Papa Francisco Bergoglio

El papa Francisco rezó el Ángelus dominical asomado a la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano ante miles de personas que abarrotaban la plaza y aledaños para esperar el ya habitual recorrido del pontífice argentino entre fieles y peregrinos, según un cable de Efe.

La violencia también se centró contra «las sinagogas, las casas y los negocios y marcó un triste paso hacia la tragedia del Holocausto», señaló el pontífice al referirse a la violencia que se descargó la noche entre el 9 y 10 de noviembre de 1938 contra los judíos de todo el Reich, en lo que fue considerado la antesala del holocausto del pueblo hebreo a manos de los nazis.

«Renovamos nuestra proximidad y solidaridad con el pueblo judío y oremos a Dios para que la memoria del pasado nos ayude a ser siempre vigilantes contra todas las formas de odio»

«Renovamos nuestra proximidad y solidaridad con el pueblo judío y oremos a Dios para que la memoria del pasado nos ayude a ser siempre vigilantes contra todas las formas de odio y la intolerancia», asintió tras el rezo del Angelus.

En la noche del 9 de noviembre de 1938 hubo un estallido de violencia contra los judíos en toda la Alemania nazi y Austria, llevado a cabo por las tropas de asalto de las SA conjuntamente con la población civil, mientras las autoridades alemanas observaban sin intervenir.

Aunque parecía imprevisto, provocado por la furia de los alemanes por el asesinato de Ernst vom Rath, secretario de la embajada alemana en París en manos de un adolescente judío, fue organizado por el ministro de propaganda alemán Joseph Goebbels.

En dos días, casi 1.000 sinagogas fueron quemadas, más de 7.000 comercios de judíos fueron destrozados y saqueados, docenas de judíos fueron asesinados, y cementerios, hospitales, escuelas y hogares judíos fueron saqueados mientras la policía y las brigadas de bomberos se mantenían al margen.

Los persecuciones se conocieron como Kristallnacht, la «Noche de los cristales rotos», por los cristales destrozados de los escaparates de las tiendas que llenaron las calles del Reich.

Al menos 91 ciudadanos judíos fueron asesinados durante los ataques y otros 30 000 fueron detenidos y posteriormente deportados en masa a los campos de concentración de Sachsenhausen, Buchenwald y Dachau.