Dolar

El Gobierno sigue sin ver un problema en el continuo drenaje de divisas en poder del Banco Central y en la disparada del tipo de cambio en el circuito informal. Toma como referencia la convertibilidad, sin medir que ahora todo es más caro y las importaciones más altas a pesar del cepo y las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI).

Una vez más la realidad superó a cualquier relato del Jefe de Gabinete en conferencia de prensa diaria y mostró que los agentes económicos, operadores financieros y público en general, en particular la mayoría que en las elecciones de octubre dieron una señal de que quería un cambio a favor de un ambiente de negocios y social más saludable, ya no se conforma con conocer la agenda de los ministros y los supuestos logros de la última década.

Después de una natural «luna de miel» que le concedieron al gabinete que asumió el 20 de noviembre, en particular el trío Jorge Capitanich, Axel Kicillof y Juan Carlos Fábrega, al no ver más que cambios en la forma de comunicación, y no en las políticas de fondo, optó por refugiarse en el dólar o la compra de bienes, mucho más que lo esperable por factores estacionales.

Más aún porque con la batería de restricciones impuestas a las importaciones, desde el análisis caso por caso de las Declaraciones Juradas de Necesidades de Importación, aunque ahora vía internet, y cupo impuesto a las automotrices, el poder de compra de las reservas se redujo a menos de cinco meses de compras de bienes en el resto del mundo.

La cotización del dólar libre había cerrado el lunes con baja de dos centavos, mientras el oficial seguía con las mini correcciones alcistas por parte del Banco Central en un vano intento por recuperar la competitividad de los exportadores, lo que permitió reducir la brecha entre ambos a 61,2 por ciento. Pero ese movimiento no se pudo sostener y el mercado ingresó en una carrera febril y un coctail explosivo: alza fuerte del valor del billete verde, o lo que es lo mismo mayor pérdida de poder adquisitivo del peso, e inquietante drenaje de reservas, mientras la brecha cambiaria se amplió a 75,6%, la más acentuada desde mayo del año pasado.

«El mercado ingresó en una carrera febril y coctail explosivo»

Combinación peligrosa

El ritmo de devaluación del peso se aceleró a más de 100%, mientras que la hemorragia de reservas  se intensificó al equivalente a más de 14.000 millones de dólares a un año vista. Un cuadro notablemente más agravado que el registrado en los primeros 17 días de 2013: el ajuste del tipo de cambio oficial era menor al 0,7% y el libre había saltado 11,7%, en contraste con 4,3% y 19% ahora, respectivamente.

Fueron dos combinaciones que contribuyeron a acelerar las tensiones en el mercado de cambios que se propagó al resto de los precios y a las primeras demandas de ajustes salariales por parte de los sindicatos de oposición. El dólar libre subió en la semana 10,4 por ciento, casi copiando la tasa anual de inflación que el miércoles difundió el Indec para todo 2013, mientras que la paridad que fija el Banco Central lo hizo 2,1 por ciento: en sólo cinco días ajustó como la tasa de inflación que privados midieron para un mes hasta noviembre.

La suba de los precios estuvo claramente impulsada por la impericia en las decisiones de Gobierno, destacaron economistas profesionales y ex presidentes del Banco Central, como Javier González Fraga, Aldo Pignanelli, Alfonso Prat Gay y Martín Redrado, en su paso por InfobaeTV, porque dispuso aumentar las tarifas de trenes y colectivos, los pasos por los puestos de peaje, el precio de los combustibles y mayor velocidad de ajuste del tipo de cambio oficial, sin que fueran parte de un plan integral que incluyera limitación del crecimiento del gasto público y pusiera cepo al incremento de la presión tributaria; redujera los subsidios a los sectores de altos ingresos para liberar fondos a las empresas de servicios esenciales, como el energético, y restringir aún más la cantidad de dinero a las reales demanda de la gente.

Sólo se piensa en aumentar retenciones y limitar la rentabilidad de las empresas

Por el contrario, se avanzó con estudios de suba de las retenciones a la soja, regulaciones a las exportaciones de trigo, mayor limitación a la rentabilidad de las empresas, estudios de cadenas de valor y de la matriz de insumo producto, cuando el problema está en la saturación de la capacidad de la población y empresas para pagar más impuestos para un estado que cada vez presta menos servicios y, para peor, de muy baja calidad.

De este modo, desde el cambio de Gabinete el 20 de noviembre de 2013 sólo queda un acentuado deterioro de todos los indicadores de actividad, inflación, financieros, cambiarios, competitividad y sociales, los cuales se sintetizaron en una escalada del dólar libre del 20,3%, del tipo oficial del 12,5% y pérdida de u$s2.142 millones de las reservas netas del Banco Central.

En términos brutos la sangría de divisas fue singularmente más acentuada, unos u$s6.500 millones, porque semejante caída tuvo lugar pese a registrarse un superávit comercial de más de u$s1.700 millones, haber ingresado u$s1.820 millones de prefinanciación de exportaciones por parte de las cerealeras, u$s500 millones de colocación de un bono de YPF y u$s932 millones de la inversión de Chevrón en el reservorio de Vaca Muerta, como parte del Plan Piloto con YPF, y se pagó deuda por sólo 635 millones de dólares.

La pérdida bruta de reservas desde el cambio de gabinete fue de u$s6.500 millones

Ayer el Banco Central logró quebrar una racha de siete días de caída consecutiva de la posición de reservas y terminó con el mismo nivel del jueves, pero para eso se valió nuevamente de millonarias intervenciones de la Anses con la venta de títulos públicos dolarizados, aunque al costo de destruir las cotizaciones, los precios bajaron entre 1,5 y 4 por ciento, y afectar aún más el ya muy devaluado fondo de los jubilados que pomposamente se denomina Fondo de Garantía de Sustentabilidad, pero cuya información de su saldo se demora cada vez más.

Pero es muy poco para el apetito de los agentes económicos que demandan romper con la pasividad en las decisiones de política económica, para lo cual se requiere comenzar a reconocer los problemas y comenzar a diseñar soluciones de fondo. Mientras esto siga ausente y la única reacción sea comparar variables nominales con los tiempos de la convertibilidad, que recordemos terminó muy mal, seguirán acentuándose las tensiones en el mercado de cambios y la pérdida de reservas del Banco Central.