Papa Francisco (6)

El mensaje del Sumo Pontífice giró en torno a tres conceptos: “id”, “sin miedo”, “para servir”, tomadas del mensaje de Jesús a sus apóstoles cuando les pidió que llevasen en Evangelio a todo el mundo.

El Papa exhortó a los jóvenes que participaron de esta 28° edición de la JMJ a compartir con otros la experiencia vivida en estos días y a los sacerdotes que los acompañaron a seguir haciéndolo.

La fe es una llama que arde cuando es transmitida; no dejen que se apague la llama de la fe”, les dijo Francisco a los cientos de miles de asistentes a la misa de clausura de la Jornada, en un mensaje centrado en el deber  de evnagelizar.

“Cuidado, advirtió, Jesús no ha dicho ‘vayan si quieren’, dijo ‘¡vayan!’”.

Se estima que tres millones de personas participan de la ceremonia que da cierre a la 28ª edición del encuentro. Asisten Dilma Rousseff, Evo Morales y Cristina Kirchner. Al finalizar, el Papa anunciará en qué ciudad se hará la próxima edición

Cientos de miles de jóvenes pasaron la noche en la playa luego de la vigilia de oración que se realizó anoche frente al gigantesco palco montado para la ocasión. Hubo espectáculo, música y un mensaje del Papa. Según las autoridades municipales, tres millones de personas particparon. Muchos peregrinos permanecieron en el lugar a la espera de la ceremonia de hoy.

“Compartir la experiencia de la fe, dar testimonio de la fe, es el mandato que el Señor confía a toda la iglesia, también a ti”, dijo el Papa en la esperada misa de clausura, señalando a la multitud.

En su homilía, leída parte en portugués y parte en español, siguió diciendo: “Es un mandato que no nace de la voluntad de dominio, de poder, sino de la fuerza del amor, del hecho de que Jesús ha venido ante nosotros y nos ha dado no algo de sí, sino todo Él, ha dado su vida para salvarnos y mostrarnos el amor y la misericordia de Dios”

“Jesús no nos trata como a esclavos –aseguró Francisco sino como a personas libres, amigos, hermanos, y no sólo nos envía sino que nos acompaña, está siempre a nuestro  lado en esta misión de amor”, para la cual “no hay fronteras ni limites, Él nos envía hacia todas las personas; el Evangelio es para todos y no apenas para algunos, sólo para los que nos parecen más cercanos, es para todas la personas”.

No tengan miedo”, fue una de las exhortaciones más repetidas del Papa a los jóvenes: “No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a todos los ámbitos, a las periferias existenciales incluso a los países más distantes, más indiferentes, el Señor quiere que todos sientan el calor de su misericordia y su amor”.

“América Latina necesita de Cristo”, aseguró el Papa.

Evocando al joven José de Anchieta, jesuita español que desarrolló su ministerio en Brasil, y que se hizo  misionero a los 19 años, el Papa preguntó: “¿Saben cuál es el mejor instrumento para evangelizar a los jóvenes? Otro joven; ése es el camino que debe ser recorrido por usetedes, sin miedo”.

Finalmente, llegó su exhortación más fuerte: “Cuando Dios envía al profeta Jeremías le da poder para arrancar arrasar y destruir para demoler para reedificar y plantar. También es así para ustedes.  Llevar el evangelio es llevar la fuerza de dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia, para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio, y para edificar un mundo nuevo”.

Y concluyó: “Queridos jóvenes, Jesucristo cuenta con ustedes, la Iglesia cuenta con ustedes, el Papa cuenta con ustedes”.

Esta misa final de la 28ª Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) debió cambiar de escenario por razones climáticas. Iba a tener lugar en el Campus Fidei de Guaratiba, a 40 kilómetros del centro de Río de Janeiro, pero las constantes lluvias de esta semana lo inundaron impidiendo que la vigilia del sábado se realizase allí. Todo fue trasladado a la playa de Copacabana.

Al final de la ceremonia, el Papa agradeció al arzobispo de Río de Janeiro, Oraní Tempesta, por la organización de la Jornada, y al cardenal polaco Stanislaw Rylko, quien tuvo a su cargo el mensaje de despedida y agradecimiento a Francisco.

“Agradezco también a los jóvenes por todas ala alegrías que me dieron en estos días, ¡obrigado!”, exclamó el Papa arrancando una enésima ovación del público. “Los llevo en mi corazón”.

Hizo entonces su última exhortación a los jóvenes: seguir el ejemplo de la Virgen María quien, luego de recibir la buena nueva, no se quedó encerrada en su casa sino que salió a ayudar a su pariente Isabel que la necesitaba.

“Jesús los ha llamado a ustedes a ser sus discípulos misioneros. ¿No es verdad que en estos días ustedes (…) entendieron mejor que el evangelio es la respuesta al deseo de una vida más plena? Que María nos enseñe con su vida qué significa ser discípulo misionero. Cuando el ángel le anunció que sería la madre del Mesías, ella confió en Dios, dijo ‘aquí está la esclava del señor, que se cumpla en mí tu palabra. He aquí nuestro modelo, aquella que recibió su don más precioso como primer gesto se puso en camino para servir”.

“Jamás tengan miedo de ser generosos con Cristo, vale la pena”, concluyó.

Al concluir la misa, el Papa recitó el Ángelus y reveló que será Cracovia la ciudad que recibirá la próxima JMJ en 2016.

Esta fue la última actividad pública y masiva de Francisco, tras una intensa agenda que empezó el lunes 22 cuando llegó a Río de Janeiro, y que incluyó una peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Aparecida, en el estado de San Pablo, una visita a una favela de Río, una gran fiesta de bienvenida en Copacabana y una reunión con dirigentes políticos, sociales y empresariales del Brasil, entre otras actividades.

Por la tarde, habrá sin embargo otras reuniones más privadas: a las 16 horas (19 GMT), el Obispo de Roma se reunirá con el Comité de Coordinación del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) en el Centro de Estudios de Sumaré, donde se ha alojado en esta semana que pasó en la capital carioca.

El Santo Padre se despedirá de Sumaré poco antes de las 17 (20 GMT) para tener un encuentro con los voluntarios de la JMJ en uno de los pabellones del Palacio de Exposiciones “Rio Centro”, desde donde partirá hacia el aeropuerto.

A las 18:30 (21.30 GMT) habrá una breve ceremonia de despedida en el Aeropuerto Internacional de Galeao. El avión del Papa despegará de Río de Janeiro a las 19 (22 GMT) y aterrizará en Roma el lunes 29 de julio poco antes del mediodía.

Culminará así la primera gira apostólica del primer Papa latinoamericano de la historia.