Papa Francisco en la audiencia general: Jubileo es abrirse con valentía al compartir

“Contribuir en realizar una tierra sin pobres quiere decir construir una sociedad sin discriminación, basada en la solidaridad que lleva a compartir cuanto se posee, en una distribución de los recursos fundada en la fraternidad y en la justicia”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del segundo miércoles de febrero, donde explicó la relación entre “justicia y compartir”.

Continuando su ciclo de catequesis sobre la misericordia en la Sagrada Escritura, el Obispo de Roma recordó “la antigua institución del Jubileo”, es decir, un momento culminante de la vida religiosa y social del pueblo de Israel. Este evento celebrado cada 50 años, “era una especie de indulto general, con el cual se permitía a todos de regresar a la situación originaria, con la cancelación de todas las deudas, la restitución de la tierra, y la posibilidad de gozar de nuevo de la libertad propia de los miembros del pueblo de Dios”.

Esta prescripción del jubileo, como otras leyes – afirmó el Papa – servían para combatir la pobreza y la desigualdad, garantizando una vida digna para todos y una justa distribución de la tierra sobre la cual habitar y de la cual tomar el nutrimiento. “La idea central – agregó el Pontífice – es que la tierra pertenece originalmente a Dios y ha sido confiada a los hombres (Cfr. Gen 1,28-29), y por eso ninguno puede atribuirse la posesión exclusiva, creando situaciones de desigualdad”. Podemos decir, señaló el Santo Padre, que el jubileo bíblico era un “jubileo de misericordia”, porque era vivido en la búsqueda sincera del bien del hermano necesitado.

Antes de concluir su catequesis, el Sucesor de Pedro subrayó que “el mensaje bíblico es muy claro: abrirse con valentía al compartir. Entre conciudadanos, entre familias, entre pueblos, entre continentes”. Sólo así, se podrá conseguir una tierra sin pobres y construir una sociedad sin discriminación, basada en la solidaridad que lleva a compartir cuanto se posee, en una distribución de los recursos fundada en la fraternidad y en la justicia.

Texto completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y buen camino de cuaresma!

Es bello y también significativo tener esta audiencia justamente este Miércoles de Ceniza. Iniciando el camino de la Cuaresma y hoy nos detenemos sobre la antigua institución del “Jubileo”, testificada en la Sagrada Escritura. Lo encontramos particularmente en el Libro del Levítico, que lo presenta como un momento culminante de la vida religiosa y social del pueblo de Israel.

Cada 50 años, «en el día de la Expiación» (Lev 25,9), cuando la misericordia del Señor venia invocada sobre todo el pueblo, el sonido del cuerno anunciaba un gran evento de liberación. De hecho, leemos en el Libro del Levítico: «Así santificarán el quincuagésimo año, y proclamarán una liberación para todos los habitantes del país. Este será para ustedes un jubileo: casa uno recobrará su propiedad y regresará a su familia […] En este año jubilar cada uno de ustedes regresará a su propiedad» (Lev 25, 10.13). Según estas disposiciones, si alguno había sido obligado a vender su tierra o su casa, en el jubileo podía retomar la posesión; y si alguno había contraído deudas y, no podía pagarlas, hubiese sido obligado a ponerse al servicio del acreedor, podía regresar libre a su familia y recuperar todas sus propiedades.

Era una especie de “indulto general”, con el cual se permitía a todos de regresar a la situación originaria, con la cancelación de todas las deudas, la restitución de la tierra, y la posibilidad de gozar de nuevo de la libertad propia de los miembros del pueblo de Dios. Un pueblo “santo”, donde las prescripciones como aquella del jubileo servían para combatir la pobreza y la desigualdad, garantizando una vida digna para todos y una justa distribución de la tierra sobre la cual habitar y de la cual tomar el nutrimiento. La idea central es que la tierra pertenece originalmente a Dios y ha sido confiada a los hombres (Cfr. Gen 1,28-29), y por eso ninguno puede atribuirse la posesión exclusiva, creando situaciones de desigualdad. Esto, hoy, podemos pensarlo y repensarlo; cada uno en su corazón piense si tiene demasiadas cosas. Pero, ¿Por qué no dejar a aquellos que no tienen nada? El diez por ciento, el cincuenta por ciento. Yo digo: que el Espíritu Santo inspire a cada uno de ustedes.

Con el jubileo, quien se había convertido en pobre regresaba a tener lo necesario para vivir, y quien se había hecho rico restituía al pobre lo que le había quitado. El fin era una sociedad basada en la igualdad y la solidaridad, donde la libertad, la tierra y el dinero se convirtieran en un bien para todos y no solo para algunos como sucede ahora, si no me equivoco. Pero más o menos, ¡eh! Esto es una cosa, las cifras no son seguras, pero el ochenta por ciento de las riquezas de la humanidad están en las manos de menos del veinte por ciento de la gente. Es un jubileo – y esto lo digo recordando nuestra historia de la salvación – para convertirse para que nuestro corazón se haga más grande, más generoso, más hijo de Dios, con más amor. Pero, les digo una cosa: si este deseo, si el jubileo no llega a los bolsillos no es un verdadero jubileo. ¿Lo han entendido? Y esto es en la Biblia. ¡eh! No lo inventa este Papa: está en la Biblia. El fin – como he dicho – era una sociedad basada en la igualdad y en la solidaridad, donde la libertad, la tierra y el dinero se convirtieran en un bien para todos y no para algunos. De hecho, el jubileo tenía la función de ayudar al pueblo a vivir una fraternidad concreta, hecha de ayuda recíproca. Podemos decir que el jubileo bíblico era un “jubileo de misericordia”, porque era vivido en la búsqueda sincera del bien del hermano necesitado.

En la misma línea, también otras instituciones y otras leyes gobernaban la vida del pueblo de Dios, para que se pudiera experimentar la misericordia del Señor a través de aquella de los hombres. En esas normas encontramos indicaciones validas también hoy, que nos hacen reflexionar. Por ejemplo, la ley bíblica prescribía el pago del “diezmo” que venía destinado a los Levitas, encargados del culto, los cuales no tenían tierra, y a los pobres, los huérfanos, las viudas (Cfr. Deut 14,22-29). Se preveía que la décima parte de la cosecha, o de lo proveniente de otras actividades, fuera dada a aquellos que estaban sin protección y en estado de necesidad, así favoreciendo condiciones de relativa igualdad dentro de un pueblo en el cual todos deberían comportarse como hermanos.

Estaba también la ley concerniente a las “primicias”: ¿qué es esto? Es decir, la primera parte de la cosecha, la parte más preciosa, que debía ser compartida con los Levitas y los extranjeros (Cfr. Deut 18, 4-5; 26,1-11), que no poseían campos, así que también para ellos la tierra fuera fuente de nutrimiento y de vida. «La tierra es mía, y ustedes son para mí como extranjeros y huéspedes (Lev 25,23). Somos todos huéspedes del Señor, en espera de la patria celeste (Cfr. Heb 11,13-16; 1 Pe 2,11)», llamados a hacer habitable y humano el mundo que nos acoge. ¡Y cuantas “primicias” quien es afortunado podría donar a quien está en dificultad! ¡Cuántas primicias! Primicias no solo de los frutos de los campos, sino de todo otro producto del trabajo, de los sueldos, de los ahorros, de tantas cosas que se poseen y que a veces se desperdician. Esto sucede también hoy, ¡eh! En la Limosnería Apostólica llegan tantas cartas con un poco de dinero, pocas cosas con esta inscripción: “esto es parte de mi sueldo para ayudar a otros”. Y esto es bello; ayudar a los demás, las instituciones de beneficencia, los hospitales, los asilos y los diezmos; dar también al forastero, a aquellos que son extranjeros y están de paso. Jesús estuvo de paso en Egipto.

Y justamente pensando en esto, la Sagrada Escritura exhorta con insistencia a responder generosamente a los pedidos de préstamos, sin hacer cálculos mezquinos y sin pretender intereses imposibles: «Si tu hermano se queda en la miseria y no tiene con qué pagarte, tú lo sostendrás como si fuera un extranjero o un huésped, y él vivirá junto a ti. No le exijas ninguna clase de interés: teme a tu Dios y déjalo vivir junto a ti como un hermano. No le prestes dinero a interés, ni le des comidas para sacar provecho» (Lev 25,35-37). Esta enseñanza es siempre actual. ¡Cuántas familias están en la calle, víctimas de la usura! Por favor recemos, para que en este jubileo el Señor quite del corazón de todos nosotros este deseo de tener más de usura. Que se regrese a ser generosos, grandes. ¡Cuántas situaciones de usura estamos obligados a ver y cuánto sufrimiento y angustia llevan a las familias! Y tantas veces, en la desesperación cuantos hombres terminan en el suicidio porque no pueden más y no tienen esperanza, no tienen una mano extendida que los ayude; solamente la mano que viene a hacerles pagar los intereses. Es un grave pecado la usura, es un pecado que grita en la presencia de Dios. El Señor en cambio ha prometido su bendición a quien abre la mano para dar con generosidad (Cfr. Deut 15,10). Él te dará el doble, quizá no en dinero pero en otras cosas, pero el Señor te dará siempre el doble.

Queridos hermanos y hermanas, el mensaje bíblico es muy claro: abrirse con valentía al compartir, y ¡esto es misericordia! Y si no queremos misericordia de Dios comencemos a hacerla nosotros. Es esto: comencemos a hacerlo nosotros entre conciudadanos, entre familias, entre pueblos, entre continentes. Contribuir en realizar una tierra sin pobres quiere decir construir una sociedad sin discriminación, basada en la solidaridad que lleva a compartir cuanto se posee, en una distribución de los recursos fundada en la fraternidad y en la justicia. Gracias.

(Traducción del italiano: Renato Martinez – Radio Vaticano)

Jornada Mundial del Enfermo: llamamiento del Papa

En su audiencia general, en la víspera de la Jornada Mundial del Enfermo 2016, el Papa Francisco reiteró su exhortación a «Confiar en Jesús misericordioso como María» y a hacer lo que Jesús nos diga.

Y lo hizo con el lema de su Mensaje para esta Jornada, celebrada – en el marco del Jubileo de la Misericordia – solemnemente en Tierra Santa, en Nazaret, lugar de la Encarnación, y donde comenzó la misión salvífica del Señor.

Bajo el Manto de la Virgen María Madre de Misericordia

Ante esta Jornada Mundial del Enfermo, que instituyó San Juan Pablo II, el 13 de mayo, Nuestra Señora de Fátima, estableciendo que se celebre, el 11 de febrero de cada año, memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes, el Papa Francisco hizo hincapié en la ternura solícita y entrañable de la Madre de Dios e invitó a rezar por los enfermos, alentando a los que están al servicio de los que sufren:

«Mañana, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, se celebra la XXIV Jornada Mundial del Enfermos, cuya celebración culmina en Nazaret. En el mensaje de este año, hemos reflexionado sobre el papel insustituible de María en las bodas de Caná: «Hagan todo lo que él les diga» (Jn 2,15). En la solicitud de María se refleja la ternura de Dios y la inmensa bondad de Jesús Misericordioso. Invito a rezar por los enfermos y a hacerles sentir nuestro amor. Que la misma ternura de María esté presente en la vida de tantas personas que se encuentran al lado de los enfermos, sabiendo percibir sus necesidades, también las más imperceptibles, viéndolas con los ojos llenos de amor».

(CdM – RV)

Construir una tierra y una sociedad basada en la solidaridad, en el compartir y en la repartición justa de los recursos, el Papa en Catequesis

Sobre el sentido bíblico del Jubileo, Francisco dijo en la Catequesis del 10 de febrero de 2016 que cada 50 años tenía lugar un gran evento de liberación. Consistía en una especie de indulto general por el que se cancelaban las deudas y se restituía la tierra a sus propietarios.

“La idea central –dijo- es que la tierra pertenece a Dios y ha sido confiada a los hombres como administradores. El jubileo bíblico era un verdadero jubileo de la misericordia, que tenía la función de ayudar al pueblo a vivir una fraternidad concreta buscando, a través de la ayuda recíproca, el bien del hermano necesitado”. jesuita Guillermo Ortiz

Texto, con Voz de Francisco en español con el resumen de la Catequesis del 10 de febrero de 2010

(Radio Vaticana) Queridos hermanos: Reflexionamos hoy sobre el sentido bíblico del Jubileo. Cada 50 años, en el día de la expiación, tenía lugar un gran evento de liberación. Consistía en una especie de indulto general por el que se cancelaban las deudas y se restituía la tierra a sus propietarios. La idea central es que la tierra pertenece a Dios y ha sido confiada a los hombres como administradores. El jubileo bíblico era un verdadero jubileo de la misericordia, que tenía la función de ayudar al pueblo a vivir una fraternidad concreta buscando, a través de la ayuda recíproca, el bien del hermano necesitado. Otras instituciones, como el pago del diezmo y las primicias, así como la prohibición de dar préstamos con intereses desproporcionados, los usureros, estaban también destinadas a favorecer a los pobres, a los huérfanos y a las viudas. El mensaje del jubileo bíblico nos invita a construir una tierra y una sociedad basada en la solidaridad, en el compartir y en la repartición justa de los recursos.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Al comenzar hoy el tiempo de cuaresma, pidámosle al Señor que nos ayude a prepararnos para la Pascua abriendo nuestros corazones a su misericordia, para que también nosotros sepamos vivirla en nuestra vida diaria, con las personas que nos rodean. Muchas gracias. (Radio Vaticana)

Catequesis del Papa: El Jubileo bíblico deseaba una tierra sin pobres

Con la lectura de un pasaje del Antiguo Testamento, tomado del libro del Levítico (25, 9 b -10.12 a) que alude al día de la expiación para santificar el quincuagésimo año, y proclamar una liberación para todos los habitantes del país, el Papa Francisco reflexionó en su catequesis sobre el sobre el sentido bíblico del Jubileo.

En efecto, hablando en italiano, el Obispo de Roma recordó que cada cincuenta años, en “el día de la expiación” (Lv 25,9), cuando todo el pueblo invocaba la misericordia del Señor con un fuerte toque de trompeta, se anunciaba este gran evento de liberación, puesto que también permitía recobrar las propiedades y regresar a sus familias, lo que representaba – dijo – una especie de “condono general”, mediante el cual se permitía a todo el Pueblo de Dios regresar a la situación originaria, con la cancelación de toda deuda, la devolución de la tierra y la posibilidad de gozar nuevamente de su propia libertad.

El Santo Padre se refirió a este pueblo santo en el que la prescripción del jubileo servía para combatir la pobreza y la desigualdad, garantizando una vida digna para todos con una distribución ecuánime de la tierra en la que vivir. Y explicó, tal como afirma el libro del Génesis, que la idea central es que la tierra pertenece originariamente a Dios y ha sido encomendada a los hombres, de modo que nadie puede atribuirse su posesión exclusiva, creando situaciones de desigualdad.

Con el jubileo – dijo también el Papa – quien era pobre volvía a tener lo necesario para vivir y quien era rico devolvía al pobre lo que le había tomado, puesto que su finalidad era lograr una sociedad basada en la igualdad y la solidaridad, donde la libertad, la tierra y el dinero volvían a convertirse en un bien para todos y no sólo para unos pocos.

El mensaje bíblico es muy claro – afirmó el Papa Francisco al concluir su catequesis –. Abrirse con coraje a la participación entre conciudadanos, familias, pueblos y continentes. Y añadió que contribuir a realizar una tierra sin pobres, quiere decir construir una sociedad sin discriminaciones, basada en la solidaridad que lleva a compartir lo que se posee, mediante una distribución de los recursos fundada en la fraternidad y en la justicia.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Recen por mi viaje a México y por el encuentro con mi hermano Kiril en Cuba

En vísperas del XII Viaje Apostólico que lo llevará a México como «Misionero de Misericordia y de Paz», el Papa Francisco pidió que se le acompañe con la oración:

«Pasado mañana comenzaré el Viaje Apostólico a México, pero antes iré a La Habana para encontrar a mi querido hermano Kiril. Confío en las oraciones de todos tanto para el encuentro con el Patriarca Kiril como para mi viaje a México»

La Cuaresma nos lleva a Jesús resucitado, de la mano de María

«Les deseo un buen camino de Cuaresma, rico en actos de misericordia, en especial en este Año jubilar», dijo el Papa Francisco en su audiencia general, que coincidió con el Miércoles de Ceniza. Invitando a la oración, los unos por los otros, en este tiempo de conversión, para que podamos experimentar la misericordia del Señor y transmitirla a los más necesitados, el Obispo de Roma se dirigió a los peregrinos de tantos países, reiterando su invitación a vivir profundamente el camino cuaresmal.

Ayuno, oración y obras de misericordia

«Queridos hermanos y hermanas

La Cuaresma es un tiempo favorable para intensificar nuestra vida espiritual; la práctica del ayuno sea ayuda para adquirir dominio sobre nosotros mismos; la oración sea el medio para sentir la presencia amorosa de Dios; ¡las obras de misericordia los ayuden a vivir su vida abriéndola a las necesidades de los hermanos!».

Antes del rezo del Padre Nuestro y de su Bendición, como es tradicional el Papa dio su cordial saludo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:

«Hoy Miércoles de Ceniza comienza el camino cuaresmal. Queridos jóvenes, les deseo que vivan este tiempo de gracia como un volver al Padre Misericordioso, que espera a todos con los brazos abiertos. Queridos enfermos, los aliento a ofrecer sus sufrimientos por la conversión de cuantos viven lejos de Dios; y los invito a ustedes, queridos recién casados, a construir su familia sobre la roca firme del amor divino»

(CdM – RV)

 WHATSAPP FMA102
Compartir