El padre Corti no vacilaba en enfrentar a los violentos. En su juventud había practicado boxeo.
El padre Corti no vacilaba en enfrentar a los violentos. En su juventud había practicado boxeo.

“La Banda de Picota” y sus andanzas en La Paloma, Newbery y Pietrobelli, entre 1958 y 1965, hoy se convirtieron en leyenda en Comodoro Rivadavia.  Y en 1962 el padre Juan Corti le dio una lección al bandido de a caballo más temido de aquellos tiempos.
Corti, que ya por ese entonces era muy conocido en los barrios altos por su compromiso de sacar a los chicos de la calle, no le temió a Alberto “Picota” Cárcamo.

“El cura loco”, como le decían algunos, solía mediar por las noches y en las esquinas con bandas de jóvenes violentos. Nadie lo enfrentaba; todos lo respetaban, pero “Picota” -que desde su infancia desconocía límites- quiso golpearlo.

Es que el salesiano  le había dado cobijo a un integrante de su banda que quería redimirse y que pidió perdón por todas las fechorías que había cometido. Cuentan que lo bañó y hasta le dio de comer en la iglesia.

“Picota”, junto con cinco de sus secuaces, intentó llevarse de la iglesia a su seguidor arrepentido. El cura no le temió, “Picota” le lanzó un par de golpes, pero Corti, con conocimientos de boxeo, frenó cada golpe que le arrojó el bandido. “Era ligero, en ese tiempo era joven”, recuerda hoy un oficial de policía ya retirado. Fue el día en que el sacerdote dejó en ridículo a “Picota” y tranquilamente esa situación podría haber engrosado las páginas policiales.

SOLO TEMIA A DIOS

Corti recorría los barrios de la zona alta donde la policía no encontraba solución a la violencia. “Cuando superaba el problema a la policía, el cura Corti llegaba y se calmaba todo. En el barrio Ceferino había una señora a la que el marido le pegaba salvajemente y no conseguía respuesta de la policía; denunciaba y nada. En esos años no había Casa de la Mujer ni comisaría femenina. Corti fue a la casa, se encerró una hora con el tipo y nunca más le pegó a la mujer. No sabemos qué le habrá dicho” cuenta hoy el comisario Pedro Cifuentes, jefe de la Seccional Mosconi, también salesiano y monaguillo del “cura gaucho”.

“El cura infundía respeto y temor en los que andaban de joda”, recuerda el comisario. El propio Corti contó una vez a este diario que vivía en el Deán Funes, “desde donde salía a las cuatro de la mañana con un palo para defenderme de los perros, cruzaba el Chenque, sacaba todos los borrachos que había y preparaba la mesa porque a las 9 comenzábamos las clases con 170 chicos”.

LADRON A CABALLO

Alberto del Carmen Cárcamo, quien con los años se haría conocido como “Picota”, nació en Coyhaique, Chile, el 5 de febrero de 1946 y llegó a Comodoro Rivadavia con sus progenitores cuando tenía siete años.

Con diez años cometió su primer hurto junto a Juan De Dios Brizuela y los hermanos Carlos y Alberto Poblete.

En su banda, los segundos eran “el Vizco” y “El chilote”. Los tres fueron llevados al instituto de menores “Vélez Sarsfield” en Córdoba por orden del juez. Sin embargo, el policía que los trasladó no había alcanzado a retornar a esta ciudad, cuando “Picota” y sus compinches se habían escapado del recinto, para volver y seguir robando.

“Eran jodidos, el ‘Picota’ andaba a caballo hasta que lo reventaba, y cuando lo reventaba, le pegaba dos o tres tiros y lo prendía fuego. Tenía instinto criminal”, rememora el policía retirado.

Cuando la banda creció dicen que repartían parte del botín entre los más pobres, y el resto iba a parar a las cuevas de las laderas del cerro Chenque donde se escondía “Picota”.

La banda levantaba las chapas de los techos y saqueaba casa y negocios. Hasta el propio Corti sufría sus robos en sus escuelas.

Finalmente, “Picota” fue deportado a Chile y en los últimos años el historiador Ernesto Maggiori logró confirmar que residía en Coyhaique.

Fuente: El Patagonico