Nick Cave

En la última jornada de la gran cita mundial de la música independiente y alternativa, llegó el incomparable  “Caballero oscuro”, que tomó las riendas y cabalgó en la noche salvaje hasta alcanzar el clímax ante decenas de miles de personas reunidas en el escenario Heineken.

Surgido de las tinieblas, de las entrañas del rock más crudo, el australiano vestido de impecable traje negro ofreció un show muy potente y teatral, que fue todo un lujo para los amantes de su música.

Emergió con la elegancia de “We no who U R” y “Jubile Street”, para luego adentrarse en terrenos, si cabe, más profundos.

Deslizándose como una serpiente al ritmo de las melodías de su último trabajo “Push The Sky Away”, Nick Cave fue forjando una extraña atmósfera hipnotizante.

Con un espectacular dominio de la escena, el veterano artista, que jugaba en constante diálogo con los integrantes de The Bad Seeds, despuntó con muestras de intensidad como “The Weeping Song”, momento de espectacular goce para la masiva audiencia.

Al igual que las otras estrellas que lo precedieron en el escenario central del festival, Nick Cave busco la complicidad del público bailando sensualmente entre las caras y manos de las personas que se abarrotaron en la primera línea del escenario mientras cantaba “Red Right Hand”.

Con la adrenalina disparada, el cantante entró en éxtasis  con “Jack The Ripper” y “Tupelo”, y se puso de rodillas en lo que parecía ser un diálogo con el diablo. Sobre el final “The Mercy Seat” elevó aún más la tensión dando paso a “Stagger Lee”, hasta el corte abrupto con el que se despidió, dejando a más de uno sorprendido.

Un broche de oro de rock profundo que contrastó con las alegres jornadas previas que regalaron en ese mismo escenario los franceses de Phoenix con su electro pop, y los británicos de Blur, con su corona de reyes del britpop.

La presencia de Blur y Nick Cave con sus Bad Seeds en el Primavera Sound aumenta la ansiedad en América Latina, ya que se anuncian las visitas de ambos para el segundo semestre de este 2013 o principios del 2014.

Más en esa línea, antes de Nick Cave, la banda británica Dexys de Kevin Rowland, quien interpretó su reciente trabajo “One Day I`m Going To Soar”, aportó la dosis necesaria de pop y soul.

En el escenario Primavera, los raperos de The Wu-Tang Clan ofrecieron su emblemático hip hop de versos rápidos y penetrantes, aunque les costó bastante apretar el acelerador para alcanzar el deseado momento de intensidad con el público.

En el mismo lugar, a continuación tocó el grupo español Los Planetas, que reunió a una gran audiencia local interpretando su disco “Una semana en el motor de un autobús”, reeditado después de quince años.

Mientras tanto, la banda neoyorquina Liars, con su interesante post-punk electrónico, acaparó la atención de una nutrida audiencia e hizo bailar al público a pesar de que el sonido era lo suficientemente elevado.

Ya entrada la madrugada, My Bloody Valentine prometía ser la guinda del postre en el escenario Heineken, pero su inicial demostración de nostalgia “shoegaze”, locura sónica y noise, de décadas pasadas, dio paso a un sonido distorsionado y oscuro con voces imperceptibles que solo tuvo picos de intensidad.

Los seguidores de la banda seguramente disfrutaron del potente sonido que rugía desde el escenario, siendo testigos de “MVB”, el reciente trabajo de los irlandeses encabezados por Kevin Shields.

En simultáneo y radicalmente más energético, el dúo canadiense Crystal Castles convirtió el escenario Ray-Ban en una multitudinaria rave desplegando su música electrónica y distorsionada.

Mucho más temprano, cuando el sol aún calentaba a orillas del mediterráneo, destacaron las actuaciones de la vocalista francesa Laetitia Sadier con su presentación de Melody´s Echo Chamber, una muestra de pop electrónico elegante; los estadounidenses de The Sea & Cake, y los veteranos australianos de Dead Can Dance (Lisa Gerrard y Brendan Perry), que cautivaron al público con su art-rock de sonidos étnicos.

Sin embargo, la verdadera fiesta de despedida del Primavera Sound estuvo a cargo de Hot Chip, quienes sobre las 4 de la madrugada cerraron la 13va edición de este mega-evento musical con un pop electrónico que hizo bailar hasta a los más exhaustos.

Los simpáticos británicos, que presentaron “In Our Heads”, dieron una demostración de olfato pop sacudiendo a la multitud con sus melodías, entre ellas el hit “Over and Over”.

El Primavera Sound de este año fue el más masivo, con la asistencia de 170.000 personas, según informó la organización en una conferencia de prensa en el recinto Fòrum, donde se celebró el evento musical que dejó actuaciones memorables, para todos los gustos, y algunos nombres para el futuro.

Para el próximo año, el festival ya tiene al menos un nombre confirmado para la grilla, la banda de indierock estadounidense  Neutral Milk Hotel.