Chango Farías Gómez, Atahualpa Yupanqui y Armando Tejada Gómez fueron recordados en el Teatro Juan de Vera con las actuaciones de Marián Farías Gómez, Suna Rocha y Jorge Marziali.

Los músicos conmovieron al público durante una velada que se extendió más allá de la medianoche y que se realizó en el marco de las actividades del II Congreso Nacional de Folclore.

Los músicos integrantes de la banda Trinidad (Paraguay), que también se presentó ayer, se mezclaban con la gente que concurría al recital, durante la espera en el hall del teatro, ya que la pieza «No seré feliz, pero tengo marido», con Linda Peretz tenía una función programada antes del recital y se extendió más de la cuenta.

De todos modos, cuando las primeras imágenes del Chango Farías Gómez ocuparon la pantalla de video situado como telón de fondo en el escenario, la molestia de la espera dejó paso a la emoción que trepaba por los versos de «Maturana» en la voz del Chango, durante una presentación televisiva.

Teresa Parodi, autora de la poesía «No se muere el que canta», dedicada a su compañero de aventuras creativas y las otras, leyó sus versos y, mientras lo hacía, un clima de suave melancolía abrazó la sala para transformarse -minutos después- en un recuerdo enérgico y sentido en la voz de su hermana Marián Farías Gómez.

Marián copó el escenario custodiada por el bombo de Vitillo Abalos, legendario integrante de Los Hermanos Abalos y ante el pedido de un bis, asomó la “Chacarera del rancho” para deleite de los presentes.

La danza fue más que celebrada, ya que a instancias de la artista, Abalos y su esposa Elvira la bailaron con graciosa precisión sobre el estrado, mientras las palmas del público marcaban los pasos y no faltaron los gritos de arenga capaces de enfatizar la fiesta.

La fuerza del baile logró transformar las palabras de la cantora, quien antes había dicho conmovida, «me cuesta cantar esta noche, mañana se cumple un año y desde alguna estrella él quizás nos esté mirando», en referencia al aniversario de la muerte de su hermano, pero la pena se hizo firme canción, ovacionada por los asistentes.

El decir batallador del mendocino Armando Tejada Gómez fue evocado -con detalle- por algunas escenas de «Armando la piel de América», creación musical que ya recorrió distintos escenarios del país, escrita por el músico Jorge Marziali, quien estuvo acompañado por la cantante entrerriana Marita Londra y la guitarra de Martín Castro, que brilló con sus minuciosos punteos.

La variedad sonora de este homenaje, dada por los matices de los sonidos de la caja y de la quena, ambos instrumentos ejecutados por Londra, junto a las guitarras de Marziali y Castro, desafiaron cierto aire discursivo que adoptó -de a ratos- el collage de textos y canciones.

La belleza de las narraciones cantadas que encierran «La Pacha Alfaro», la tonada «Tierno nogal» o la «Zamba azul» fueron saludadas con aplausos que oficiaron como prólogo a una suerte de rezo propuesto por Marziali, quien estimuló a la platea a recitar en voz alta el entrañable estribillo de «Canción de todos», antes de concluir el recorrido musical por su obra.

La presencia escénica y la garra de Suna Rocha conformaron un homenaje desgranado -entre el júbilo y la furia- a la imponente figura de Atahualpa Yupanqui y sus zambas inolvidables que narran historias de mujeres, como «La Pobrecita» o «La arribeña», encontraron en la femineidad de la artista una valiosa intérprete.

La unión de dos temas clásicos de Don Ata, «Guitarra, dímelo tú» y «Los hermanos», conformaron una versión poderosa que fue saludada con palmas que enmarcaron los bailes y desplazamientos de la cantante sobre las tablas.

Suna y su energía no pudieron dejar el escenario sin antes hacer un bis con la poderosa “La Mandinga», del Chango Rodríguez que arrancó aplausos y ovaciones.

Las galopas y las polcas ejecutadas con pasión por los ocho músicos -de riguroso poncho y sombreros claros- que forman la Banda Trinidad, de Paraguay, dirigida por el maestro Raúl Araña, cerraron el rítmicamente el homenaje n una noche donde la memoria no estuvo reñida con la alegría.