Cristina

La jefa de Estado resignó ese monto desde que decidió vender u$s 3.000.000 y los pasó a un plazo fijo en pesos. Sólo obtuvo un rendimiento del 6%, cuando podía alcanzar el 11% en caso de conservar las divisas.

«Lo hago porque, objetivamente, es más rentable tenerlo en pesos que tenerlo en dólares«. Así había anunciado hace siete meses la Presidente la conversión de sus ahorros en moneda norteamericana a un plazo fijo en pesos, en una transmisión donde también pidió a sus funcionarios que emularan su decisión. Transcurrido ese lapso de tiempo, hoy ya se pueden calcular los efectos económicos de su «inversión».

Lo cierto es que la jefa de Estado perdió. Según indica el diario El Cronista, la venta de los u$s 3.066.632 de dólares que por entonces había mantenido la mandataria en un banco privado de Río Gallegos significó un retorno del 6 por ciento. Es decir, dejó de ganar al menos otros $730.000 adicionales, siempre y cuando hubiese escogido mantener su capital en las condiciones iniciales. Por ejemplo, el retorno ya hubiese alcanzado el 11%, si hoy mismo decidiera venderlos en el mercado cambiario oficial. Incluso hasta el 23%, aunque para ello tuviera que venderlos en las casas de cambio informales.

Según su declaración jurada, el plazo fijo en dólares que tenía Cristina Kirchner equivalía en junio a unos $ 13,9 millones teniendo en cuenta la cotización oficial, que rondaba por entonces 4,54 pesos. Tras optar por llevarlos al Banco Nación, la titular del Ejecutivo acumuló un total de $ 14,7 millones. La suma se debió por los $ 768.000 de ganancias que pagan los intereses hoy, en promedio, los bancos públicos. Ello bajo la suposición de que el monto haya sido reinvertido completamente y junto con los beneficios conseguidos.

Por el contrario, si la Presidente no hubiera innovado, hoy habría obtenido un retorno de $ 1,5 millón, al calcular el tipo de cambio oficial; y unos $ 4,4 millones según el valor del dólar libre. En conclusión, habría llegado a atesorar unos $ 15,4 millones o $ 23,6 millones en total.