La Campora

Tras siete años de «Revolución Argentina» (Onganía, Levingston, Lanusse) y 18 de permanentes proscripciones, el peronismo logró consagrar una fórmula presidencial el 11 de marzo de 1973, con la victoria de la dupla Héctor Cámpora-Vicente Solano Lima.

El nombre de Cámpora, un odontólogo de San Andrés de Giles, nacido en Mercedes y militante peronista de la primera hora, apareció en la lista del Frejuli porque una cláusula impuesta por la dictadura de Lanusse impedía a Perón presentarse como candidato.

Cámpora, bautizado «El Tío» por la «Tendencia» peronista, que aglutinaba a la izquierda y al sector revolucionario del movimiento, fue el último delegado de Perón en el país y bendecido como candidato por el viejo líder tras su breve regreso al país a fines de 1972.

Mucho se habló en su momento -y se sigue hablando- sobre cuáles eran las verdaderas intenciones de Perón. ¿Designó a Cámpora para que éste cumpla su mandato y poder cumplir él un rol superador en la política nacional y regional? ¿O fue su intención que Cámpora asuma para que luego renuncie y se fuerce el regreso de Perón a la presidencia?

Lo cierto es que, más allá de estos interrogantes, la situación pasó por encima a Cámpora y su breve presidencia, de sólo 49 días, estuvo signada por un clima convulsionado en todo el país. Además, el «Tío» quedó en el medio de las disputas internas del peronismo, que explotaron pese a la presencia de Perón en la Argentina.

 

Cámpora al gobierno, Perón al poder

 

Ese fue el lema inmortalizado en la campaña electoral que llevó a Cámpora a la presidencia en los comicios del 11 de marzo. Desde Puerta de Hierro, la «meca del peronismo», el dos veces presidente de la Nación seguía atentamente los acontecimientos. La fecha señalada para la asunción del «Tío» quedó fijada para el 25 de mayo. Sin embargo, Perón decidió no regresar al país para participar de la asunción.

¿Ya había caído en desgracia Cámpora? Según Miguel Bonasso, por entonces Secretario de Prensa del Frejuli, las «maniobras» para desplazar al flamante presidente comenzaron en la propia Quinta 17 de Octubre apenas consumado el triunfo electoral. José López Rega, secretario privado de Perón, e Isabel, esposa del líder, eran los mentores de la movida.

El «pecado» de Cámpora habría sido su «manifiesto vínculo» con la Tendencia revolucionaria y Montoneros y su «cambio de intenciones» con respecto al carácter transitorio de su presidencia. Así lo expresó Benito Llambí, otro histórico del peronismo y protagonista de aquellos días, en sus memorias (Medio siglo de política y diplomacia, Corregidor).

Dejando de lado estas intrigas que estaban a la orden del día en un peronismo en ebullición que ya empezaba a disputar la herencia de Perón, Cámpora tampoco ayudaba con su gestión. Las circustancias lo desbordaron y el control del poder se le fue de las manos.

El «Devotazo» (liberación forzada de presos políticos cuando ya estaba preparada la amnistía en el Congreso), las ocupaciones de dependencias públicas y universidades y el caos desatado en Ezeiza el 20 de junio (día del regreso definitivo de Perón al país) fueron los episodios que terminaron de erosionar la relación Cámpora-Perón.

El periodista y escritor Juan Bautista Yofre, autor de varios libros sobre la época, sostiene que todos estos acontecimientos «causaron un gran malestar en Perón, que era un hombre de orden, un hombre de Estado». Julio Bárbaro, elegido diputado en la lista del Frejuli, recuerda que a «Perón lo enojaba que todo eso se tomara como un hecho revolucionario» y no como «desbordes tras los años de dictadura».

 

La renuncia

 

Con Perón en el país, el poder real se trasladó a la casa que el General ocupó en la calle Gaspar Campos, en Vicente López. Allí concurrían políticos de todos los sectores. Incluso se desarrollaban en esa vivienda las reuniones de Gabinete.

Cada vez más solo, y mientras seguía en pie su caótica presidencia, Cámpora alejado de Perón, comenzó a meditar su renuncia para dejar el camino libre a la Casa Rosada al líder peronista. Bonasso (El Presidente que no fue, Planeta) afirma que «cuando (Cámpora) se convenció de que Perón quería ser presidente, no tuvo dudas y debía ser él y solo él quien garantizará el traspaso del mando».

Otro afirman, como Llambí, que «Cámpora cambió sus intenciones y meditaba mantenerse en la presidencia». Lo concreto es que la presidencia del «Tío» tenía fecha de vencimiento.

El 4 de julio de 1973 se llevó a cabo una reunión en Gaspar Campos. Perón estuvo un rato y luego se retiró a la planta alta. Abajo quedaron Cámpora, Solano Lima, Isabel, López Rega y varios ministros. «Estaba todo planeado», dice el «Tata» Yofre (El Escarmiento, Sudamericana).

López Rega e Isabel recriminaron a Cámpora por el rumbo de su gobierno y por su acercamiento a la muchachada «desmelenada y ruidosa», en alusión a la Tendencia. Ante la amenaza de «Isabelita» de llevarse a Perón de vuelta a Madrid, Cámpora dijo que su cargo estaba «a disposición del General, como siempre lo estuvo».

En ese momento, Solano Lima dio el «golpe de gracia» y anunció que presentaba su renuncia «indeclinable» como vicepresidente. Según esta versión, esto obligó a Cámpora a seguir el mismo camino. Los presentes acordaron que los anuncios se harían efectivos el sábado 14 de julio para no enturbiar los festejos programados para el 9 de Julio, día de la Independencia.

Incluso Bonasso sostiene que López Rega pidió que los anuncios no se hagan efectivos el viernes 13 por la connotación «yeta» que tiene esa fecha. Insólito.

Sin embargo, la noticia de la renuncia del presidente y el vice, que prometió ser mantenida «bajo estricto secreto», no quedó dentro de las paredes de Gaspar Campos. Los sectores que querían ver a Cámpora lejos de la Rosada expresaron su alegría a través de declaraciones explosivas y la usina de rumores comenzó a funcionar a todo ritmo.

«Se acabó la joda», aseveró el líder de la CGT José Ignacio Rucci, mientras que el metalúrgico Victoria Calabró, vicegobernador bonaerense, dijo que «estando el general Perón en el país, nadie puede ser presidente de los argentinos más que él».

En el medio, el 10 de julio, Perón citó al jefe del Ejército, Jorge Raúl Carcagno para comunicarle su decisión de volver a ponerse la banda presidencial. «Voy a hacerme cargo del gobierno y quiero que el Ejército lo sepa antes que nadie», le reveló.

Mientras tanto, se sacaba del medio a Alejandro Díaz Bialet, presidente provisional del Senado y primero en la línea sucesoria, con un decreto firmado por Cámpora que lo nombraba «embajador extraordinario y plenipotenciario». La maniobra se realizó para que la presidencia interina sea asumida por Raúl Lastiri, titular de Diputados y yerno de López Rega.

La suerte estaba echada, pero Montoneros hizo un último intento por convencer a Cámpora de mantenerse en la Rosada. Roberto Perdía, de la conducción nacional, contó que la noche anterior a la renuncia, uno de los hijos de Cámpora les comunicó la noticia a él y a Mario Firmenich.

«Le dijimos que en la Argentina había otras alternativas, que se podía meter preso a López Rega, que correspondía por lo de Ezeiza» e hizo un repaso de los gobernadores que eran aliados de Montoneros y dio cuenta de la fuerza con la que contaban para «bancar» su permanencia en la presidencia. La sugerencia no tuvo el resultado esperado porque «Cámpora decidió irse igual».

Finalmente, la realidad se impuso sobre los malos augurios que el «Brujo» López Rega le había atribuido al día 13 y las esperadas renuncias de Cámpora y Solano Lima se comunicaron ese viernes del agitado julio de 1973. La noticia, que ya era un secreto a voces, había explotado en todos lados y la fecha pactada, que era el sábado 14, quedó de lado.

«Elevamos nuestras renuncias con carácter de irrevocables al Congreso de la Nación. Ponemos a consideración del pueblo argentino lo que éste hubiera votado con satisfacción, orgullo y alegría el 11 de marzo, al líder de nuestro movimiento y al líder de los trabajadores, el General Juan Perón», dijo Cámpora, visiblemente emocionado al despedirse por cadena nacional. El «Tío» se iba. Empezaba otra historia.