La “Pulga” jugó su último partido en el 2012. Convirtió 91 goles, mostró excelencia en el equipo de Sabella y se perfiló para ganar, otra vez, el balón de oro

El año está a unos pocos días de cerrarse y Messi ya superó todo lo que el mundo del fútbol esperaba. Rompió el récord del alemán Gerd Müller, fue el goleador del Barcelona, se afirmó como capitán de la Selección Argentina  y tuvo una actuación contundente en la mayoría de los partidos que jugó el equipo de Sabella.

No parece ni es poco lo que ha logrado el chico que nació en Rosario y que ahora tiene el título de mejor jugador del mundo. A pesar de los pocos detractores que junta en el planeta, Messi siempre ha dejado sin palabras a la gente. Porque cuando parece que todo está hecho, la “Pulga” crea algo nuevo en el mismo instante donde el partido parece caer en el aburrimiento y el ostracismo.

Pasó los 85 goles en un año para romper un record que se había logrado en 1972. Movió los casilleros de la historia y le puso su nombre a un nuevo logro en su carrera profesional. Messi cada día juega mejor, como Gardel con su voz, como Ginóbilli con sus manos, como Maradona que aún es parte de la bandera nacional en el exterior.

Metió goles para el recuerdo y otros para la calculadora. De cabeza, de penal, gambetenado rivales, con potencia y empujando la pelota sobre la línea. De todos los estilos para un público catalán que cada vez lo enaltece más, y para un hincha argentino que ha dejado de lado las críticas para dedicarse a construir halagos.

A Lionel no le afectó el cambio de técnico que sufrió el Barcelona con la salida del entrenador más ganador de las últimas décadas. Guardiola se fue dejando la nostalgia impresa en Cataluña pero abriéndole la puerta a su amigo Vilanova. A pesar del cambio de nombres en el banco, el equipo donde juegan Xavi, Iniesta, Puyol, Pedro, Alexis Sánchez, David Villa y Piqué, entre otros, mantiene un estilo definido de juego y sigue cosechando triunfos.

Al rosarino que fue papá de Thiago hace pocos meses, poco le importaron las comparaciones con Cristiano Ronaldo o las chicanas encubiertas de Mourinho. Messi habla poco, juega mucho y se autoconstruye con líder dentro de la cancha.

La Selección Argentina fue el otro escenario donde el mejor jugador del mundo mostró sus cualidades. Alejandro Sabella le dio la cinta de capitán y la libertad de moverse por la cancha para crear y hacer jugar a sus compañeros. Y en esta nueva etapa del seleccionado quedó claro que Messi se siente más cómodo con el ex técnico de Estudiantes que con los entrenadores que han pasado.

A pesar de su personalidad introvertida y de su poca charla dentro de la cancha, Lionel cargó con el peso de la responsabilidad y se transformó en líder a través de su juego. Puertas adentro y en los bancos del vestuario no se sabe cual es el mensaje que la “Pulga” les da a sus compañeros. Es una intriga, aunque el mejor ejemplo lo dé con la pelota en los pies.

Lionel Messi es el mejor jugador del mundo y el mejor de un año que ya llega a su fin. Lo es más allá del récord que rompió cuando superó a Müller en cantidad de goles y más allá de los premios acomodados en su vitrina. Lo más importante del rosarino es que siempre vive dando clases de fútbol. Trasnforma al deporte en arte. Le da brillo al espectáculo y le resta palabras al diccionario de halagos.

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