Teatro Libertador Córdoba

Acreedor de un premio Konex de Platino a la mejor producción, así como de la distinción que otorga el Sindicato Único de Trabajadores del Espectáculo, Carlos Rottemberg es reconocido como uno de los máximos productores teatrales de Argentina.

Rottemberg destaca la actividad teatral en la Argentina

Lleva más de cuarenta años en el rubro y comenzó en esta tarea cuando era un joven y -ya repetida anécdota- se interesaba más por el paisaje que se desplegaba en la platea que por lo que sucedía arriba del escenario.

«Argentina es el único país del mundo con más espacios de artes escénicas que cines», subrayó el empresario que, dada su condición, prefiere los datos a las interpretaciones.

En ese sentido, destacó que «Buenos Aires es la tercera plaza de teatro comercial y la primera de teatro independiente del mundo».

Rottemberg es dirigente de la agrupación que nuclea a los empresarios del teatro AADET, salió en noviembre de 2012 al cruce de los caceroleros y se fascina viendo dramaturgia joven y nuevas propuestas artísticas.

En aquella oportunidad escribió una carta abierta redefiniendo -y redirigiendo- la palabra violencia. Hoy asegura: «Me gusta mucho este momento de Argentina, en que estamos ´divididos´; ahora sabemos bien de qué lado está cada uno».

En lo más alto de la producción teatral privada y propietario del Multiteatro y de otras salas porteñas y del interior del país, Rottemberg es, sin embargo, un apostador a la actividad del teatro independiente.

Como  productor comprende que es en esos espacios del circuito no comercial donde se forman los actores que, con el tiempo, serán considerados los mejores y consagrados por el público y la crítica. «Los grandes actores surgen y seguirán surgiendo del teatro independiente», calibra Rottemberg, con toda la certeza que le dona el oficio.

Con esa convicción, el empresario tuvo la iniciativa de fundar el premio Artei que, desde el año pasado, otorga una suma de dinero para el financiamiento parcial de obras de teatro independiente, en una especie de no pretendida trasposición de los postulados de Pierre Bourdieu sobre el funcionamiento del campo intelectual, donde los nuevos artistas se desplazan desde la periferia hacia el centro de actividad artística negociando con los “campos legitimantes” instituido en premios, jurados, críticas y medios de comunicación.