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Tras reunirse con la cúpula del gobierno de facto y de las Fuerzas Armadas, Burns se refirió al escenario posterior al derrocamiento del presidente Mohamed Mursi.

Deseó que «sea una posibilidad para aprender algunas de las lecciones y corregir algunos de los errores de los últimos dos años», según la agencia de noticias EFE.

«El periodo transitorio es una segunda oportunidad después de la revolución del 25 de enero (de 2011) para crear un estado democrático que preserve los derechos humanos y permita el bienestar económico», agregó.

El funcionario estadounidense, el primero en visitar Egipto luego del golpe de Estado de enero, se reunió hoy con el presidente de facto egipcio Adly Mansour, su primer ministro Hazem El Beblawi y el jefe del Ejército, el general Abdel Fattah El Sissi.

Burns había llegado ayer a Egipto en una visita de tres días con la intención de reunirse con las nuevas autoridades del gobierno designados por la cúpula militar golpista, representantes de la sociedad civil y empresarios.

En una conferencia de prensa en la embajada estadounidense en El Cairo, pidió hoy al gobierno de facto «trazar su camino hacia la democracia» y hacerlo de manera «transparente y que no excluya a ningún grupo».

Burns no mencionó a la Hermandad Musulmana, pero la referencia al  movimiento islamista al que pertenece Mursi y que sigue reclamando en las calles su vuelta al poder fue muy clara.

En línea con las últimas declaraciones de la Casa Blanca, Burns pidió que la hoja de ruta, anunciada por el presidente de facto hace sólo unos días, facilite el pronto regreso a un gobierno civil elegido democráticamente.

La Casa Blanca reaccionó al derrocamiento de Mursi expresando su preocupación por las detenciones y la represión a militantes y dirigentes islamistas, pero nunca calificó al quiebre democrático del 3 de julio pasado como un golpe de Estado.

De hacerlo, la Casa Blanca debería suspender toda la ayuda financiera y militar a Egipto, que representa unos 1.500 millones de dólares anuales.