papa Francisco en el Vaticano, en persona, y en la imagen estampada en la bandera de San Lorenzo
papa Francisco en el Vaticano, en persona, y en la imagen estampada en la bandera de San Lorenzo

Nos perdimos en Salsipuedes. Íbamos en el micro número uno de la caravana, pero el chofer no sabía dónde quedaba Catamarca. Llegamos últimos. En las horas de extravío, por suerte, nos entretuvo el actor José Andrada, gran narrador de historias cuervas y famoso en la tele por la frase “¿No hay un piquito para mí?” , dicha cuando le tocó hacer de mexicano mimoso en Los Simuladores .

Esa noche, “El Gigante de la Montaña” ( estadio de la final de la Copa Argentina contra Arsenal) fue sacudido por un temporal. Y nosotros, por el fracaso.

No sabía qué decirle a León, mi hijo, porque a los 13 años, un impacto emocional tan grande te tajea el alma.

En el silencio del viaje de regreso, solté palabras en voz tenue: –Hijo, fuimos a buscar una ilusión y eso está bien. A veces, los sueños se escapan, pero es lo de menos.

–Tranquilo, pa, yo estoy contento. Vimos sierras y desiertos. Pasamos por cinco provincias, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, La Rioja y Catamarca, y estuvimos 30 horas juntos. No te preocupes, que pronto vamos a salir campeones – me sorprendió Leoncito, que siempre mejora los momentos.

El chico fue capaz de sacarle una sonrisa al Papa, cuando se puso la camiseta homenaje que tenía la imagen de Bergoglio en el pecho y usó San Lorenzo en un solo partido, contra Colón. “Muy linda la foto de su hijo”, me escribió Francisco, en una carta de puño y letra que me alegró la vida y fue fundamental para el libro “Dios es cuervo” .

El intercambio futbolero que mantuvimos es algo que siempre voy a compartir con los hinchas. Le conté al Papa que hay un mural con su rostro, sobrevolado por cuervos y palomas de la paz, justo donde estaba el Viejo Gasómetro, y me contestó: “Muy bueno el ‘Picasso’ en Boedo”. Le mandé una bandera con el escudo del Ciclón y enseguida vino el guiño: “Llegó todo”. Le envié el libro y me regaló una bendición.

“El Papa agradece esta muestra de cordial cercanía y suplica que rece por él, al mismo tiempo que le imparte la bendición, que extiende complacido a sus seres queridos”, me avisó Peter Wells, asesor del Vaticano.

Supe también de otras cartas futboleras que Francisco mandó a Buenos Aires. En una, festeja la promesa de recibir en breve una pelota de cuero con los colores santos. En otra, se anima a las bromas y el entrevero con un cura villero fanático de Boca. Le llegaron noticias del Toscano Rendo, estratega de los Matadores, que salió bien de una operación del corazón. Y la foto de un cura de la villa 31 de Retiro en medio de la hinchada.

Así es este hombre que sólo tiene por encima a Dios: una persona de carne y hueso, que rezó tres veces por día para que saliéramos campeones y que, como los chicos de 13 años, vive de esperanzas.

Cuando festejé en silencio en medio de la platea de Vélez, imaginé a Francisco dándole fuerzas a las manos de Torrico, acariciando el llanto emocionado del Pipi Romagnoli, festejando por las calles de Roma, y al rato sobrevolando la esquina de San Juan y Boedo.

Tuve también que imaginar a León, porque está de viaje de egresados, muy cerca de Salsipuedes. Dicen que, mientras sus compañeros se refugiaban del calor en la pileta, él estaba pegado a la tele, muy seguro de su ilusión.