Tecnología

Los avances de la tecnología hacen que podamos tener todo bajo control con solo tocar un botón o mirar una pantalla muy pequeña. Existen infinidad de dispositivos que nos permiten saberlo todo: cuántos kilómetros corrimos, cuántas calorías quemamos en una caminata, cuál es nuestro nivel de glucemia o nuestra presión arterial, y hasta podemos saber la duración e intensidad de nuestro descanso gracias a una pulsera.

Según una reciente encuesta efectuada en Estados Unidos por Pew Research Center Internet & American Life Project, 7 de cada 10 personas controla regularmente algún aspecto de su salud o de otra persona, usando desde la memoria humana hasta un dispositivo tecnológico, tal como refiere Alissa Quart en una nota publicada en The Daily Beast.

Entre los 3.000 adultos encuestados, los ítems más populares para monitorear fueron el peso y la dieta. Un tercio de los encuestados también hacían un seguimiento de otros índices de su salud, desde el control de la tensión arterial al dormir hasta el índice de glucemia.

Hay quienes cuantifican las actividades de sus mascotas con collares GPS y otros que, mediante la medición de la temperatura de la piel y el movimiento de su bebé, obtienen información sobre el estado de su mente.

Mientras que muchos de ellos mantienen esta información solo en su cabeza, un 50 % posee un registro escrito de los datos, ya sea utilizando la tecnología o un papel. Otros, no tienen problema en compartir los resultados en Internet, como aquellos que utilizan ciertas aplicaciones y publican las indicaciones y recomendaciones en las redes sociales, mostrando su contenido a quien quiera verlo.

Es que no solo aquellas personas que quieren cuidar su salud se avocan a esta tendencia de tenerlo todo bajo control. Hay quienes también controlan la cantidad de minutos al día que utilizan su teléfono inteligente, chequean permanentemente los sistemas de vigilancia de interior y medioambiente o utilizan una aplicación para conocer cuál sería el mejor lugar para vivir.

Sin embargo, tener todo bajo control y vivir pendiente de cada uno de los datos de nuestro cuerpo puede tener un costado negativo.

Nadie discute la importancia que tiene para un asmático utilizar un inhalador con un sensor inalámbrico que registra cuando le falta el aliento, cuando la persona está cerca de un producto químico que puede afectar su respiración, que lo alerte cuando está por padecer un ataque o que registre los detalles de éste. Lo mismo sucede con un diabético que utiliza un dispositivo para conocer su índice de glucemia.

Pero estar permanentemente preocupado por los datos de nuestro cuerpo puede provocarnos una obsesión tal por la salud que nos lleve a padecer hipocondría. Demasiada información que no podemos procesar por carecer de nociones médicas podrían llevarnos a tocar este extremo.

Aprovechar las herramientas que nos ofrece la tecnología para saber cuántos kilómetros recorrimos haciendo ejercicio o conocer la cantidad de calorías diarias que ingerimos en el día puede también ser un arma de doble filo. Algunas personas pueden tomar estos datos como algo positivo para seguir ciertas reglas en su conducta alimentaria y no ganar peso. Pero otras podrían obsesionarse y desarrollar un trastorno alimentario, como la anorexia o la bulimia.

Asimismo, nuestra privacidad se vería invadida publicando en las redes sociales o en Internet los resultados de las indicaciones que nos dan las aplicaciones que utilizamos, dejando información personal que puede ser utilizada por las empresas de datos.

«La invasión de la privacidad es un problema», dice Jaron Lanier Lanier, un científico informático y autor del libro “Who owns the future”, según publica The Daily Beast. «Una empresa del Reino Unido ha pedido a sus trabajadores que lleven con ellos dispositivos portátiles para monitorear cómo está su salud: esto parece una locura. En el contexto de América, cuando se utiliza este tipo de sensores para controlar la salud, también se está enviando esa información a los agregadores de datos».

The Daily Beast narra que hace tres años, “scrapers” de la empresa Nielsen trataron de entrar y obtener información sobre la salud de los enfermos mentales para poder publicarla en un foro del sitio. «Incluso si usted está cuantificando sus propios datos, si éstos pasan por la nube, puede ser explotado. Usted se está haciendo vulnerable«, advirtió Lanier.

A pesar de que la tecnología nos deja todo servido y al alcance de nuestra mano, lo cierto es que estas herramientas deben usarse siempre a conciencia y en la medida que realmente sean necesarias, siempre resguardando nuestra privacidad.