La Iglesia San Cayetano del barrio porteño de Liniers recibirá a miles de fieles que realizarán promesas y agradecimientos al Santo Patrono del Pan y el Trabajo, tal como acontece todos los años.

Los devotos acampan desde hace varios días alrededor de la Iglesia, ubicada en Cuzco al 100, con una temperatura fría pero no el extremo vivido en los últimos días, aunque muchos llevan mates y café en termos para matizar la espera.

A lo largo de cinco cuadras, por las calles Cuzco, Baylon y Madero, miles de personas aguardaban la cero hora, cuando Monseñor Raúl Martín, Obispo Auxiliar de Buenos Aires y Vicario Episcopal, abra las puertas para recibir a los fieles.

Grupos que interpretan música folclórica tocaron en las cercanías del templo, para hacer más llevadera la espera, mientras la gente se desplazaba de un lado a otro para intentar ocupar sus lugares.

El primero de la larga fila junto al portón principal era Rafael, un hombre de 74 años que desde 1968 visita cada 7 de agosto el santuario de San Cayetano.

En cada visita trae la misma imagen del Patrono del Trabajo, la misma que recorre durante el año las casa de sus vecinos y familiares en la zona oeste del conurbano bonaerense.

Rafael dijo a Télam que «mi familia y yo somos de Tapiales, pero todos los años nos organizamos con conocidos de otros barrios para venir juntos, esta vez me vine hace dos semanas para guardar el lugar y después llegó el resto en la medida en que sus trabajos los dejaban».

«Este año me parece que hay menos gente que los anteriores, eso muestra que gracias a Dios ya no hay tanta necesidad, porque la gente es muy devota, ya que en tiempos de falta de trabajo esto es un mar de gente», finalizó.

Graciela tiene 50 años y vino hace una semana desde Morón. Ella contó que «con mi marido vinimos a agradecer y a guardarle el lugar a nuestras hijas que no pueden venir con tanto tiempo porque las dos tienen trabajo».

«Acá somos muchos los que nos conocemos de venir todos los años, por eso hay mucha solidaridad en los días previos cuando hay que calentar una olla para la cena o prestar una frazada o tocar timbre en una casa por alguna necesidad», dijo Graciela.

La mujer dijo que «ya no viene tanta gente como antes, ayer comentábamos con otro matrimonio que hasta hace unos años veníamos con las familias completas a pedir trabajo y hoy estamos sólo los viejos para agradecer que nuestros hijos estén trabajando».

Carlos vende espigas e imágenes de San Cayetano a los peregrinos todos los años en la esquina de Bynnon y Madero y aseguró que «no se puede estar acá sin fe. Hay gente que pasa semanas esperando que se abran las puertas y siempre están con una sonrisa».

«Estoy vendiendo lo mismo que años anteriores, pero son menos clientes que se llevan varias espigas porque las llevan a familiares o vecinos que no pudieron venir», finalizó.

Las misas se oficiarán este martes desde las 4 hasta las 11 cada una hora en la Iglesia y desde las 13 hasta las 23 en las horas impares.

En tanto, las bendiciones de personas, llaves, imágenes y objetos religiosos, se realizarán desde la medianoche, cada 15 minutos, tanto dentro como fuera del templo.

Al servicio de los peregrinos, 1.150 laicos de todas las edades estarán en la calle y en el Santuario; y más de 100 sacerdotes, diáconos, religiosos y seminaristas prestarán su servicio en la liturgia y en los grupos de oración.

Además, 300 niños y adolescentes del Movimiento Scout repartirán gratuitamente pan, caldo y mate cocido tanto de día como de noche, y organizarán la fila de los peregrinos.

Unos 300 jóvenes de las comunidades parroquiales, colegios católicos y de los movimientos de la Arquidiócesis de Buenos Aires, se acercarán por turnos a los que esperan largas horas para rezar y compartir la espera con todos.

 

Telam