Se cumplen este viernes 16 años de la trágica muerte de Gilda, una de las voces populares más importantes de las últimas décadas, quien además luego se convirtió en objeto de fe y devoción.

En 1996 la Argentina era un país muy diferente al del presente. La incidencia social de internet era prácticamente nula, y para escuchar música había que tener sí o sí una cassettera o un reproductor de CD.

En ese país había una mujer que estaba comenzando a ser muy exitosa en el ambiente de «la movida tropical», y que luego de su muerte multiplicaría esa popularidad, atravesando todos los prejuicios que existen en distintas clases sociales respecto de la cumbia.

Miriam Alejandra Bianchi, Gilda, comenzó su carrera artística a los 29 años, cuando recién separada de su primera pareja decidió presentarse a una entrevista por un aviso clasificado que buscaba vocalistas para un grupo musical. Allí conoció a Juan Carlos «Toti» Gimenez, tecladista y compositor, que más tarde se convertiría en su nueva pareja. Era 1990.

A lo largo de la década, Gilda editó cuatro discos: «De corazón a corazón», «Corazón herido», «Pasito a pasito» y «Corazón Valiente», estos dos últimos, pilares de la popularidad que luego de su muerte llegaría a rincones insospechados.

El 7 de septiembre de 1996, en el kilómetro 129 de la ruta 12, camino a Concordia (Entre Ríos), un camión embistió al micro donde viajaban Gilda, músicos de la banda y parte de su familia. En la tragedia murieron Gilda, su madre, su hija Mariel y tres músicos de su banda.

Después del accidente su figura se convirtió en objeto de culto, le son atribuídos milagros, y no son pocos los que la llaman «Santa Gilda».