Hace exactamente 40 años, más precisamente un viernes 17 de noviembre de 1972 regresaba a nuestro país el general Juan Perón, poniendo fin a 17 años de exilio forzado que había sido producto de un golpe cívico oligárquico militar en setiembre de 1955. En aquel 17, a las 11:15 hs aterrizaba en Ezeiza el DC-8 de Alitalia, el vuelo que traía a Perón de su prolongado destierro. Acompañaron al “viejo” en el chárter aproximadamente 150 personas, entre ellos los cantantes Leonardo Favio, Marilina Ross,el cura Carlos Mugica, Antonio Cafiero, como así también exministros, exlegisladores, militares retirados, sindicalistas y deportistas, entre otros. Ese día el gobierno de la dictadura militar tomó una serie de medidas increíbles, por ejemplo se había dispuesto ese día como feriado, las radios, canales y otros servicios públicos estaban bajo una protección policial y se colocaron muchas barricadas en todos los accesos al aeropuerto internacional de Ezeiza. Los negocios estaban cerrados y las calles de Bs.As totalmente vacías y miles de efectivos de la milicia con sus ametralladoras y tanques habían rodeado completamente el aeropuerto. Bajo una persistente lluvia, Perón pisaba otra vez nuestro suelo, el vuelo había salido de Roma, incluida una escala en Dakar. Ese día el “viejo” bajaba del avión, lo hacía de una manera sonriente y hasta podríamos decir rozagante, vistoso. Queda también para la memoria colectiva la imagen histórica del secretario general de la CGT Ignacio Rucci levantando el paraguas para proteger “a Perón de la copiosa lluvia”, pero también esa imagen parecía decir: “Protejamos, cuidemos al viejo que está otra vez con nosotros”. Por fin se había terminado para el “viejo” ese amargo exilio de 6228 días como así también para millones de argentinos que lo habían esperado durante esos largos años. Al bajar de la nave, el “viejo” levantó los brazos de manera entusiasta y se dirigió inmediatamente a la residencia de Gaspar Campos. Al “viejo” le pesaban ya los años pero como había dicho él: “soy un león herbívoro y vuelvo para realizar un servicio a mi patria como prenda de unidad para los argentinos”. Perón había intentado volver al país en diciembre de 1964 pero por una orden de Illia al gobierno de Brasil no había podido pasar de Río de Janeiro. Cuando volvió el General el gobierno de facto pretendió por todos los medios amilanar, desmoralizar toda masiva concentración popular pero eso poco había importado, ni todo el despliegue militar como tampoco la intensa lluvia. Cientos de miles de manifestantes peronistas se desplazaron hacia Ezeiza para darle la bienvenida al líder depuesto anteriormente. Eran los trabajadores, las mujeres, pero fundamentalmente los jóvenes, quienes nunca antes habían visto al “mito”, al líder por excelencia de las masas populares. Esos jóvenes cuando fueron niños se habían criado en los hogares peronistas, alimentados por el relato de sus abuelos y padres quienes les transmitieron toda la acción social que habían hecho Perón y la compañera Evita a favor de la clase trabajadora. Claro también que vale decirlo que había jóvenes que no provenían de hogares peronistas, pero creyeron firmemente que el justicialismo era el único movimiento político capaz de llevar a la República Argentina hacia la liberación nacional y a la grandeza que se merecía largamente. Ya en esa década del 70 los Montoneros habían hecho su aparición con un “debut”: ajusticiando al “gorila” de Aramburu por los crímenes que este nefasto y oscuro personaje había ordenado en junio de 1956 contra un grupo de militares y militantes peronistas, quienes solamente habían cometido el “pecado” de defender el orden institucional quebrado en el año 1955 y por sus idearios peronistas. Este hecho quedó luego plasmado en la novela escrita por el periodista Rodolfo Walsh y después llevada al cine con el título “Operación Masacre”. Y también en agosto de 1972 había ocurrido la masacre de Trelew. Desde la caída de Perón en setiembre de 1955, a causa de un golpe militar apoyado por la UCR, comunistas, conservadores y socialistas, todos ellos unidos entre sí y más algunos miembros de la Iglesia y sectores ligados a la economía, llámese Sociedad Rural, la Bolsa de Comercio, etc, asociados íntegramente con los gobiernos militares y pseudodemocráticos, todos ellos juntos iniciaron una feroz campaña con la única finalidad de combatir al peronismo despiadadamente y tratando de “desperonizar” a la Argentina. Pero claro está que no lograron el cometido que se habían propuesto. Debemos recordar también que los sectores mencionados en líneas anteriores conformaron la Junta Consultiva, quienes a su vez ocuparon cargos públicos y apoyaron todas las medidas antipopulares que llevaba a cabo la Revolución Fusiladora.Con la vuelta del “viejo” al país había triunfado aquella consigna que se había autoimpuesto la masa peronista, que fue el “Luche y vuelve”. Debemos decir que la resistencia peronista ha sido sin lugar a dudas una epopeya, una gesta a nivel nacional que actuó de manera rápida y efectiva, que primero empezó a gestarse en las organizaciones obreras y luego se unió a esa acción de lucha la juventud. Todos luchando contra el atropello de la oligarquía gobernante que también criminalizó a todo peronista a lo largo y a lo ancho del país. La resistencia peronista se organizó de manera efectiva llevando a cabo códigos de comportamiento que servían para la organización y la acción política, apoyando fundamentalmente a todos los compañeros militantes. Luego de 17 años el General Perón volvía a su patria querida para refutar ese destino fatal que lo condenaba, como a Rosas, Artigas, Felipe Varela y San Martín entre otros, a morir en el destierro. Por fin se había consumado el sueño de la inmensa mayoría del pueblo argentino: el regreso de Perón al país y también con esa vuelta haría su último servicio a la patria, que fue ponerse nuevamente al frente para conducir al pueblo argentino hacia la liberación nacional y a través de esta emancipación a la grandeza de la patria y la felicidad del pueblo. Aquel viernes 17 de noviembre de 1972, con el arribo del “viejo” al país concluía de manera exitosa el tan anhelado sueño de la resistencia peronista: el “Operativo Retorno”. Mi más profunda admiración a todos aquellos militantes de esos años. Muchos de ellos mártires, que se la jugaron de cuerpo, de alma y de corazón y que pusieron todo lo que hay que poner en esos casos sin esperar recompensa alguna, por la causa peronista y por su ideario sublime de una patria justa, libre y soberana. Reconocer de igual manera a toda la militancia, a la verdadera militancia peronista que estuvo en las buenas y en las malas (más en las malas que en las buenas) y que se la jugó para que el justicialismo catamarqueño volviera al poder provincial después de haber estado veinte años en el llano. Mi más respetuoso reconocimiento a otro grande e ilustre de nuestra cultura popular y nacional, a Leonardo Favio, gran compañero y militante peronista que como tantos otros compañeros tuvo que exiliarse del país cuando gobernaba la última maldita dictadura militar y que en cuyas venas corría puro peronismo, y que llevó al movimiento peronista hasta la exaltación sin esperar nada a cambio, al igual que miles y miles de compañeros. Por último quiero recordar lo que decía el General Perón cuando le preguntaron qué era para él un peronista y contestó: “Todo aquel que cumple fielmente la ideología y la doctrina peronista.”
Viva Perón!! Viva Evita!! Viva la militancia!!