Jornada Mundial de la Juventud en Río

Miles de jóvenes de todo el mundo -entre ellos una delegación de más de 40 mil argentinos- se congregaron esta noche en la arena de la playa más famosa de Brasil para participar de la celebración eucarística, que presidió el arzobispo de la ciudad, Orani João Tempesta.
Desafiando una jornada que se presentó con lluvias y viento, los peregrinos demostraron su fervor y entusiasmo, y pusieron color al final de este día gris con sus banderas, carteles, remeras representativas de cada país, y pilotos para protegerse del agua.

«El mundo necesita gente joven como ustedes. Son el don de esperanza de una sociedad que espera que su crisis de valores tenga una solución. Están llamados a ser protagonistas de un nuevo mundo», les dijo el arzobispo de Río al darles la bienvenida.

En su homilía, monseñor Tempesta señaló que «el primer peregrino,  el Papa Francisco, está con nosotros en este viaje y nos indicará el camino en estos días» y agregó: «queridos jóvenes, no tengan miedo de abrir sus corazones a Cristo».

«Vamos a construir puentes en lugar de muros y obstáculos. El mundo, a través de ustedes, tiene que ver que esta ciudad tiene que ser testigo de la solidaridad, la participación y la aceptación del amor de Cristo Redentor», añadió.

La misa de apertura se celebró sobre el mismo imponente escenario que será sede de los actos centrales del jueves y viernes de esta semana, que encabezará el papa argentino, y para el que se esperan un millón y medio de asistentes.

En tanto, en su segundo día en Río, Francisco permaneció en la residencia Sumaré -donde se aloja- ya que no tenía programadas actividades en su agenda para recuperarse del viaje y la intensa jornada de recibimiento que vivió ayer en las calles de la «ciudad maravillosa».

No obstante, no dejó de comunicarse con los jóvenes y utilizó la popular red social Twitter tres veces durante el día para comunicarse con ellos.

«Gracias. Gracias. Gracias a ustedes y a las autoridades por haberme dispensado una acogida tan cálida en tierra carioca», escribió temprano en su cuenta @pontifex_es y más tarde: «La Iglesia es joven y esto se percibe muy bien en la JMJ. Que el Señor les mantenga siempre a todos ustedes jóvenes de corazón».

Por su parte, la colorida y festiva misa de apertura en Copacabana fue presidida por los símbolos de la jornada mundial: la cruz peregrina de madera que fue entregada por Juan Pablo II a los jóvenes en 1983 y un ícono de Nuestra Señora entregado en 2003 por el papa polaco para que sea llevado por el mundo.

En las intenciones, se rezó por los jóvenes «perseguidos, marginados, dependientes, que buscan encontrar su camino», por  chicos fallecidos en trágicas circunstancias en Brasil, por los que mueren producto de la «violencia y la exclusión» y, por los jóvenes detenidos.

Durante la celebración, leyó un mensaje para los jóvenes el presidente del Pontificio Consejo para Laicos -el organismo vaticano que se encarga de la organización de las JMJ-, el cardenal Stanislaw Rylko.

También en la ceremonia fue lanzado el sello conmemorativo de la visita del papa Francisco al Brasil por el presidente del Correo, Wagner Pinheiro de Oliveira, quien entregó un álbum de regalo al secretario de Estado Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone.

Antes y después de la celebración eucarística, los jóvenes  disfrutaron de shows musicales de artistas católicos y populares de distintas partes del mundo, sobre el impresionante escenario que ocupa un área de 3800 metros cuadrados y una rotonda con 61,45 metros de largo, por 10 a 15 metros de altura, con una cruz de 17 metros de altura.