Papa Francisco y la gente

Desde que Benedicto XVI comunicó que no seguiría al frente de la Santa Sede, la atención mundial se volcó por entero a los destinos de la Iglesia Católica. Fue mayor el interés el miércoles pasado, cuando el mundo entero se sorprendió con la elección de Jorge Bergoglio para ocupar el sillón de Pedro. Pero sin duda el de ayer fue el día que concentró más miradas: la asunción del nuevo Papa fue seguida por millones de personas en todo el planeta.

En los días que mediaron entre su designación y su unción, el ex arzobispo de Buenos Aires había dado señales del sello que intentaría imprimir a su pontificado. Durante la ceremonia pareció confirmar esas claves, con gestos que lo acercaron a la multitud que lo esperaba en la plaza de San Pedro; cierto desapego a los rigores del protocolo; la sencillez y humildad como bandera para tratar a sus pares, y la ratificación de su compromiso con los sectores más débiles.

La entronización

Al son de las Laudes Regiae (El Rey es Cristo) y ante una multitud, Su Santidad fue llevado hasta la tradicional plaza, donde esperaban las autoridades políticas de 130 delegaciones internacionales, entre ellos la presidente Cristina Kirchner, y representantes de otros credos. Bajo un estricto operativo de seguridad, recorrió el lugar en un jeep blanco, cuya carrocería estaba al descubierto, y no cerrada como el tradicional Papamóvil.

Francisco rompió el protocolo en varias ocasiones para besar a niños y, especialmente, para bendecir a personas enfermas que se encontraban en la Plaza San Pedro celebrando los actos de asunción del nuevo pontífice.

La celebración comenzó a las 5:30 (9:30 de Roma) en el interior de la basílica de San Pedro, en cuya tumba rezó el Papa junto con diez patriarcas y arzobispos mayores de las iglesias orientales católicas.

De la eucaristía participaron unos 180 religiosos, los patriarcas y arzobispos mayores orientales, el secretario del Colegio Cardenalicio y los superiores generales de los franciscanos menores, José Rodríguez Carballo, y los jesuitas, Adolfo Nicolás Pachón.

Antes de la misa, Francisco, el primer pontífice jesuita y latinoamericano, recibió la imposición del palio de parte del cardenal protodiácono, Jean-Louis Tauran, el mismo que anunció el «habemus papam». En tanto, la entrega del “anillo del pescador” estuvo a cargo del cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio. La sortija lleva la imagen de San Pedro, con las llaves del reino de Dios.

Símbolo de la simplicidad que exhibió hasta ahora, el Papa decidió no dar la comunión a ninguna persona, sino que fue repartida por diáconos y 500 sacerdotes en la plaza de San Pedro y Via della Conciliazione.

La Misa

La celebración, que coincidió con la fiesta litúrgica de San José, patrono de la Iglesia, comenzó en el idioma oficial de la institución, el latín; sin embargo, la lectura de la Biblia fue en inglés, mientras que la del Evangeliofue en griego.

El Papa pronunció la homilía en italiano e improvisó algunas partes, como había hecho en los últimos días.

Reiteró, asimismo, su compromiso con los más débiles. «Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe«, dijo.

 

El encuentro con los líderes

Luego de la misa, que no duró más de dos horas, Francisco saludó a los jefes de las delegaciones oficiales de los países presentes en el altar central de la basílica. Muchos de los presentes llevaron rosarios para que los bendijera. La primera mandataria en saludar al Sumo Pontífice fue Cristina Kirchner.

El Pontífice reclamó a los dirigentes que habían viajado hasta el Vaticano que no dejen que los signos de la destrucción conduzcan el mundo. También pidió respeto por todas las criaturas de Dios y el medio ambiente.

Entre las figuras que lo saludaron estuvieron Guillermo, el príncipe heredero de Holanda, y la futura reina Máxima Zorreguieta; el príncipe Felipe de Borbón y su esposa, Letizia Ortiz; los príncipes Alberto y Charlene de Mónaco, así como los reyes Alberto y Paola de Bélgica.

Terminadas las salutaciones, Francisco se retiró a la casa Santa Marta, donde reside en forma temporal hasta que acondicionen su departamento pontificio.

Los festejos en la Ciudad

La celebración de la misa inaugural del papado de Bergoglio movilizó a unas 50 mil personas que se trasladaron hasta el centro de la ciudad de Buenos Aires para seguir la trasmisión de su unción en el Vaticano.

La mayor sorpresa ocurrió cerca de las 3:30, cuando Francisco se comunicó vía telefónica desde Roma con todos los fieles reunidos en la Plaza de Mayo y agradeció las oraciones: “Es lindo rezar porque es mirar al cielo y saber que tenemos un Padre bueno que es Dios”, dijo. «No se olviden de este obispo que está lejos y los quiere mucho», añadió.

Emocionada, la multitud volvió a estallar en aplausos y cánticos cuando el Papa recibió el anillo y el palio, los símbolos de la autoridad pontificia.