La soledad y la marginalidad del sur norteamericano, donde sobrevivían a duras penas los perdedores de la vida, le sirvieron de inspiración a Lula Carson McCullers -de quien se cumplen hoy 45 años de su muerte- para convertirse en una de las mejores escritoras de Estados Unidos.

Fallecida el 29 de septiembre de 1967, McCullers escribió cinco novelas, incluidas «El Corazón es un cazador solitario» (1940) y «La balada del café triste» (1951), dos obras de teatro, una veintena de cuentos, una autobiografía inacabada y algunos poemas. Escrita cuando tenía 23 años,

«El corazón…» es una de las obras más conocidas de esta autora que para muchos críticos está a mitad de camino entre Truman Capote y William Faulkner.

El escritor británico Graham Greene dijo en una oportunidad que «Carson McCullers y quizá Faulkner son, tras la muerte de D.H. Lawrence (conocido por «El retrato de Lady Chatterley», entre otras obras), los únicos escritores con una sensibilidad poética original».

«Prefiero a Carson McCullers a William Faulkner porque escribe de modo más claro; la prefiero a D.H.Lawrence porque no tiene mensaje», señaló el autor de «El poder y la gloria».

Nacida el 19 de febrero de 1917, en Columbus, Ohio, Lula Carson Smith tuvo una infancia dedicada al estudio solitario del piano, pero tras una fiebre reumática debió renunciar a su deseo de convertirse en una concertista.

Mientras estaba enferma, empezó a leer vorazmente y consideró la posibilidad de convertirse en una escritora; publicó su primer cuento «Wunderkind» en diciembre de 1936 en una revista editada por un ex profesor suyo en la Universidad de Columbia.

En septiembre de 1937 se casó con James Reeves McCullers -adoptaría su apellido para firmar sus libros-, con quien inició una relación marcada por el alcoholismo y las relaciones ambulantes (ambos eran bisexuales) que está presente sin duda en su corpus literario.

La escritora se mudó con su marido a Nueva York, con motivo de la publicación de «El corazón… «, pero se divorciaron en 1941, aunque se reconciliaron y volvieron a casarse en 1945.

Cuando estaban temporariamente reconciliados, ambos se enamoraron del compositor estadounidense David Diamond y formaron un triángulo amoroso, una experiencia que luego volcaría en su inolvidable «La balada del café triste».

Mientras vivían en París en 1950, Reeves trató de convencer a McCullers para que ambos se suicidaran, lo que provocó que la escritora regresara a Estados Unidos.

Tres años después, él finalmente cumplió su propósito en la habitación de un hotel de París. «Reflejos en un ojo dorado», su segunda novela, publicada en 1941 -llevada al cine por John Huston-, que trata sobre la represión de la homosexualidad y también de la infidelidad, fue recibida con críticas en su ciudad natal debido a la similitud de algunos personajes con la vida real.

En agosto de 1943 aparece «La balada…», una historia de amor que involucra a miss Amelia Evans, su primo (el jorobado) Lymon y el ex convicto Marvin Macy, marido de miss Amelia, quienes viven en un pequeño pueblo del sur estadounidense.

La novela «Frankie y la boda», la historia de una niña de 12 años, que al finalizar la Segunda Guerra Mundial sueña con viajar con su hermano mayor y su novia por todo el mundo, fue publicada en 1946.

Y la adaptación teatral fue aclamada en Broadway en 1950. Con esta novela, McCullers gana en 1950 el premio del Círculo de Críticos de Nueva York por la mejor obra de teatro estadounidense.

También publicó la novela «Reloj sin manecillas» en 1961 y un volumen de versos para niños llamado «Dulce como un pepinillo y limpio como un cerdo» en 1964.

Durante los últimos años de su vida, la escritora estadounidense experimentó una gran declinación de su tarea creativa, a causa de una gran depresión, agravada por el alcoholismo.

Padecía de un cáncer de mama, sufrió un derrame cerebral y se mantuvo en coma hasta que finalmente murió a los 50 años, en el hospital de Nyack en Nueva York.

Un día después, en un nota de obituario en el diario The New York Times, Eliot Fremont Smith escribió sobe la influencia que tendría su obra. «Sólo un artista puede hacer sentir a otros sujetos la fuerza de su visión.

McCullers fue un artista. Ella fue también, en su persona, una inspiración y un ejemplo para otros artistas que crecieron a través de ella. Sus libros, y particularmente `El corazón es un cazador solitario`, sobrevivirán; ella no será olvidada», señaló Smith.