violenta marcha

Una violenta manifestación el miércoles por la noche en los barrios cariocas de Leblón e Ipanema, que se prolongó hasta ayer, fue casi un anticipo de las movilizaciones que pueden ocurrir la próxima semana con la llegada del papa Jorge Bergoglio, el lunes próximo a las 16 horas. Las protestas tuvieron como epicentro la residencia del gobernador Sergio Cabral. Pero a media noche se extendieron por las zonas vecinas y terminaron con el saqueo de tiendas, la destrucción de cajeros y la rotura de vidrieras.

El reforzado aparato de seguridad que bloqueó el acceso al edificio no fue sin embargo suficiente como para contener los destrozos provocados durante horas en la vecindad. Vecinos que testimoniaron el episodio, en declaraciones a la prensa, dijeron que la policía militar, encargada de ese operativo, no se había esmerado en impedir el incendio de barricadas y las roturas de los frentes a lo largo de una de las avenidas principales de ese barrio carioca de clases altas.

Ayer por la mañana hubo una reunión cumbre, de emergencia, entre el gobierno estadual, representantes de las Fuerzas Armadas y de la policía militar, que es provincial. Al concluir ese encuentro, el secretario de Seguridad fluminense José Mariano Beltrame evaluó que las autoridades deben batallar “contra una turba, que coloca a la policía entre la inacción y el abuso”. Dijo, también, que “no hay un protocolo de cómo se debe actuar frente a un gentío descontrolado. Sólo hay protocolos a seguir cuando las manifestaciones son organizadas, tienen líderes conocidos, horarios y trayectos definidos”. Para Beltrame no hay una receta a seguir: “Ahora tenemos que repensar la estrategia. Vamos a analizar lo que ocurrió y deberemos rehacer la planificación para enfrentar nuevas manifestaciones”.

El comandante de la policía militar provincial, coronel Erir Ribeiro Costa admitió que “los batallones tuvieron dificultades para contener el vandalismo”. E indicó como un factor nuevo, difícil de enfrentar, el hecho de que las protestas no tengan liderazgos partidarios o de organizaciones sociales conocidas. “No estábamos preparados para esta nueva situación” declaró. Pero además señaló: “No sabemos quién está por atrás de todo ese tumulto. Es cierto que hubo dificultades pero nosotros no estamos perdidos y, si no hubiéramos estado allí, habría sido la anarquía”.

Relatos de los vecinos de Leblón indicaron que inicialmente fue una protesta pacífica. Pero por la noche, pasadas las 22, jóvenes enfurecidos tiraron piedras contra la policía. Los soldados de la PM devolvieron gases lacrimógenos y balas de goma. Entonces los manifestantes montaron barricadas a lo largo de la avenida Ataulfo de Paiva. Otros, embozados con las camisetas, la emprendieron contra las agencias bancarias y otros establecimientos y hubo saqueos en una tienda de ropas.

El temor de las fuerzas de seguridad es que episodios de este tipo reaparezcan durante las reuniones del Papa Francisco con los fieles. Algunos recordaron que el lunes, día en que Bergoglio aterrizará en Río –a media tarde—está prevista una nueva marcha, convocada a través de las redes sociales. Para Beltrame, “esas marchas son imprevisibles”.

La policía no tiene intervención directa en la visita del pontífice; esta fuerza participa a título de consejera. Las cuestiones de agenda y seguridad las tratan el gobierno federal y el Vaticano. “Las posibilidades de manifestaciones exige una respuesta diferenciada”, reclamó el secretario Beltrame.

Algunas medidas ya han trascendido. Por de pronto no se permitirá, a los fieles que asistan a la misa papal en Guaratiba, el ingreso al lugar portando máscaras. La seguridad en torno al Campus Fidei, sede de la vigilia y la misa, será realizada por 7.000 militares del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. También habrá barreras en un radio de 4 kms, similar a lo que ocurrió con los estadios mundialistas durante la Copa de Confederaciones. Para las FF.AA. no hay riesgos ya que “hace tiempo que trabajamos con la posibilidad de que haya protestas” dijo el general José Alberto Costa Abreu, quien está al comando del operativo.