Fukushima

En un primer análisis, la operadora privada de la planta dañada por el terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011, Tokyo Electric Power (TEPCO), desechó que el líquido fuera tóxico, aunque un segundo muestreo realizado fuera de la planta reveló que el líquido contenía 0,22 becquereles de cesio-134 y 0,39 becquereles de cesio-137 por litro, informó el diario japonés Nikkei.

Ese nivel está muy por debajo del límite de 90 bequereles por litro que establece la ley nipona para permitir verter el agua al mar.

Sin embargo, el anuncio complica los planes de TEPCO, que trata de lograr el visto bueno de los pescadores de Fukushima para verter parte de este agua al Océano Pacífico frente a la central, algo a lo que las cooperativas ya se negaron antes incluso de realizarse los análisis.

Cada día unas 400 toneladas de aguas subterráneas adicionales se acumulan en los sótanos de los edificios que albergan los reactores.

Además del riesgo de que el agua se desborde al exterior, la acumulación del líquido está haciendo que los técnicos no puedan entrar en los edificios para comenzar a asesorar sobre el desmantelamiento de las unidades de fusión.

Para retardar esta acumulación de líquido, TEPCO creó un sistema para redirigir, antes de que desemboque en los edificios de los reactores, parte de esa agua subterránea al océano mediante un sistema de bombeo.

Por el momento, la empresa almacenó esa agua subterránea que logró desviar en unos tanques, mientras intenta lograr la aprobación de los pescadores para verterla en el mar.

Por su parte el gobierno nipón ordenó a TEPCO «congelar» la tierra del subsuelo alrededor de los edificios de los reactores para crear una suerte de muro que mantenga fuera el líquido.

Los complicados sistemas de refrigeración, que deben enfriar de manera continua los reactores, contribuyen a aumentar el enorme volumen de líquido radiactivo que TEPCO debe gestionar en la planta, según despacho de EFE.

El terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011 provocaron en la planta el peor accidente nuclear desde el de Chernóbil en 1986.

Las emisiones radiactivas resultantes mantienen evacuadas a miles de personas que residían en torno a la central y afectaron gravemente a la agricultura, la ganadería y la pesca local.