Un gran número de mujeres sufre la pérdida reiterada de sus embarazos. El 50% de las parejas no tiene diagnóstico, pero con el tiempo logran éxito. Qué es la incompatibilidad genética

Hay mujeres que sufren pérdidas repetitivas de embarazo; es decir, que no tienen problemas para concebir pero que sus embarazos no pueden llegar a término. En ese marco se entiende como “aborto recurrente”, precisamente, a la pérdida de tres o más embarazos durante el primer trimestre de gestación, o dos o más embarazos durante el segundo trimestre.

Cuando nos remitimos a las causas, las pacientes en general esperan que el médico encuentre una explicación común a todas las pérdidas y, de hecho, no todas obedecen a una misma causa.

“Como ejemplo, si una mujer está embarazada y tiene una enfermedad aguda, como una neumonía, ésta puede ocasionar la pérdida del embarazo, pero eso no quiere decir que en un próximo intento vaya a ocurrir lo mismo. El embarazo siguiente puede o bien tener una evolución favorable, o una pérdida por otra razón”, explicó el doctor Fernando Beltramone (MP 22.205 – ME 9.064).

El especialista en Ginecología y Obstetricia, en Medicina Reproductiva (Samer) y en Cirugía Video Asistida (Sacil) y miembro del staff del Servicio de Tocoginecología de Clínica Privada Gallia, enumeró las causas que pueden originar aborto recurrente y que son detectables.

1. Genética de los padres: tanto en el hombre como en la mujer pueden existir fallas a nivel genético, que están compensadas. Es decir, la persona no sufre ninguna enfermedad a la vista, pero tiene fallas en su ADN que en el espermatozoide del hombre o en el óvulo de la mujer se ven descompensadas, lo que puede originar un embrión que tenga un problema genético que haga que se detenga el embarazo. En este sentido, lo importante es entender que el aborto espontáneo es un mecanismo de preservación de la especie, porque para la naturaleza un embrión que es genéticamente anormal o que no tiene posibilidades de sobrevida es mejor que se pierda temprano y no signifique un riesgo de vida para la mujer. Los embarazos que se pierden temprano son genéticamente muy anormales, tan anormales que se llaman “anomalías letales”. También puede haber embriones que cuando se desarrollan tengan una anomalía genética nueva (mutaciones “de novo”), que no la tengan ni el padre ni la madre.

2. Problemas anatómicos: los úteros dobles, tabiques uterinos y otras malformaciones pueden provocar que el embarazo no anide correctamente, y se desprenda anticipadamente. El tabique uterino es la anomalía anatómica que causa más pérdidas, y afortunadamente tiene una solución: la corrección por histeroscopía. La tasa de  embarazos a término después de esta cirugía es tan alta como 75%.

3. Problemas de tiroides: el hipotiroidismo es una causa muy común de aborto recurrente y de otras complicaciones durante el embarazo. Afortunadamente es también uno de los problemas más fáciles de solucionar y la paciente suele tener luego una evolución normal de su embarazo.

4. Síndrome antifosfolípido: es un problema originado por anticuerpos que interfieren con la implantación embrionaria y la placentación normal, lo que significa que en determinado momento ese embarazo puede detenerse. Es un problema trombótico, suelen formarse coágulos en la zona de la placenta, lo que puede generar el desprendimiento de la misma.

5. Trombofilia: son diversas patologías que también generan coágulos. Mujeres que en condiciones normales no suelen tener problemas, pueden tener con cierta frecuencia formación espontánea de coágulos, ya sea con el embarazo, ya sea tomando anticonceptivos o por otras situaciones que pueden generar alto riesgo de trombosis, como por ejemplo obesidad y cirugías cardíacas. Hoy está de moda la palabra “trombofilia”; de hecho la mayoría de las pacientes que vienen al consultorio por aborto recurrente quieren que se las estudie preferentemente por esta patología, pero ésta no es la única causa de aborto recurrente y de hecho es una de las menos frecuentes (un 20% de los casos).

¿Incompatibilidad genética en la pareja?

“Afirmar que dentro de una pareja pueda haber una incompatibilidad genética que lleve a abortos recurrentes es un verdadero error. De hecho, la naturaleza no busca igualdad genética, por el contrario, busca diversificación; cuanto más desiguales somos, mejor es. El ejemplo más claro de esto es que si dos hermanos logran un embarazo tienen una alta chance de complicaciones”, resaltó el especialista.

Y destacó que “el único punto sobre el que está habiendo alguna luz es en cuanto al HLA“. “El HLA -detalló- es nuestra ‘huella digital’ genética frente a la cual reaccionan o no los glóbulos blancos: por mi HLA mis glóbulos blancos determinan que yo soy yo, y si viene un organismo extraño (una bacteria) la ataca. Se descubrió que personas que comparten determinados lugares del HLA, es decir que son muy parecidos genéticamente, tienen más pérdidas que lo habitual. Es decir que habría una suposición de que compartir parte de la conformación genética llevaría a más riesgo de aborto”.

La mitad de las parejas sin diagnóstico, pero con altas posibilidades

“En el 50% de las parejas, por más que se las estudie a fondo, no se puede hacer un diagnóstico efectivo de las razones de la pérdida de sus embarazos porque, como venimos diciendo, no siempre hay una causa única que las explique. En realidad no es que estas pérdidas no tienen diagnóstico sino que no existe una causa única que las explique en su totalidad”, insistió Beltramone, para quien “en general, esas parejas que no tienen un diagnóstico único y pueden no recibir ningún tipo de tratamiento, tienen un 65% de posibilidades de que el siguiente embarazo prospere, aún sin tratamiento”.

El especialista destacó que “en un estudio, pacientes que recibieron por todo tratamiento contención psicológica, tuvieron igual evolución que aquellas que recibieron tratamientos médicos muy complejos”, por lo que concluyó que “lo central en el aborto recurrente es la contención”.

El procedimiento médico, más simple de lo que se piensa

“Lo primero que hay que hacer es una correcta entrevista clínica. No es lo mismo que la paciente haya perdido tres embarazos a las seis semanas de gestación y que no haya habido latidos, a que haya perdido dos embarazos a las 12 semanas, con latidos y con embriones genéticamente normales; o a que haya tenido una muerte fetal inexplicable a las 36 semanas. Por eso es de tanto peso la historia clínica”, manifestó Beltramone.

Tras asegurar que “ningún caso es igual a otro y es fundamental saber en qué momento se detuvieron los embarazos y cuál fue el mecanismo de pérdida (si es que la paciente empezó a sangrar, si es que se detuvo y no hay una explicación, si es que tuvo fiebre y entonces tuvo una infección)”, el especialista destacó que “eso es importante porque va a orientar en el estudio de la pareja”.

El siguiente paso es estudiar a nivel genético a la pareja, a nivel hormonal a la mujer (entre ello, la tiroides), a nivel de imágenes para ver si no hay anomalías en el útero, y las trombofilias. Cabe aclarar que no todos los problemas anatómicos tienen solución, por ejemplo el útero doble, en el que no se puede hacer absolutamente nada. Una vez corregido el problema, o no encontrado el problema pero sí aplicado un tratamiento de contención, en general la evolución suele ser muy buena.

Cuando el problema es genético

“Si se detecta, en cambio, la existencia de un problema genético, disponemos de dos alternativas: una de ellas es que la pareja acepte el riesgo de pérdida y siga adelante. En tanto, cuando el problema genético -que puede llevar tanto el hombre como la mujer- puede suponer no sólo una pérdida sino también el nacimiento de un niño con una afectación muy severa, el profesional interviniente tiene que llevar a la pareja a fertilización in vitro, con biopsia embrionaria preimplantacional. Esto significa que se estudian las células del embrión antes de transferirlo a la paciente y se transfieren los embriones que no tienen la patología detectada en los progenitores. De esa forma se elimina este riesgo”, finalizó el especialista.