Donación de sangre

En ese período, los donantes voluntarios pasaron de representar el 4% del total de aportantes -que incluye a los remunerados y a quienes lo hacen por reposición en casos particulares- a cubrir el 35%, sostuvo la coordinadora del Plan Nacional de Sangre, Mabel Maschio.

En vísperas del Día Mundial del Donante de Sangre, que se celebra el 14 de junio, este crecimiento es «el más alto de la región en los últimos años”, afirmó la funcionaria.

El país se encuentra en “un momento de transición”, desde un sistema basado en la donación familiar para reposición al sistema basado en la donación voluntaria y habitual, como en los países más desarrollados del mundo, atendiendo a las recomendaciones de la OMS/OPS (organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud).

“La transformación es difícil porque implica un cambio cultural. Venimos de un sistema de donación que se instaló en la década del ’50, después de que se hubiera perdido la costumbre de dar sangre voluntariamente que traían nuestros abuelos europeos, que pasaron por tantas guerras”, dijo.

Maschio aseguró que “esta estructura de bancos de sangre hospitalarios que se abastecen a sí mismos a costa de poner al paciente en la obligación de traer determinado número de donantes ha demostrado ser ineficiente».

«A tal punto -siguió- que muchas veces se tenía que suspender una cirugía cuando el banco no tenía stock. En un sistema basado en donaciones voluntarias y habituales, esto no ocurre más”, agregó.

Según datos de la OPS/OMS, los agentes patógenos transmitidos por la sangre, como el VIH y la hepatitis, son mucho más comunes en la sangre de donantes remunerados y de reposición que en la de los donantes netamente altruistas, porque los primeros son más renuentes a admitir que han tenido algún comportamiento de riesgo.

“La prevalencia de infecciones en la sangre recolectada, hace 10 años, era cercana al 10% y hoy está en el 5,8%», precisó la funcionaria, y acotó: «Es decir que con el nuevo sistema hay más donantes, mejor calidad de donantes y menos descarte de unidades”.

El cambio de sistema implica no sólo reemplazar la modalidad de recolección de sangre, sino además reducir el número de bancos de sangre hospitalarios –que de 550 bajó a 129 en el sector público-, mediante su desdoblamiento en grandes centros regionales de hemoterapia o bancos de sangre centrales provinciales.

En estos bancos sólo ingresan miembros sanos de la colectividad para donar sangre, y se complementa con servicios de transfusión donde se atiendan sólo pacientes.

Además, supone la puesta en marcha de programas de donantes voluntarios que abastezcan a cada centro, la creación de un registro nacional de “empresas amigas de la donación”, la instalación de centros productores de componentes sanguíneos (glóbulos rojos, plaquetas y plasma) en las 24 provincias.

Actualmente, 62 países alcanzaron la meta propuesta por la OMS/OPS de 100% de donaciones voluntarias y altruistas, y 10 de ellos son americanos (Aruba, Bermuda, Canadá, Cuba, Curazao, Islas Caimán, Monserrat, Nicaragua, Surinam, Estados Unidos y Territorios Franceses).

“En América Latina sólo el 41% de la sangre donada proviene de donaciones altruistas y en Argentina ha habido una tremenda mejoría del 4 al 35%», expresó a Télam Pier Paolo Balladelli, representante de la OPS/OMS en Argentina.

Luego consideró que «alcanzar el 100% es una cuestión de cambio cultural, no sólo de organización del Estado. Hay que convencer a las personas de donar sangre por altruismo pero también porque algún día la vamos a necesitar y si no tenemos sangre segura en ese momento seremos víctimas de esa ausencia”.

Para Balladelli, “donar sangre es muy importante porque con sólo una unidad se pueden salvar hasta 3 vidas y el 100% de la sangre tiene que venir de donaciones voluntarias, altruistas y no remuneradas o de reposición, para que sea segura”.

Para alcanzar esa meta es necesario que todos los bancos tomen la decisión de tener un registro de donantes, dejando totalmente de lado el sistema de reposición, porque la coexistencia de los dos sistemas impide el desarrollo del donante voluntario.

Maschio puntualizó que “la modalidad de reposición compite y conspira con la modalidad voluntaria y habitual, porque una persona que ya ha dado en varias oportunidades por un familiar no accede a formar parte de un programa de donantes voluntarios, por miedo a que lo requieran nuevamente desde la familia».