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Renunció a usar cama, algo común con sus predecesores. Y no quiere tener un aeropuerto especial para su salida.

En el viaje de una semana a Río de Janeiro que iniciará el domingo 21, el Papa argentino fue tajante: “No quiero privilegios ni comodidades especiales”. Con tiempo hizo escribir a la Secretaría de Estado vaticana una carta a la compañía Alitalia, que tradicionalmente lleva y trae a los pontífices a la sede romana. Francisco aclaró que renunciaba a que le prepararan la cama que sirvió para asegurar un mejor descanso a sus predecesores en los largos vuelos intercontinentales. Además, preguntó: “Los pasajeros comunes ¿de dónde parten a Río?”. “De Fiumicino”, le respondieron. Es el gran aeropuerto de Roma. “Entonces prefiero Fiumicino, no quiero crear problemas partiendo desde Ciampino”.

Así sea. Ciampino es el viejo aeropuerto de la capital, que normalmente trabaja con los vuelos charter. Especial para acoger a los papas porque además está en la carretera que lleva a Castelgandolfo, la residencia estival de los pontífices. Además, el rechazo de privilegios obligó a la compañía a adecuarse en todo y los dirigentes de Alitalia anunciaron al Vaticano que en lugar del lujoso y veloz Boeing 777 –el aparato de vanguardia de la flota– a disposición de Francisco, su comitiva y el grupo de periodistas que lo acompañarán volará el Airbus 330 que cubre habitualmente el tramo Roma–Río.

Viajar en primera es ya un lujo para Bergoglio.

Cuando venía a Roma como obispo primero y cardenal después, lo hacía siempre en clase económica. Lo único que pedía es sentarse en el sector de las puertas de emergencia”, escribíó ayer Andrea Tornielli en “Vatican Insider”. Jorge Bergoglio necesita aliviar su ciática estirando las piernas. Así lo hizo el 26 de febrero último, cuando partió para siempre de Buenos Aires antes de ser electo Papa.

Tornielli cuenta también de un diálogo publicado por el sitio “Terredamerica” entre Francisco y su amigo, el periodista Jorge Milia. Bergoglio le cuenta su afecto y reconocimiento hacia su predecesor Joseph Ratzinger. “No te imaginás la sabiduría y humildad de este hombre”, le dice el Papa argentino. “Sería estúpido que renunciara a los consejos de una persona así”. Estas frases confirman que entre el Papa en ejercicio y el emérito Benedicto XVI, que renunció a fines de febrero, existe un fluido diálogo y encuentros frecuentes. Ambos viven a unos cientos de metros de distancia, en el Vaticano.

Francisco contó a su amigo cuánto le gusta el contacto directo con la gente. “No ha sido fácil hacerlo aceptar por quienes tiene a su alrededor”, escribe Milia a “Terredamerica”. Bergoglio le dijo: “No ha sido fácil, Jorge. Aquí hay muchos ‘patrones’ del Papa y con muchos años de servicio”.

“Ha sido difícil no aceptar que le manejaran la agenda de encuentros. Me dijo que por eso no quiso vivir en el Palacio Apostólico. Muchos Papas han terminado por convertirse en ‘prisioneros’ de sus secretarios”. “Soy yo el que decide a quién ver, no mis secretarios”, le dijo Bergoglio. “Me dijo que los Papas han estado aislados por siglos y que esto no está bien. El lugar del pastor es con sus ovejas”.