El primer debate presidencial en el camino hacia las elecciones del 6 de noviembre, tuvo como protagonista al candidato republicano Mitt Romney, quien adoptó una posición más clara y ofensiva su rival demócrata, el presidente Barack Obama.

El candidato republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney, ganó con claridad el primer debate presidencial, en el que sorprendió al mostrarse seguro y cómodo ante un deslucido aspirante a la reelección, el demócrata Barack Obama, que por momentos pareció estar ausente del encuentro.

En los 90 minutos que ambos candidatos tuvieron para debatir cara a cara anoche en la Universidad de Denver, Colorado, Romney mostró consistencia y soltura y aplicó una estrategia ofensiva que más de una vez puso a Obama en la posición de tener que contraatacar y defender sus decisiones como presiente de Estados Unidos.

Con las encuestas del día después dando ganador a Romney por 67% a 25%, según la cadena CNN, los comentarios sobre la inesperada performance del líder de la Casa Blanca no tardaron en llegar, incluso de parte de integrantes de su partido que, a pesar de resaltar algunos batacazos certeros del demócrata, no tuvieron más opción que aceptar la victoria del ex gobernador de Massachusetts.

Para Roger Simon, autor de la columna del diario Politico titulada “El presidente Obama dormita y pierde”, durante “gran parte del debate, pareció que Obama el ex profesor, y no Obama el candidato presidencial, estaba en el escenario”.

“No es que la presentación de Romney fue perfecta o pulida -no lo fue-, es sólo que la de Obama fue mediocre”, dijo Simon, quien no dudó en señalar que el líder de la Casa Blanca “sonó muchas veces como si estuviera defendiendo una tesis doctoral”.

Por su parte, en una de varias apariciones ante los medios, David Axelrod, uno de los principales asesores y estrategas de Obama, reconoció que Romney tuvo una buena actuación pero dijo que el republicano se negó a dar detalles de cómo llevará adelante sus propuestas de campaña.

“Esperaba una buena actuación. Tuvo un buen desempeño, pero eso es lo que fue: una presentación”, dijo en diálogo con la cadena NBC News, añadiendo que los “hechos subyacentes siguen siendo los hechos subyacentes”.

En medio de una muy lenta recuperación económica tres años después del fin de la recesión más profunda desde 1930 y con una desocupación del 8,1%, el primer debate tuvo como eje central la economía nacional, incluyendo temas como el déficit federal, el empleo, impuestos, Salud y el rol del Estado, entre otros.

Con la economía como principal preocupación de los votantes, tanto Romney como Obama dedicaron cuidadosas respuestas que fueron convirtiéndose en un complicado listado de números y estadísticas.

A pesar de que el moderador centró sus preguntas en las diferencias y similitudes entre las políticas de los candidatos, el debate careció de golpes bajos y certeros entre los contrincantes, por lo que a falta de mayores sobresaltos, casi toda la atención estuvo centrada en las actitudes y respuestas corporales de los postulantes.

Mientras que Romney supo manejar una sonrisa sostenida durante casi la hora y media de encuentro, intercalando por momentos comentarios graciosos que le permitieron mostrar cierta frescura, Obama pasó la mayor parte del tiempo tomando notas con la mirada baja hacia el atril, evitando el contacto visual con su rival y logrando esgrimir alguna sonrisa ya entrado el debate.

Para el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de George Washington, John Sides, lo que ocurrió fue que el ex gobernador de Massachusetts aprovechó el momento y “de la forma en la que habló, fue capaz de rediseñarse a sí mismo” como “un candidato más moderado”.

Obama, “realmente no fue capaz de definir sus críticas a Romney en la medida que podría haber sido capaz de hacerlo”, explicó Sides en diálogo con Télam.

En ese sentido, una de las principales críticas que recibió el referente demócrata fue no haber utilizado para contraatacar los escandalosos dichos de su rival respecto a que el 47% del electorado es dependiente del gobierno ni su pasado en la financiera Bain Capital, dos recursos empleados anteriormente con eficacia por su campaña para arremeter contra Romney.

A 32 días de las elecciones generales, el profesor de la Universidad de Georgetown señaló que “es posible que los sondeos cambien en los próximos diás y que veamos achicarce los márgenes entre los dos candidatos”.

No obstante, “es improbable que el debate impulse en este punto a Romney a la delantera”, ya que “Romney tendrá que tener una actuación igualmente fuerte y Obama una igualmente menos fuerte cada día de aquí a la elección para darle a Romney la oportunidad de cerrar la diferencia y tomar el liderazgo”, agregó.

Terminado el debate, los candidatos reanudaron hoy sus campañas con viajes a dos de los nueve estados clave para ganar las elecciones: Obama eligió Madison, Wisconsin, mientras que el ex gobernador mormón fue a Virginia junto a su compañero de fórmula, Paul Ryan.

A partir de ahora, cualquier error o comentario desafortunado podría modificar las ajustadas encuestas lideradas por Obama con un promedio a nivel nacional del 49,1% contra el 46% de Romney, según el sitio especializado Real Clear Politics.

Los postulantes a ocupar el máximo puesto en Washington tendrán dos semanas para volver a prepararse antes del segundo debate el 16 de octubre, en Hempstead, Nueva York, que tendrá el formato conocido como “town hall”, donde miembros de público son los encargados de realizar preguntas a los candidatos.

La última oportunidad para captar los votos antes de las elecciones del 6 de noviembre será en el tercer debate del lunes 22 de octubre en Boca Ratón, Florida, con las políticas en materia de relaciones exteriores como protagonistas.