La diferencia es el 15% que, a modo de anticipo, deberán pagar los viajeros a su regreso al país, cuando reciba el resumen de la tarjeta de crédito con los consumos hechos en el exterior a partir del 1 de septiembre.

La AFIP parece decidida a no detenerse en avanzar hacia «zonas grises», lindantes con atributos reservados al Banco Central de la República Argentina, como diseñador de la política cambiaria, y también del Congreso, en la función legislativa sobre el alcance de los tributos y la forma de pago.

Si bien la letra de la Resolución 3.378 de la AFIP se refiere a «retención», a cuenta de uno, otro o ambos tributos –Ganancias y Bienes Personales–, en los hechos, a partir del 1 de octubre operará como el cobro anticipado del impuesto inflacionario.

Se sabe que en una economía con un aumento de precios de 1% por mes, según el Indec, o del 2%, en las mediciones privadas, pagar hoy un anticipo de impuesto que se liquida formalmente en el futuro implica un esfuerzo financiero.

Fuentes del organismo aseguraron que en los casos de quienes pagan anticipos habituales de Ganancias o bienes personales, como los que sufren retenciones sobre el salario, podrán recuperar el pago a cuenta sobre el consumo con tarjeta en el exterior en el mes inmediato siguiente.

Pero no sólo eso. Si la AFIP tiene fundadas sospechas de que quienes viajan al resto del mundo, unas 2,5 millones de personas, evaden sus impuestos, debería hacer las denuncias a la Justicia y punto. Más aún considerando la jerarquía que ha logrado en materia de equipo tecnológico y de fiscalización.

Además, llama la atención que para un supuesto universo que representa menos del medio por ciento de la población –168.000 tarjetas que registran movimientos con el exterior sobre 41.000.000 de personas– se adopte una medida que genera preocupación a casi 7% de los viajeros que dan de comer en modo directo e indirecto a una industria turística emisiva que genera empleos en el país.