Iglesia de La Falda

A la vera de la Cordillera de los Andes se encuentran un docena de pueblos de la provincia de Catamarca que integran el corredor turístico, reflejan la técnica ancestral de construcción arquitectónica, el adobe. El recorrido abarca 55 km de rutas de asfalto y caminos consolidados, que van desde Tinogasta hasta Fiambalá, en este se esparcen viejas construcciones que conforman un circuito histórico cultural que se recorre en auto, en bicicleta o a caballo.

En el circuito turístico conocido como la ruta del adobe se observan construcciones populares que han resistido muchos siglos de pie, incluso a pesar de la agitación propia de los muchos terremotos que suelen sacudir esta zona.

El camino inicia en la ciudad de Tinogasta, a 280 km de la capital de la provincia de Catamarca que lleva el mismo nombre de ésta. De aquí se parte hasta El Puesto, en donde se alza la primera de las iglesias consagrada a la Virgen del Rosario a principios del siglo XVIII. Se trata de una capilla privada, de allí su nombre: Oratorio de los Orquera. Su nave de techos con vigas de algarrobo curvado y una torre campanario de estructura circular realizada en barro preserva una impresionante imagen de la Virgen, un óleo de la Sagrada Familia e imaginería procedente de Chuquisaca.

Cinco kilómetros más adelante está La Falda y allí la Iglesia de Andacollo, un templo de mediados del siglo XIX que combina el adobe de las paredes con molduras de cemento y cal aunque dañado por un movimiento sísmico.

En la localidad de Anillaco de esta misma provincia, se encuentra  el que fuera un importante centro económico y religioso. Allí, en un edificio de 1712, funciona el Museo Histórico Provincial Mayorazgo, construido en adobe y algarrobo, con techos curvados que recuerdan las estancias andaluzas de la época. En Anillaco está  la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, quizás el más perfecto exponente de la arquitectura en adobe. Es del siglo XVIII, y destaca por los muros de adobe de un metro de ancho, el techo de caña y barro y el piso de tierra. En su interior podemos ver obras muy antiguas llegadas a esta zona desde el Alto Perú.

La ruta sigue hacia Batungasta, a orillas del río La Troya. En este caso, el atractivo no es una iglesia, sino los restos de un asentamiento indígena conocido como Watungasta, “pueblo de los grandes adivinos“, que se remontan a principios del 1700.

Algunos investigadores hablan de once siglos de ocupación ininterrumpida, desde el año 500. Las ruinas de un pucará con viviendas simples y lugares de reunión se extienden unas 11 hectáreas. Era éste un centro estratégico para el intercambio transandino de bienes y productos.

El circuito finaliza en Fiambalá donde encontraremos a dos de las joyas de la ruta del adobe. Apenas se ingresa al pueblo, a 3 km del centro, se puede admirar la Iglesia de San Pedro de 1770, un auténtico ejemplo de la arquitectura colonial. El capitán español Domingo Carrizo dispuso su construcción y ordenó traer desde Bolivia la imagen de San Pedro Caminador. Ha sido declarada Monumento Histórico Nacional.

Y a sólo 1 km de allí, la Comandancia de Armas (1745) construida por Diego Carrizo quien trajera las primeras cepas de vid a la región.

Un itinerario que se permite apreciar la historia plasmada en barro, ideal para los amantes de la arquitectura popular americana.

Fuente: diariodelviajero.com