El gobierno acordó con el Banco Central Europeo, el FMI y la Comisión Europea recortar 13.500 millones de euros. Pactan ampliar la jornada laboral, congelar salarios, reducir indemnizaciones y eliminar derechos.

El primer ministro griego, el conservador Antonis Samaras, anunció hoy que Grecia alcanzó un acuerdo con la troika de acreedores internacionales sobre las medidas de ajuste exigidas para seguir recibiendo ayuda financiera.

«Hoy concluimos el acuerdo sobre las medidas y el presupuesto», anunció Samaras. El gobierno «hizo todo lo posible» y logró «significativas mejoras» en las negociaciones con la troika hasta el último minuto, agregó según la agencia de noticias EFE.

«Ahora el acuerdo es responsabilidad de los partidos y de cada diputado», advirtió el primer ministro griego refiriéndose a que el parlamento será el que finalmente deberá aprobar el acuerdo con los acreedores.

«Si aprobamos este acuerdo y votamos el presupuesto, Grecia permanecerá en el euro», señaló Samaras.

El ejecutivo que preside Samaras tuvo que negociar arduamente para tratar de llegar a un consenso con sus socios políticos en la coalición.

La semana pasada, el gobierno había anunciado la posibilidad de un acuerdo. Sin embargo, los dos socios progresistas del gobierno, Dimar y Pasok, se oponían a algunas de las exigencias de la troika integrada por el Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea (CE).

Estos dos partidos políticos, que junto con la conservadora Nueva Democracia integran el gobierno, se negaban a que la troika exigiera una flexibilización laboral.

A su vez, Samaras tuvo que convencer a los representantes de los acreedores internacionales (BCE, FMI y CE) que flexibilizaran sus demandas de reformas.

Según fuentes de la cartera laboral citadas por la agencia de noticias pública griega AMNA, la troika se plantó ya el domingo y dio por «cerrada» la discusión sobre la reforma laboral, en un correo electrónico enviado al ministerio de Trabajo.

Entre las medidas exigidas por los acreedores se destacan la ampliación de la semana laboral a seis días, la reducción de las indemnizaciones por despido, la eliminación de los aumentos salariales por antigüedad y el congelamiento de los salarios hasta que el índice de desempleo se sitúe por debajo del 10%.

«El problema no es ésta medida o la otra… sino lo que podría ocurrir si no aprobamos el acuerdo, sumiendo al país en el caos», declaró el primer ministro.

En una reunión celebrada hoy por el Pasok con su grupo parlamentario, el dirigente Evangelos Venizelos afirmó que «el paquete (de ajustes y medidas) debe ser aprobado por completo«.

Sin embargo, el partido Izquierda Democrática (Dimar) manifestó a través de un comunicado que mantenía la oposición al acuerdo alcanzado entre el gobierno y la troika.

Dimar pide que las reformas laborales se voten por separado al resto de las medidas de ajuste exigidas por la troika, de manera que el partido pueda ratificar las que apoya y votar en contra aquellas a las que se opone, lo que fue rechazado por el ministro de Finanzas, Yannis Sturnaras.

«Todo llegará (al parlamento) de una sola vez la próxima semana. Creo que no hay otra posibilidad», dijo Sturnaras.

El Ejecutivo griego se vio forzado a adoptar un nuevo paquete de medidas de ajuste por 13.500 millones de euros para adecuarse a las exigencias de sus acreedores y obtener el desembolso de 31.500 millones de euros correspondientes al siguiente tramo del rescate financiero acordado con el BCE, la CE y el FMI.