La fiebre por la remake no es nueva, pero se ha acentuado en los últimos años. Conozca las causas de este fenómeno y los muchos films que son segundas versiones pero no lo sabemos

Repetir películas está de moda. Pero no todas las segundas versiones tienen el mismo carácter. Tradicionalmente, la remake de un film viejo buscaba modernizar una historia –preferentemente un éxito de taquilla, aunque no siempre- para hacerla más acorde al gusto del momento. Por lo general, transcurrían varios años desde la salida de la película original hasta que algún director decidía volver sobre ella.

 

Hay que distinguir además entre dos tipos diferentes de remakes. Una nueva interpretación de un argumento clásico tomado de la literatura, la leyenda o la historia es tan válida como las diferentes puestas que una obra puede tener en el teatro. Un ejemplo de esto es Anna Karenina, novela de Tolstoi, de la cual se han filmado ya varias versiones en distintos países. O los filmes sobre episodios y personajes de la historia: Jesucristo, Alejandro, Cleopatra, Napoleón, etcétera.

 

Distinta es la réplica de un guión original que frecuentemente sólo apunta a hacerlo más accesible al público destinatario. Es el caso principalmente del frenesí por “norteamericanizar” todas las películas exitosas del mundo rehaciéndolas casi de inmediato con actores y escenario estadounidense, en vez de difundirlas en su versión de origen. Ya no se trata de modernizar películas viejas sino de una fiebre por copiar filmes extranjeros recientes para adaptarlos al público local. Es un fenómeno especialmente visible en los Estados Unidos –aunque no privativo de ese país-, cuyos espectadores, a diferencia de los del resto del mundo, no están acostumbrados ni a los subtítulos ni a los doblajes.

 

Una columnista del semanario francés Marianne2 se preguntaba hace poco: “¿Por qué los norteamericanos se empecinan en rehacer nuestras películas? Nuestros guiones serían buscados por su originalidad, nuestros directores, cortejados por su creatividad”. Pero si algunos lo viven como un halago, otros lo sienten como una vejación.

 

El interés por los guiones galos no es nuevo, pero los franceses sienten que el fenómeno se ha intensificado en los últimos 5 años. Bienvenue chez les Ch’tis y Recursos Humanos son dos de los títulos franceses de una larga lista que han seducido a productores de los Estados Unidos y tendrán pronto su versión holywoodense. Pero, dice la nota, ese amor se traduce sólo por “un cheque al productor para adquirir los derechos del film y empezar todo de nuevo”.

 

Al parecer, concluye Marianne2, para ser distribuido en los Estados Unidos, un largometraje no debe ser solamente exitoso sino también norteamericano. Es sabido que en Hollywood “todos hablan inglés, hasta Eva Perón y el Che Guevara”, dice la columnista.

 

¿Es bueno o malo repetir una película?

 

Otro aspecto problemático de algunas remakes norteamericanas es la tendencia a moralizar las versiones. En la reedición de La Cena de los tontos, el director, Jay Roach, convierte a Paul Rudd en un malo arrepentido, cuando en la versión francesa Thierry Lhermitte encarnaba a un sádico sin conciencia que disfrutaba de burlarse de los demás. “No entendió nada de mi película”, se lamentó Francis Veber, su director.

 

 

 

Algo parecido había sucedido con la remake de Alfie (2004), una comedia interpretada originalmente por Michael Caine, en 1966. La nueva versión fue una coproducción anglo-norteamericana, protagonizada por Jude Law y ambientada en Nueva York, mientras que la original era puramente británica y transcurría en Londres. Pese al tono humorístico, no faltaba el drama en ese film, casi más “moderno” en su edición sesentista que en la del siglo XXI. Especialmente cruda y realista era la escena en la cual Alfie llevaba a la esposa de un amigo -a la que había dejado encinta- a abortar. En la remake de Charles Shyer, el aborto no tiene lugar, ella le hace creer que sí, pero más tarde le revelará que tuvo al bebé, etcétera.

 

Seguramente es por eso que Eric Toledano, el guionista de Intouchables (2011), tercer film en recaudación en toda la historia del cine francés, que ya interesó a productores norteamericanos, dijo: “No quisiera que la versión americana sea melosa”. La película está inspirada en el libro autobiográfico de un tetrapléjico, Philippe Pozzo di Borgo, sobre la relación con su acompañante terapéutico. Es el film francés más visto fuera de Francia pero aun así no se salvará de su versión hollywoodense para la cual el elegido sería Colin Firth.

 

Entre 1980 y la actualidad, al menos unos 50 films franceses fueron “adaptados” por Hollywood –contra unos pocos títulos norteamericanos retomados por Francia: además de ya mencionada La Cena de los tontos, son remakes de películas galas: The Tourist, Nikita, Tres hombres y un biberón, La Jaula de las Locas, Chloé, etcétera. Esperan su turno: Recursos Humanos, Intouchables y 36, quai des Orfèvres, entre otras.

 

 

En algunas remakes se apela incluso a los mismos actores: Penélope Cruz repitió en Vanilla Sky (2001) su rol de Sofía para la española Abre los ojos (1997) y Jean Reno y Christian Clavier actúan en el original francés Les Visiteurs y su remake estadounidense Les Visiteurs en Amérique. Otro guiño frecuente es la aparición del actor de la versión original en otro rol, como sucedió con Robert Mitchum y Gregory Peck en Cabo de miedo, o en un cameo.

 

El objetivo financiero suele primar sobre el artístico en muchas remakes. Ello explicaría algunas libertades con los guiones. “Esto se ha vuelto un verdadero business, existe incluso una exposición, The Remakes Market, que tiene lugar cada año en Los Angeles”, explicó a Marianne2 Isabelle Simeoni, autora de un documental sobre el tema, titulado Be kind, Remake. La próxima edición de esta muestra tendrá lugar el 8 y 9 de noviembre.

 

No sólo hacia Francia miran los productores norteamericanos -¿faltos de ideas?-. Incluso el cine sudamericano está en la mira. Ya hubo un primer fiasco con la exitosa película argentina Nueve Reinas, cuya versión hollywoodense se llamó Criminal (2004). Ahora está en estudio una remake de El secreto de sus ojos, el film también argentino que ganó en 2010 el Oscar a Mejor Película Extranjera. Denzel Washington sería el elegido para el papel de Ricardo Darín.

 

 

¿Es bueno o malo repetir una película? En algunos casos, es legítimo que un director o un guionista tengan una nueva lectura de un clásico; pero en otros, la perentoriedad de la salida de la nueva versión parece responder más bien al agotamiento de la creatividad o a la búsqueda de un atajo que garantice el éxito de taquilla. La apuesta no siempre funciona. Lo cierto es que encarar la remake de una película consagrada es todo un desafío que no siempre se ve coronado por el éxito. Aunque algunos logran superar el original, no son la mayoría. Pensemos si no en la lamentable copia (Psycho, 1998) de la genial Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock. Un siguiente intento de emular al talentoso director de cine de suspenso fue Un crimen perfecto (1998), pretendida remake de Llamada fatal (1954, con Grace Kelly), un bodrio que no sólo destrozó una buena historia sino que también desperdició talento actoral (Michael Douglas, Gwyneth Paltrow y un todavía ignoto Viggo Mortensen). La perfección es muy difícil de imitar.

 

 

Estados Unidos, reino de la remake

 

Hay que decirlo: Hollywood también se copia a sí mismo. Han conocido una segunda versión refrescante –y a veces una tercera- una gran cantidad de títulos, que van desde King Kong (1933, 2005) a Karate Kid (1984, 2010), pasando por The Big sleep (El gran sueño: 1947, 1978), The Thing, (1982, 1951), Scarface (1983, 1932), La Mosca (1986, 1958), El Planeta de los Simios (2001, 1960), Rollerball (2001, 1961), Ocean’s Eleven (2002, 1960), etc.

 

De éstas, puede decirse que el Scarface de Brian de Palma, con Al Pacino en el rol principal, no tiene nada que envidiarle a la original de Howard Hawks, protagonizada por Paul Muni, sin desmerecer la original; y que la remake de The Thing de John Carpenter y la de La Mosca de David Cronenberg son netamente superiores a las películas que las inspiraron.

 

Y, salvo el final –que impide entender el por qué del título-, la remake de El Cartero llama dos veces, coprotagonizada por Jack Nicholson y Jessica Lange, es de una calidad indiscutible y bastante fiel a la original (que no era tal, sino una copia de la francesa Le Dernier Tournant de 1939).

 

Aún así, para muchos exquisitos del cine, hay remakes que son sacrilegios. Así fue recibida por ejemplo la noticia de que habría una nueva versión de la película de culto Taxi Driver, de Martin Scorsese, que consagró a Robert de Niro. A propósito, este director genial, ignorado durante años por la Academia, terminó recibiendo el Oscar por una remake (The Departed o Los Infiltrados, 2006) que ciertamente no está entre sus mejores películas –que abundan. Se trata de la versión Hollywood de una joyita del cine de Hong-Kong (Infernal Affairs, 2002).

 

Quizá Hollywood premió a Scorsese por plegarse al fin a sus cánones. Su remake agrega un final moralizante –se hace justicia- que no está en la hongkonesa.

 

Algunas veces se pierde el recuerdo del film original al punto de no tener pie ni cabeza el argumento. Es el caso de la lamentable Perfume de mujer (1992) con Al Pacino en uno de sus peores papeles: un ciego que baila un tango “aflamencado” y maneja descapotables a 180 km por hora… Triste homenaje al derroche de talento de Vittorio Gassman en el original italiano (1974) de Dino Risi. Lo notable es que, como en el caso de Scorsese, la Academia premió esta olvidable performance de un Al Pacino que no necesitaba ese papel en su brillante carrera. Ni ese Oscar.

 

Entre las remakes insospechadas –al menos para los no iniciados- están Víctor, Victoria, la comedia musical con Julie Andrews en el rol principal (la original era alemana), Mentiras verdaderas (1994) de James Cameron con Arnold Schwarzenegger y Jamie Lee Curtis (copia de una comedia francesa llamada La totale !, de 1991, que también tuvo a Thierry Lhermitte en el papel principal), y la comedia en la cual Robert de Niro confirmó su versatilidad revelándose como actor cómico, Los padres de la novia (2000), remake de un film independiente de 1992, Meet the Parents, que no tuvo distribución comercial.

 

 

Un caso parecido es el de Dragon Rojo, la precuela de El Silencio de los Inocentes, que completa una trilogía en la cual sólo desentona la tercera, Hannibal (otra víctima de los artificios hollywoodenses). Casi nadie sabe que Dragon Rojo es una remake de un film protagonizado por William Petersen –luego consagrado en la serie CSI– que se tituló Manhunter (Cazador de hombres, 1986) dirigida por el excelente Michael Mann, basada en el libro El dragón rojo de Thomas Harris. La película es muy buena pero no tuvo el éxito merecido ni la taquilla que sí conoció su remake (Red Dragon, 2002), con Edward Norton y Anthony Hopkins como protagonistas. La salida de ésta última, llevó a la proyección de Manhunter en televisión con el título Dragón Rojo: La Maldición de Hannibal Lecter.

 

Los cinéfilos no deberían perderse la versión original que no tiene nada que envidiarle a su remake, aunque ésta sea muy digna.