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Cleonice Vieira de Moraes, de 54 años, se convirtió en la segunda víctima fatal de los enfrentamientos entre manifestantes y policías al fallecer el viernes por la madrugada.

La trabajadora de la ciudad de Belén, en el estado norteño de Pará, había sido internada el jueves tras inhalar grandes cantidades de gas lacrimógeno, lanzado por la policía militar para dispersar una manifestación.

La víctima se encontraba realizando su labor nocturna en el centro de la ciudad cuando la marea de manifestantes se acercó al ayuntamiento. Entonces comenzó un intercambio con las fuerzas de seguridad, según informa Folha de S. Paulo.

Cleonice y otros empleados se resguardaron en un tranvía transformado en atracción turística, lo que los dejó a resguardo de los proyectiles pero no de los gases.

Después de la explosión de las bombas, la mujer, que tomaba medicamentos contra la hipertensión, sufrió un paro cardíaco y fue trasladada al hospital, donde falleció horas más tarde.

Luiz Otavio Mota, secretario de Saneamiento de Belén, se defendió de las críticas diciendo que los trabajadores no están obligados a permanecer en el lugar y que lo ocurrido fue una fatalidad.

La Policía Militar aún no se pronunció oficialmente sobre el caso.

Días violentos

Más de medio millón de brasileños se lanzaron a las calles el jueves en, por lo menos, 80 ciudades del país para manifestarse. Durante las protestas hubo enfrentamientos con la policía y nuevas exhortaciones a eliminar la corrupción en el Gobierno y a ofrecer mejores servicios públicos.

La policía antimotines se enfrentó con los manifestantes en, por lo menos, cinco ciudades. Se desconoce el número total de detenidos.

Algunas de las escaramuzas más intensas fueron en Río de Janeiro, donde aproximadamente 300.000 manifestantes abarrotaron el centro de la ciudad. Hubo más de 30 heridos como resultado de los enfrentamientos, según O Globo.

Imágenes de televisión mostraron a la policía lazando gases lacrimógenos y balas de goma contra grupos de hombres jóvenes, con el rostro cubierto por camisetas. También se vio a otros manifestantes detenidos y acostados en las aceras.

En Brasilia, la policía batalló para evitar que cientos de manifestantes entraran al ministerio de Relaciones Exteriores, frente al cual los indignados provocaron un incendio.

Otros edificios del Gobierno fueron atacados alrededor de la explanada central de la ciudad, donde la policía también lanzó gases lacrimógenos y balas de goma para tratar de dispersar a los manifestantes. A su vez, las dependencias públicas fueron rodeadas por agentes de las fuerzas de seguridad en Brasilia, la capital del país.

También se reportaron enfrentamientos en la ciudad amazónica de Belem, en Porto Alegre, en la Universidad de Campinhas al norte de San Pablo y en Salvador.

En Porto Alegre, la sede central del Partido de los Trabajadores fue invadida y saqueada. Los manifestantes, además, atacaron bancos y casas de lotería.

«Un individuo atropelló a un grupo de tres manifestantes y un hombre falleció a causa de eso» en la ciudad de Ribeirao Preto, a 330 km de San Pablo, informó la Policía Militar a través de su cuenta de Twitter.

Este es el primer manifestante muerto en las protestas que comenzaron hace unos 10 días en Brasil.

La agitación abruma al país en momentos en que es sede de la Copa Confederaciones y hay decenas de miles de visitantes extranjeros. También ocurre un mes antes de la visita del papa Francisco y antes de la Copa Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, lo que plantea preocupaciones sobre cómo las autoridades garantizarán la seguridad.

En Salvador, en el noreste del país, la policía disparó gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar a una pequeña multitud que intentaba traspasar una barrera policial que bloqueaba una de las calles de la ciudad.

En otras partes de Salvador, unos 5.000 manifestantes se reunieron en la plaza Campo Grande.

Los participantes en las protestas llevan carteles que reclaman desde reformas al sistema de educación hasta autobuses públicos gratis. Critican, además, los miles de millones de dólares gastados en estadios para la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos.

Las protestas del jueves tomaron muy pronto el carácter de una fiesta, sin el vandalismo y los choques con la policía que marcaron otras en días anteriores.

Personas de todas las edades, muchas de ellas envueltas en banderas, se congregaron frente a la majestuosa Iglesia de la Candelaria en el centro de Río, mientras que grupos en otras partes cantaron lemas contra el gobernador del estado al compás de ritmos de carnaval.

Cuando jóvenes sin camisa, muchos de ellos con camisetas cubriéndoles los rostros, empujaban y forzaban su avance entre la muchedumbre, la gente respondió espontáneamente con gritos de «¡Sin violencia!«.

Pero al igual que a principios de esta semana, los enfrentamiento comenzaron cuando cayó la noche.

Varios líderes municipales ya han aceptado las exigencias de los manifestantes de revocar el aumento del pasaje del transporte público con la esperanza de que la furia contra el Gobierno se aplaque.