OSEP

Las últimas informaciones sobre la situación de la Obra Social de los Empleados Públicos (OSEP) han traído una comprensible inquietud. Ya no se trata de las penurias de sus afiliados por las “colas” que deben hacer cuando concurren por algún trámite, ni la dificultad para hallar en su farmacia ciertos medicamentos de alto costo, ni lo difícil que es logar algunas derivaciones. Ahora el problema de la obra social con mayor cantidad de afiliados de la provincia padece un verdadero cáncer, como puede calificarse a su desfinanciamiento constante y sin otra perspectiva que agravarse.
Este desfinanciamiento es de 2 millones de pesos mensuales. Necesitan 40 millones para funcionar cada mes. Este año su deuda suma ya 7 millones. Y en este contexto, la Federación de Clínicas ha requerido un incremento del 40% para las presentaciones, que no será complacido por el director de la OSEP, Julio Prieto, quien califico el pedido no sólo como “imposible de pagar”, sino, además, como “irrisorio”. A esta conclusión llega después de considerar que los gremios están aceptando un aumento salarial del 20%. Asimismo, se queja de la actitud de dicha federación, que pasa por alto el dato de que con la disminución de las derivaciones a otras provincias han pasado a ser las clínicas y los sanatorios los beneficiarios de ese 35% que implicó la reducción.
Una sintética descripción de la obra social la presenta como una entidad que cuenta con 170 mil afiliados, 22 delegaciones, 27 botiquines, que brinda atención en cinco provincias del país y que para todas esta cobertura dispone de una plantilla total de 450 empleados.
Contra los cuestionamientos a su gestión, el director Prieto exhibe lo hecho en punto a ordenamiento del trabajo, descenso de los costos y regularización de deuda y asegura que cuando se habilite la nueva sede de OSEP los cambios positivos serán más perceptibles.
Habrá que entender que el actual déficit desaparecerá como resultado de algún plan que se hubiese diseñado ya, pero cuyos detalles no han trascendido.
No se ha hecho mención a modificaciones en los porcentajes establecidos para la afiliación y los coseguros ni a supresión de ninguno de los servicios reconocidos hasta ahora. Ni tampoco a alguna nueva fuente de financiación, que actualmente son tres, a saber: los aportes y contribuciones que se descuentan a los afiliados, el aporte del coseguro y las afiliaciones particulares, y el descuento que se les hace a los jubilados.
En Catamarca no hay mayor empleador que el Gobierno, y de ese hecho deriva la inmensa importancia que tiene OSEP. Sus achaques no son nuevos. La crítica tampoco y, sobre esto, debe recordarse que en los últimos años hubo denuncias de particular gravedad que todavía están en trámite judicial. En algún momento de ese pasado llegó a hablarse de la OSEP como de una caja a la que recurriría el Gobierno para cubrir los compromisos menos confesables. Y en los tiempos de las fiebres privatizadora hasta se rumorearon propósitos de transferirla a administradores privados.
Las manifestaciones del funcionario Prieto no dan pie a ninguno de los peligros señalados. Pero, claro está, agradaría que las razones para el optimismo fuesen más sólidas.