Con la entrada en vigencia de la Ley Nacional de Género muchas personas vieron la posibilidad de ser incluidas dentro de la sociedad, de tener un trabajo y fundamentalmente de ser reconocidas como realmente se sienten. Ayer, en un acto realizado en la oficina de la Dirección de Registro Civil y Capacidad de las Personas, la gobernadora Lucía Corpacci hizo entrega de los nuevos DNI a 6 personas que habían solicitado la rectificación registral. Salvo el número de documento, se modificaron todos sus datos, nombre, sexo y la foto. Además, también se hizo entrega de dos residencias precarias, dado que por primera vez la Delegación La Rioja de la Dirección Nacional de Migraciones tiene sede en Catamarca.
En el acto también estuvieron presentes los referentes del Instituto Nacional contra la Discriminación, Racismo y Xenofobia (INADI), la Asociación Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA). Detrás de cada nuevo DNI hay una historia de vida que vale la pena ser contada.

“Ahora soy Franco”
Hoy Franco tiene 23 años pero nació siendo biológicamente mujer. En diálogo con El Ancasti recordó que su infancia fue tranquila aunque sufrió en silencio. “A los 16 años les dije a mi mamá y a mi papá que era lesbiana”, contó. Sin embargo, aún se seguía sintiendo vacío. “Cuando se dio a conocer el caso de Alejandro Iglesias de Gran Hermano, dije: ‘ése soy yo’”, siguió contando.
Entonces comenzó a investigar. Su caso se encasilla en lo que los psicólogos denominan “disforia de género” pero no es una enfermedad. “Es como decir ‘fanta en envase de coca’”, explicó con total sencillez.
“Decidí visibilizarme cuando se conoció el caso de Alejandro y después de haber investigado en internet me ayudó a ver la realidad de las cosas. Soy único hijo. Mi papá no lo supo (de su condición) porque falleció hace dos años y no llegué a confesarle. Gracias a Dios tengo el apoyo de mi mamá. El nombre que tengo ahora es el que me eligieron mis padres. Cuando tenía 5 años me dijeron que así me iba a llamar si nacía biológicamente varón. Ahora lo elegí. Más feliz no puedo estar. Ahora continúo con el tratamiento hormonal y después con las operaciones que sean necesarias”, anticipó.
Sin fronteras
David John Collins es una de las personas que ayer recibió la Residencia Precaria. Hasta hace 6 meses vivía en Fort Myers, Florida, Estados Unidos pero el amor lo trajo hasta estos valles.
José Luis Prado en 2001 decidió mudarse a Alaska, donde trabajaba en construcciones. Tuvo un accidente trabajando y todos sus ahorros los había depositado en dólares y en Argentina. El “corralito” lo afectó pero en tierras lejanas conoció la solidaridad gracias a un matrimonio latino, entre un santafesino y una hondureña. Entonces, decidió trasladarse a Florida, donde conoció a David. Todo transcurría bien hasta que surgió un inconveniente.
“En Estados Unidos vivía en Florida y David en Fort Mayer, a dos horas de distancia. Estábamos por comprar una casa para vivir en Fort Myers. Estuvimos noviando un año. La visa se me había vencido, había presentado documentación legal por 5 años hasta que me la quitaron; quedé ilegal. Directamente me llevaron preso y así estuve un mes hasta que salió mi vuelvo. La única solución era el matrimonio pero me deportaron porque no existe el matrimonio igualitario allí. Volví a Catamarca y él vino dejando a su país y su familia. Estamos acá, viviendo una nueva vida”, contó José Luis.
Regresó al país el 29 de febrero; David llegó 10 días después y se casaron el 24 de marzo. “Me gusta Catamarca. Es muy distinto a Florida. Acá todos los días es una aventura”, contó David.