Argentina no pudo con Perú y cerró la fecha casi afuera del Mundial

Desde hace mucho tiempo las cosas huelen mal en el fútbol argentino. La Selección, hace rato, dejó de ser una isla en el marco del descalabro general que rodea al manejo del deporte más popular del país. Ese caos general, entre otras tantas cosas, dejó a la Selección al borde de uno de los fracasos más escandalosos de su historia: un representartivo valuado en cientos de millones de dólares, que cuenta entre sus filas con el mejor jugador del mundo, llega a la última jornada de las Eliminatorias Sudamericanas afuera de la clasificación para la Copa de Rusia 2018. Sólo le queda una bala a la Argentina en el marco de este desconcierto sin fin: ganar en Ecuador para asegurarse el pasaje al repechaje para pelear por el acceso a la cita ecuménica.

Argentina anoche no dio la talla en la Bombonera. Es verdad que generó más de una decena de situaciones de gol y que hizo figura, una vez más, a un arquero oponente, en este caso Pedro Gallese. Pero eso no alcanza en momentos en que urgen las respuestas, en que las soluciones deben llegar a como de lugar. No resulta el mejor mensaje aquello de “ganar como sea”, pero en ocasiones extremas se imponen salidas incluso de las menos decorosas. Ni siquiera así la Selección consiguió lo único que necesitaba: ganar.

En el marco de una aguda crisis, que anoche derivó en que miles de hinchas hasta rompieran en llanto en pleno partido en la Bombonera, la Argentina sigue dependiendo de sí mismo para ir al Mundial. Depende de cómo se lea, esto puede ser un salvoconducto o, visto lo visto, un gran dolor de cabeza. Si anoche no se pudo de local con Perú, no hay muchos motivos para pensar que ganar en Quito será un trámite. Empero, que el equipo no dependa de ninguna combinación de resultados para asegurarse el mano a mano con Nueva Zelanda, no deja de ser un motivo para una mínima sonrisa.

SALIO CON TODO, SE QUEDO EN ESO

Salió con intensidad la Argentina. No fue una tromba, pero sí un equipo que mostró una clara faceta ofensiva en su postura. Tomó la pelota en largas posesiones, plantó mucha gente en campo adversario y dominó territorialmente la escenografía del juego.

Sampaoli armó una idea de partido con un esquema de cierta flexibilidad en cuanto al módulo de juego, aunque con una clara convicción: atacar todo el tiempo.

La línea de cuatro hombres en el fondo, sobre todo en la primera media hora del acto inicial, fue en verdad una línea de dos, puesto que tanto Mercado por la derecha, como -sobre todo- Acuña por la izquierda, actuaron de mitad de cancha hacia adelante, con grandes libertades tácticas. Fueron prácticamente extremos, propiciando, a la vez, las diagonales de Di María y Papu Gómez por las bandas.

Messi tuvo libertadores para moverse por delante de la línea de medios y un paso por detrás de Benedetto. Sin embargo, extrañamente, el mejor jugador del mundo estuvo fino con la pelota, se lo vio fastidioso, completamente contrariado por momentos. Así y todo, por momentos Messi fue Messi, y cerca estuvo de darle el triunfo que nunca llegó a un equipo que sigue abonado al sufrimiento.

La parte final tuvo a la Argentina en una búsqueda frenética hasta que le dio la nafta, es decir, media hora, pues en el tramo final los protagonistas se quedaron sin piernas, no tuvieron siquiera energías para una reacción final.

Estaba escrito, evidentemente, que no sería la noche de Argentina. Entró Gago y se fue lesionados a poco de correr la cancha. Se quedó sin el fútbol que imaginó el DT que le daría el volante de Boca y, al mismo tiempo, sin una variante para la zona ofensiva.

Estuvo cerca Messi, también Papu Gómez, Benedetto y hasta Mascherano, pero por algo se fueron a centímetros o hasta alguna pelota se estrelló en el palo y salió hacia afuera. No fue la noche de Argentina. Perú, apoyado en un arquero que se hizo inmenso en momentos determinantes, se llevó un punto y le impidió a la Argentina hacerse de tres.

Poer las combinaciones de la fecha, la Selección Nacional sigue dependiendo de sí misma para estar en Rusia. Pequeño gran detalle para una noche que terminó con lágrimas. El sufrimiento seguirá unos días más. El martes, este grupo de jugadores va por la última ficha a territorio ecuatoriano.

Pase lo que pase en Ecuador. Sea cual fuere la combinación de resultados, hay algo que debe quedar claro: la Argentina ya fracasó. Porque llegar a ese nivel de sufrimiento resulta inadmisible para una Selección de punta. La Selección Nacional es la actual subcampeona del mundo. Que a nadie se le olvide que muchos de estos jugadores, con Sabella en el banquillo, dieron la talla en una final del mundo contra la todopoderosa Alemania. Por el respeto de ese recuerdo no tan lejano, este nuevo papelón debe dejar enseñanzas. De lo contrario, la crisis no será más que la prolongación de una agonía que parece no tener fin.

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