Cada 29 de junio los Fiambalenses celebraran la tradicional fiesta de San Pedro, la mayor conmemoración patronal del Departamento Tinogasta, teniendo en cuenta la rica historia del santo patrono que data de la época del dominio español en el siglo XVIII.

Según narra la historia, el Capitán Domingo Carrizo se dedicaba al comercio, realizaba largos y penosos viajes al Alto Perú y Bolivia, adonde llevaba a lomo de mulas, pasas de uva, aguardiente y traía artículos de Castilla, como muebles, platería y joyas. En uno de esos viajes, en un pueblo perdido de Bolivia, tomó conocimiento que en una iglesia casi destruida, los indígenas adoraban a San Pedro, a quien brindaban cultos bárbaros con poca devoción y respeto. Cuando Domingo Carrizo ingresó al templo para orar y ver a San Pedro, sintió el deseo de llevárselo con él, pero para ello le pidió al santo que “si quería venir, a la medianoche debía estar la puerta abierta del templo”.

El capitán Domingo Carrizo regresó a la medianoche y las puertas de la iglesia estaban abiertas. Sin meditarlo levantó a San Pedro en su brazos, lo acomodó en una “petaca” de cuero y emprendió viaje, perseguido por los indígenas, quienes embravecidos trataban de recuperar la imagen de su patrono.

Cuando era inminente la captura del capitán Domingo Carrizo y la imagen de San Pedro, se levantó un fuerte viento y la polvareda desorientó a los nativos. Carrizo continuó con su marcha por la Quebrada de Humahuaca (Jujuy) y Salta, e ingresó a la Quebrada de los Valles Calchaquíes, teniendo en su haber ya el primer milagro, es decir el haber logrado escapar de los indígenas. Luego de mucho peregrinar, el capitán Carrizo, con profunda fe religiosa, le pidió a San Pedro que le indicara a donde quería quedarse. Así fue que llegando a Fiambalá, la mula que transportaba la imagen, cayó al suelo sin poder levantarse al lado de un frondoso algarrobo.

El capitán Domingo Carrizo se apeó y corrió para levantar a la mula, pero le fue imposible debido al peso de la carga. Carrizo pidió ayuda, pero todos los intentos fueron en vano. De inmediato sintió que esa era la señal que le enviaba San Pedro y que ese era el lugar en el que quería quedarse. Tal era la devoción del capitán Domingo Carrizo, que en su testamento redactado el 17 de agosto de 1795, ordenó los expendios con que se deberá mantener el templo de San Pedro y además su deseo de que su cuerpo fuera sepultado en el mismo edificio.

Actualmente la iglesia de San Pedro es uno de los puntos más visitados por la masa turística que visita la “Capital de la Cordillera y del Turismo Aventura”, por tratarse de un Monumento Histórico Nacional, la rica historia de la imagen, las reliquias que se conservan en el templo y por denominarse “El Santo Caminador”, debido a que afirman que cada año deben cambiarle los zapatos por que los mismos se gastan y deben ser reemplazados para esta fecha.

Dicho templo a través de una notoria conservación y mantenimiento que se realizó durante la intendencia de Amado David Quintar en ese lugar y en la Plaza de Armas -contigua a la iglesia-, forman parte de la denominada “Ruta del Adobe”, lo que convierte en un importante atractivo del turismo religioso que cautiva a los incesantes visitantes que visitan la “Capital de la Cordillera y del Turismo Aventura” desde distintas localidades de la provincia y el país, sabiendo lo milagroso que es el santo llegan agradeciendo o pidiendo algún favor al “Santo caminador”, observando que cada año acrecienta el número de fieles y devotos.

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