El estreno de “Dos más dos” con sus casi 100.000 espectadores de jueves a sábado es un claro ejemplo del buen momento que vive la producción nacional dispuesta a reivindicar el cine de género.

La cosecha de más de 20.000 espectadores en su primer día y 98.000 ya en su tercer día de exhibición por arriba de «Batman: El caballero de la noche regresa» alrededor de 30.000 entradas con 40 salas menos, es la confirmación de una realidad.

Para mayor ilustración: «Dos más dos» también dejó en tercer lugar a otro estreno del estilo taquillero de este último jueves, como «Los indestructibles 2», superándola en igual cantidad de salas unas 22.000 entradas, según la página de Ultracine.

El cine argentino viene recuperando con pasión el cine de género -el thiller, la comedia, el romántico y el drama- entre otros, ese que claramente está definido dentro de parámetros que son accesibles a un público amplio pero no por ello menos exigente.

Si en materia de comedias Juan Taratuto desde «No sos vos, soy yo» hasta «Un novio para mi mujer», aportó una mirada inteligente al género, Diego Kaplan según el guión de Juan Vera y Daniel Cúparo escrito para Adrián Suar, no parece quedarse atrás y va por más.

Hace algún tiempo lo demostró con «Sabés nadar», mucho más cerca con «Igualita a mí», y ahora vuelve a hacerlo con «Dos más dos», más allá de que en estos dos últimos ejemplos se trate de ideas ajenas que requieren un buen profesional para resolverlas.

La idea del filme nació de Vera, con muy buenos antecedentes en el cine industrial, ya sea como productor ejecutivo de Juan José Campanella o de Paula Hernández, entre otros, y del actor-guionista Cúparo, ya juntos en «Igualita a mí»

No es casual que esta segunda incursión en el cine de los dos tenga como referencia de estilo a Taratuto y al mismo Suar, con quienes Vera había trabajado en «Un novio para mi mujer» y cuyo resultado tanto de crítica como de público todavía es recordado.

La demostración de que es posible un cine comercial de calidad destinado a un amplio abanico de público de fin de semana echó por tierra la idea por cierto elitista de que el la calidad solo va de la mano del cine “analizable” o simplemente “intrincado”.

La apuesta de Juan José Campanella por el cine como arte e industria surte efecto en el tiempo, y más allá de que su más rotundo éxito no fue precisamente una “comedia” sino un thriller, siempre aporta creatividad al género, y con fuerza.

En «Dos más dos» están las claves del mejor entretenimiento hollywoodense, algo de ese estilo de comedia para todos impulsado ya en la década del 70 por cineastas de amplio rango y talento, desde Paul Mazursky hasta, a veces, Woody Allen.

La referencia al primero es directa ya que su clásico “Bob, Carol, Ted y Alice”, de 1969, se acercó con mucha audacia y lucidez para su tiempo, al tema al que ahora vuelve Vera junto a Daniel Cúparo: el universo swinger, ahora algo pasado de moda.

En la propuesta de Kaplan, el matrimonio entre Diego, un exitoso cirujano cardiovascular, y su esposa Emilia, una meteoróloga de TV, con un hijo adolescente, está en franca crisis y necesita reformularse.

Y mientras ella espera una vuelta de tuerca, una sorpresa que no aparece, él vuelca toda su libido en el trabajo y en la búsqueda de fama, roncando a su lado, sin otra preocupación que tener su entorno bajo control.

Pero la cosa no es tan simple: Richard, su socio y amigo en una clínica de renombre, y Bettina, su esposa, son muy felices, y por lo visto fogosos, desde que descubrieron un juego audaz: el intercambio de parejas.

Y Emilia se entera de esto, y abre los ojos primero prejuiciosa después pícara y tentada, y le propone a Diego sumarse, primero resistente, después, con tal de salvar su matrimonio, todo un convencido de que la transgresión es el bálsamo.

Transgresión heterosexual al fin, y solo con ese matrimonio amigo, Diego baila en una pata, seducido por la esposa de socio-amigo solo hasta el sexo, en cambio su esposa y su amigo, redoblan la apuesta peligrosamente.

Aquella parte del juego expresamente prohibida, la del amor más allá del sexo, complica la situación y el tema deviene un conflicto que no estaba en los planes iniciales, a resolver con los recursos de cada uno.

Vera y Cúparo tironean el drama de lo que parecía solo una humorada y donde la idea de sexo parecía imán para atraer a un espectador que hasta puede pensar igual que Diego y Emilia, pero difícilmente se atreverían a imitarlos.

El resultado es satisfactorio por más de un motivo, el primero que es un relato sobre una historia posible contado sin vueltas, es decir creíble de principio a fin, a pesar de que la resolución demasiado seria y moralmente correcta le juega en contra.

El segundo porque el casting es perfecto, con labores sobresalientes en el cuarteto protagonista, en la breve pero efectiva participación de Alfredo Casero, y en la del joven Tomás Wicz, como el hijo de Diego y Emilia.

Adrián Suar demuestra que como actor en cine es capaz de crecer, y mucho, junto a figuras de fuste, esta vez Julieta Díaz, Carla Peterson (aquí mejor que nunca antes) y el talentoso, versatil y ahora por suerte frecuente en la pantalla Juan Minujin.

Buen ejemplo de cine argentino industrial, “Dos más dos” se suma a una lista de recientes filmes locales que consolidan la idea de es posible buen cine para todos los gustos que en los últimos tiempos se potencia y parece tener cuerda para rato.

 

Telam