El ministro de Producción de la provincia, Ángel Mercado, ratificó que “el gobierno tiene las puertas abiertas al diálogo” sobre la realidad y expectativas de la minería catamarqueña, pese a que el dirigente antiminero de Tinogasta, Darío Moreno, adujo al “mandato de una asamblea” la no concreción del encuentro que ambos habían pactado.
El frustrado encuentro fue seguido por el periodista tinogasteño Jorge Varas, de radio Acuario, quien tras la malograda reunión entre Mercado y Moreno dialogó con el funcionario provincial. Lo que sigue es el texto de la entrevista que el ministro de Producción brindó al mencionado colega.

-Estuvimos juntos en el hotel cuando iba a tener un encuentro con el señor Darío Moreno, que representa a los ambientalistas antimineros, y le dieron a usted un mensaje de que no iban a estar presentes porque una asamblea le dijo “no al diálogo”. ¿Cómo lo toma usted?

-La verdad que fui con muchas expectativas a responder a esta demanda permanente por parte de este grupo de gente, que me merece el mayor de los respeto, en procura del diálogo para lo cual algún buen amigo intermedió. Acordamos que iba a ser en el hotel, donde nos vieran todos, porque estas cosas no se deben hacer a las escondidas, y a mí me pareció que era una excelente oportunidad para demostrar a la comunidad (de Tinogasta) que estaba viviendo un festejo tan lindo (por el 299° aniversario de la demarcación de sus límites) con mucha participación popular. Tuve por un momento la certeza de que lo podríamos coronar con éxito, como ponerle la frutilla al postre, si la gente ve que la demanda de diálogo de este grupo de personas es atendida por un ministro de la provincia.
Y ciertamente, fuimos con mucho optimismo, pero en el medio me entero que hubo una asamblea y que, por alguna razón que desconozco, el amigo Darío Moreno no iba a concurrir.
A mí, como primera reflexión, me queda que si hay que hacer una asamblea para dialogar estamos en problemas, porque el diálogo no se declama, directamente se practica; no es para andar pregonándolo, sino para concretarlo, sobre todo porque los problemas se resuelven y se solucionan desde el diálogo.
En nuestro caso, desde el gobierno no necesitamos un permiso legislativo, ni autorización para hablar, porque todo lo que tenga que ver con diálogo es saludable, desatar las ataduras que nos impiden seguir caminando es bienvenido.
Lo que no entiendo es qué mecanismo interno, o qué sistema tan novedoso es el que regula a esta asociación, que para hablar de una circunstancia tan humana como la de sentarse a tomar un café, donde yo pueda decirle “mirá Darío, nos conozcamos las caras, yo te escucho con atención todo lo que tengas para decir…”; pero si para eso tenemos que hacer una asamblea me parece que estamos en una suerte de burocracia incomprensible.
De todos modos no me voy a inmiscuir en la vida interna de este grupo, y puedo afirmar, por suerte, que por vocación y por convicción, nunca hacemos un expediente para hablar con nadie, como tampoco necesitamos permisos, ni leyes.

-¿Qué le hace pensar a Ud. el hecho de no querer hablar, por parte de los antimineros?

-En principio los iba a escuchar, partiendo de la base de que este grupo de gente pide ser escuchado. Ellos se acercaron a la gobernadora, ella los escuchó, les recibió su petitorio, aún cuando discrepo del sentido de la oportunidad para hacer esto. Pero cómo no íbamos a hablar en un ámbito más tranquilo, sentados; pero ahora, la verdad que no entiendo la negativa a dialogar. El primer pensamiento que se me viene a la cabeza en este momento, y Dios me perdone si es que estoy equivocado, es dudar de la vocación de diálogo, porque si se les da la oportunidad y no la aprovechan, uno tiene derecho a dudar.
La oportunidad para el diálogo está, yo como todo el gobierno tenemos las puertas abiertas para Darío Moreno, así que espero que alguna vez, alguna asamblea decida que dialoguemos y así lo haremos. En primer término habíamos planteado eso, un diálogo sin condiciones, de igual a igual, entre ciudadanos que pueden tener sus diferencias, pero como estoy seguro que desde ambas partes queremos lo mejor para Catamarca, para Tinogasta, para nuestros hijos. De tal manera, que en ese sentido no creo que entre Darío y yo tengamos diferencias sustanciales.

– Le confieso que me acerqué porque iba a tener la primicia del acuerdo, o al menos del acercamiento entre el gobierno y la gente del ambientalismo.

-Yo también soy ambientalista, pero no le embromo el trabajo a nadie con mis ideas, esa es la diferencia que tengo con estos amigos. La expresión de mi ambientalismo, como mis ideas políticas, tiene como límite el derecho de los demás, sobre todo cuando se trata del derecho al trabajo.

– Pero a pesar de todo ¿las puertas están abiertas?

Nunca estuvieron cerradas, pero reitero, dos no hablan si uno no quiere. No esperen un expediente, ni una carta documento invitando al diálogo, eso tiene que surgir por generación espontánea, por la simple voluntad de entenderse.

-La señora Gobernadora tuvo expresiones muy contundentes con relación a la minería; el tema del uranio está, definitivamente, dejado de lado.

-En eso tengo en claro que más allá de cualquier requisito legal, ambiental, o lo que sea, ninguna actividad minera puede llevarse a cabo sin la licencia social, y está claro que la comunidad de Tinogasta no adhiere a la idea de explotar el uranio. Además, si yo fuera tinogasteño pensaría exactamente lo mismo, porque creo que lo que se ha tratado de hacer en Tinogasta no es un proyecto de explotación minera sino literalmente una tropelía. Así que comparto absolutamente la visión, el enojo, porque creo que tienen todo el derecho del mundo de estar enojados.

 

ElEsquiu