos en la cocina, según el que la falta de ideas se evidencia en el acotado menú que llega cada día a nuestras mesas: fuerte presencia de carnes en preparaciones simples, donde se combinan principalmente con verduras: bife con ensalada, milanesa con puré, pollo con papas. Las pastas y pizzas, por su parte, tienen un rol protagónico por la influencia italiana en nuestra cultura.

El estudio demostró que hay un cambio de paradigma respecto a lo que las personas consideran nutritivo. De acuerdo con las investigaciones realizadas, el 83% de las mujeres consideran que la nutrición está asociada a un buen balance en la ingesta de carnes, vegetales y carbohidratos, así como a la inclusión de alimentos que contengan vitaminas y minerales. Si bien la comida casera continúa siendo asociada a la idea de nutrición (“es saludable porque se preparó en casa”), hoy en día no es tan relevante como la primera.

La presencia de ingredientes frescos es percibida como uno de los principales garantes de una comida saludable. La salud, por su parte, se busca habitualmente a través de una alimentación balanceada y no necesariamente en cada uno de los platos. Hoy, la tendencia es:

-Priorizar cocciones al horno o a la cacerola, para evitar fritos y grasas

-Incorporar ingredientes naturales, frescos

-Disminuir la sal

-Lo natural y saludable requiere mayor esmero y tiempo de parte de quien cocina, sobre todo para lograr platos sabrosos y gratificantes para toda la familia. Esto representa un conflicto ante la demanda de practicidad de las “mujeres orquesta”.

-Un menú con muy pocas variantes

-Planificar suele ser una preocupación diaria para el responsable de la comida familiar.

Según los resultados de la investigación encargada por Maggi de Nestlé, muchas mujeres desearían que alguien más pensara por ellas; otras afirman que la rutina de cocinar se roba la diversión del ritual; y otras quisieran saber combinar los ingredientes de mil maneras diferentes para tener la solución de cada día. En resumen, las mujeres desean volver a disfrutar de cocinar sin que les pese la obligación.

Así es que a la vista están los resultados. Los platos se caracterizan por su simpleza. La mayoría de las comidas cotidianas se construyen con el concepto de plato principal y una única guarnición, a su vez compuesta por pocos ingredientes. Las entradas no forman parte del menú habitual, salvo en invierno cuando puede aparecer la sopa.

A diferencia de lo que sucede en otros países de América Latina, como Chile, Colombia o Venezuela, la presencia del arroz y las legumbres es muy baja. En estos países el arroz no falta en ninguna comida; por ejemplo, en Colombia ocupa el vértice de la pirámide alimenticia, mientras que pastas y carnes aparecen recién en el tercer puesto.

Curiosamente, el postre tampoco aparece como una ingesta generalizada en la Argentina.

Platos principales y formas de cocción

Carne vacuna, pastas y pizza. ¿Con qué se acompañan? Como se dijo anteriormente, prevalecen las guarniciones simples: papa en sus diferentes formas y en menor medida ensaladas. Esto cambia totalmente en otros países de la región; en Chile, por ejemplo, la ensalada es el plato por preferencia a la hora de almorzar, seguido por el arroz. En cambio, para los colombianos no pueden faltar la sopa, el arroz, la carne y una guarnición a base de papas o vegetales.

Las formas de cocción están directamente relacionadas con el cuidado de la salud. En general, las cocciones más sabrosas aunque consideradas dañinas para el organismo como las preparaciones fritas, se utilizan en menor medida y generalmente como un premio o permitido. Algunas recetas, como las milanesas, se están adaptando a cocciones consideradas más sanas como el horno.

El horno se destaca en el estudio como una de las técnicas de cocción más implementadas. Es considerado también como uno de los métodos de cocción más sanos junto con la cocción en cacerola (“hervido”). La practicidad y la abundancia de cocción simultánea para varios miembros de la familia son sus principales ventajas. Otras formas de cocinar, como “al vapor”, son claramente aspiracionales: aunque tienen asociación directa con la salud todavía no están instaladas ni generalizadas.

El hombre en la cocina: ¿mito o realidad?

El ámbito de la cocina es un legado femenino por tradición. Si bien hoy la responsabilidad de cocinar empieza a ser objeto de discusión y negociación entre los hombres y mujeres de las generaciones jóvenes, se trata de una tendencia paulatina. A pesar de que socialmente se percibe al hombre con un rol más activo en la cocina, lo cierto es que se están incorporando progresivamente y todavía no son los principales responsables de la tarea. Entre los más jóvenes, donde la presencia del hombre en la cocina es mayor, su participación sólo llega al 18%.

La incursión masculina en la cocina es vivida como un lugar donde el hombre “ayuda” cuando la mujer no da abasto con la tarea, pero casi nunca le recae la responsabilidad de pensar y planificar qué se come cada día y en cada ocasión. De acuerdo al estudio, los hombres participan en la elaboración de comidas sobre todo en fines de semana u ocasiones especiales. Encaran la tarea con una actitud más relajada que les permite una mayor creatividad en cuestiones culinarias, como innovación en platos, incorporación de nuevos ingredientes, mezcla de sabores, etc.

Dentro del hogar, la tarea de cocinar en general no es compartida y es la propia mujer quien declara tener esta responsabilidad. La frecuencia media de preparación de comidas en el hogar por parte de la mujer es de 11 veces por semana, poco menos de dos veces por día.

El tiempo para la cocina es tirano

Si bien por un lado las tareas domésticas demandan menos esfuerzo gracias a la tecnología, las mujeres se sienten sobreexigidas al buscar un equilibrio entre las cuestiones hogareñas y las extrahogareñas. Planificar múltiples actividades requiere de nuevos skills que demandan mayor organización y esfuerzo mental. En este sentido el desafío es enorme: resolver las comidas de manera práctica, asegurando que queden deliciosas, lo más saludables posible y que le guste a toda la familia.

El tiempo disponible y la mayor o menor afinidad con la cocina influyen en cómo las mujeres se autodefinen como cocineras: predominan los estilos que apuntan a lo simple y práctico; la preparación casera y el amasado se mantienen vigentes aunque relegados; la elaboración esmerada es reservada para ocasiones especiales o fines de semana, cuando hay más tiempo. A pesar de las imposiciones de la vida moderna, se siguen valorando los secretos y persiste el orgullo de preparar algo rico o especial.

Volver a disfrutar del arte de cocinar, esa es la cuestión

Con mayor o menor intensidad, las mujeres todavía encuentran momentos de disfrute en la cocina asociados a distintos valores y significados: placer, ritual, dedicación, nutrición, practicidad, gratificación, entre otros.

Con respecto a los otros, hay una relación de dar y recibir: el amor como motor del esfuerzo que realizan a diario, necesario para la nutrición y cuidado de la salud familiar; y la recompensa de recibir el reconocimiento de la familia.

En relación a ellas mismas, hay una satisfacción por la tarea cumplida; por saciar el hambre propio y de los otros; por ser artífices de un momento para compartir en familia; o por legitimar la dedicación de un tiempo propio: “Como ya cumplí, ahora puedo dedicarme a mí”.

El 15% de las ocasiones de comida son generadoras de un momento de disfrute y relax, ya sea solitario o compartido. En estos casos la cocina es fuente de reconocimiento y espacio para la creatividad.

El legado de rutina en la cocina parece ser una tarea tediosa para la “mujer orquesta”. Sin embargo, no todo está perdido, ya que es posible y necesario volver encontrar el disfrute y asumir una actitud positiva a la hora de alimentar a la familia. El estudio detectó también beneficios emocionales vinculados a la tarea de cocinar, una conexión con los recuerdos de la infancia, de su madre o abuela en la cocina, del jugar a cocinar “como mamá” o imitar los programas de cocineros, rememorando momentos en familia o con amigos junto a un rico plato preparado especialmente para esa ocasión.

El desafío está servido. La receta es ganarle tiempo al tiempo con preparaciones prácticas, simples, nutritivas y deliciosas, que permitan a las personas volver a disfrutar del arte de cocinar y crear nuevas experiencias a la hora de comer.

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