Buffon cumplió mil partidos como profesional

Ese hombre que mide 192 centímetros, luce mucho más joven que lo que su pasaporte italiano cuenta: a los 39 años, Gianliugi Buffon no es sólo una leyenda enorme del fútbol mundial, también es uno de los grandes arqueros en tiempo presente. Ahora, bajo el cielo de Palermo, en el estadio Renzo Barbera, muestra orgulloso la cinta que dice que es capitán. Ya está jugando frente a Albania, un partido clave para la Azzurra en el recorrido previo a Rusia 2018. Y ahí está, como siempre desde aquel debut en 1995 en el arco del Parma: atento, intenso, seguro. La experiencia y su forma de ser lo hicieron líder. Ahí está también, indicando, motivando, gritando.

No es un partido más desde ningún punto de vista. Para Buffon es una cita con la historia: con su presencia, estableció el nuevo récord europeo de partidos internacionales con un equipo nacional. Llegó a los 168. Pero hay algo más, patrimonio de casi nadie: alcanzó los mil partidos oficiales en su carrera, que incluye un palmarés de veinte títulos, incluida la Copa del Mundo de 2006, esa que lo tuvo como el mejor arquero de la competición. Aquel año, además, se quedó con el Balón de Plata. Con la excepción de Lev Yashin (Balón de Oro en 1963), nunca un arquero había estado tan cerca de ser elegido como el mejor de un año.

Esa carrera cargada de éxitos tuvo también una virtud menos conocida y menos visible: su capacidad de lucha ante las adversidades. Hubo días que la pasó difícil. “Rico y famoso, la depresión me atacó igual”, le confesó -en 2008- al diario La Stampa. Le sucedió en 2004. “De pronto me temblaban la piernas. Era como si mi cabeza no fuera mía, sino de otro, como si siempre estuviera en otro sitio. De pequeño, curiosamente, no entendía que las personas ricas o normales cayeran en la depresión. Ahora entiendes que hay discursos absurdos y superficiales”, explica Buffon en Número 1, un libro en el que muestra su costado más intimo, el detrás de la gloria.

Se enfrentó consigo mismo y ganó. Pidió ayuda, se hizo fuerte. Encontró herramientas para después. En 2006, el escándalo del Calciopolis (la manipulación de resultados en la Serie A obligó a la sanción y al descenso de la Juventus) lo puso ante otra decisión relevante. Con su equipo averiado y en la B, le llovieron ofertas. Pero Gigi no se quiso ir. Se ofreció para la reconstrucción. Desde entonces, es una suerte de Superman para los hinchas de la Vecchia Signora. Y ya no sólo por su enorme capacidad como arquero, sino porque celebran aquella lealtad y le brindan un trato propio de un Superhéroe.

Desde hace varias temporadas le repiten una pregunta inevitable: la fecha de su retiro. El jamás ofrece precisiones. Tiene un anhelo: ser campeón del mundo de nuevo. A los 40 años, como lo logró Dino Zoff -otro emblema de la Juventus- en el arco italiano, en España 1982. En días recientes, le agregó humor a la respuesta: “Eso sí, me voy como Zidane… ¡Con un cabezazo!” Después, sonrió. Son varios los que imaginan que se retirará recién en la Eurocopa de 2020. A juzgar por sus actuaciones y por su estado físico, no se trata de una osadía. Sino de una posibilidad cierta para un arquero que parece interminable. “Eterno”, como juran en Turín…

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