La pirotecnia, con grieta propia en Catamarca

Como un reflejo en miniatura de las discusiones políticas de los últimos años, los catamarqueños se muestran cada vez más divididos en torno al debate por el uso de la pirotecnia.
Pese a alguna reglamentación u ordenanza reciente, en Navidad quedó claro que muchísima gente sigue considerando la pirotecnia como un elemento infaltable para las celebraciones de fin de año, mientras que quienes la rechazan llevan adelante campañas cada vez más fuertes.
Si la Nochebuena sirve de muestra, puede coniderarse que de poco sirvió la difusión de los daños que provoca en personas con autismo y animales domésticos: al resto parece no importarle. Y como suele suceder, los debates derivan en agresiones personales y no conducen a ninguna conclusión.
Lo que puede decirse es que no se trata de un problema exclusivo de Catamarca, y similares diferencias se presentan en ciudades de todo el país.
La primera prohibición en el país se registró en la década del 80. Los debates subyacen las normativas, también las exceden. El debate no es técnico legal. Es cultural y de intereses.
Primero hay que indicar que la venta minorista de pirotecnia es de exclusiva jurisdicción municipal y es fiscalizada por sus autoridades, las policías locales, Bomberos y Defensa Civil. Desde ese punto de vista, existe un debate que ya lleva décadas. Tanto como en el derecho en este tema “hay una biblioteca por el si y una biblioteca por el no” . Hay intereses por el si. Hay intereses por el no. Lo cierto es que lo que se discute es un cambio cultural y muchas veces la cultura no está sujeta a los cambios normativos.
En la Argentina el Renar -organismo dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos- controla la fabricación, importación, aptitud técnica, exportación, almacenamiento y comercialización mayorista de artificios pirotécnicos.
La provincia de Mendoza fue pionera a la hora de la prohibición. Desde 2013 la Provincia cuenta con una Ley que prohíbe parcialmente la venta o comercialización de pirotecnia. Esa norma indica que se no se comercializan artefactos “que represente alta peligrosidad para las personas e incluso animales”, como por ejemplo el mortero de efecto estruendo mayor de 1 pulgada, la fogueta o tres tiros; bengalas y bengalitas y petardos con más de 20 gramos de pólvora, que forman parte de una lista de 14 artículos.
Por otro lado el actual Código de Convivencia de la ciudad de Córdoba incluye la prohibición del uso y fabricación de pirotecnia.
En Guatraché, en el sureste de la provincia de La Pampa, sus 4.000 habitantes apoyaron la iniciativa de la Asociación Protectora de Animales y y lograron que el municipio prohíba la venta de fuegos artificiales.
En la provincia de Neuquén se aprobó en 2014 una ley que prohíbe el transporte, comercialización y uso de pirotecnia, pero como la norma aún no fue reglamentada es posible que se cumpla sólo en los municipios que sancionaron una ordenanza en ese sentido.
El primer municipio que prohibió el uso de pirotecnia en esa provincia, fue Villa la Angostura cuya normativa rige desde 1985. Más tarde, San Martín de los Andes también emitió una ordenanza con la restricción, en 1995.
En la provincia de Buenos Aires, el único municipio que cuenta con una prohibición de uso y comercialización de artículos pirotécnicos es Florencia Varela.
En el resto de la provincia, como así también en la Ciudad de Buenos Aires, si bien está permitida la comercialización y el uso de estos productos en lugares que cuenten con la habilitación correspondiente para tal fin, hay una restricción para menores de 16 años en cuanto a la venta de “pirotecnia de alto poder”.
Pero todo parece letra muerta, porque la pirotecnia se sigue utilizando masivamente en casi todas partes. Los fabricantes tienen también su argumento: con la prohibición, aseguran, sólo se promovería la pirotecnia ilegal, que es más peligrosa.
Los opositores siguen luchando y tienen buenas razones para hacerlo. Pero no obtuvieron más logros que instalar el debate. Ni siquiera la crisis económica impidió que se inviertan fortunas en provocar explosiones de pocos segundos. ¿Qué sucederá esta noche? ¿Comenzarán a imponerse valores solidarios o la tradición seguirá tapando cualquier argumento antipirotécnico?

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