San Antonio Spurs festejando

Manu obtuvo su cuarto título en la NBA de básquetbol con su equipo, San Antonio Spurs, que vapuleó por 104 a 87 a Miami Heat y selló la serie final 2013-2014 con un contundente 4-1.

En el quinto juego disputado en el AT&T Center de San Antonio, el zurdo escolta argentino cumplió una destacadísima tarea, con 19 puntos, 4 rebotes y 4 asistencias en los 28 minutos que permaneció en el rectángulo de juego.

Festejó como en los viejos buenos tiempos. Con otro aplomo, en otro momento de su vida, pero con la misma pasión e intensidad. Cubriéndose con la bandera argentina, apenas terminó el partido comentó: «Estábamos más fuertes física y mentalmente. No íbamos a permitir que nos pasara lo que nos pasó el año pasado. Nunca se trató de Tony, de Tim o de mí, siempre se trató de ganar como un equipo».

Saberse ante la posibilidad de ganar un anillo de la NBA puede paralizar hasta al más experimentado. San Antonio empezó tenso el partido, sin el movimiento de balón que lo hace tan superior a todos.

Enfrente encontró a un gran campeón. No reconocerlo sería ilógico. Miami llegó como digno monarca de la competencia y no se iba a entregar mansamente. Un salvaje LeBron James enfrentó a todo el equipo de los Spurs. Cuando arranca con esa potencia hasta deja la sensación de que podría llevarse por delante a todo el público en el estadio AT&T Center, que rugió desde el minuto inicial esperando la coronación.

LeBron… fue un torbellino, un demonio. En el primer cuarto metió 17 puntos, bajó 6 rebotes, tapó dos tiros a sus rivales. Se hizo cargo de todo. Sus compañeros lo acompañaron modestamente. El comienzo, con 8-0 para Miami fue un indicador y Popovich tomó nota rápidamente. Lo envió a Manu a la cancha mucho antes de lo habitual, cuando apenas iban 3 minutos y 20 segundos de juego. Lo sentó a Danny Green, un excelente tirador y muy buen defensor, pero que estaba sintiendo la responsabilidad. Manu produjo automáticamente. Seis puntos seguidos del bahiense, más un par de triples de Leonard y de Patty Mills nivelaron el marcador, para acomodar un poco el cierre del primer parcial: 22-29.

De Ginóbili podrán buscarse miles de estadísticas para compararlo con otros. Pueden seguir intentándolo, pero ninguna va a reflejar lo más importante que puede ofrecer: es el alma de los Spurs. Alrededor de él, todos juegan con otro ímpetu. En el segundo cuarto San Antonio se acercó y gracias a Ginóbili se puso al frente. Una volcada en la cara misma de Chris Bosh, un triple, una bandeja sutil. Una buena defensa sobre Battier que cansado de tanto acoso le cometió falta ofensiva. De a poco sus ganas de redimirse comenzaron a hacer mella en el ánimo de Miami.

En el segundo cuarto se vio al San Antonio que todos admiran. El que presiona defensivamente, el paciente, el que no conoce los egoísmos, el que se pasa la pelota hasta encontrar la mejor opción de tiro. Fue 25-11 para San Antonio.

El máximo anotador en el quinteto dirigido por Gregg Popovich fue el alero Kawhi Leonard, quien antes de salir con 6 infracciones personales, dejó su estirpe con 22 tantos, 10 rebotes y 2 pases-gol, para ser elegido el «jugador más valioso» (MVP) de la final.En los Heat se destacó casi en soledad el astro LeBron James, quien acumuló 31 unidades (17 en el primer cuarto) y capturó 10 rebotes.

En cuanto a Manu, su ascendencia sobre el resto del plantel es tan grande que Popovich alteró su rotación y lo incluyó desde el arranque en el equipo que empezó el segundo tiempo. En ese tercer cuarto los dos equipos comenzaron concentrados en defensa pero titubeantes en ataque. Se jugó con mucha agresividad y se cometieron muchos errores.

Después de tres minutos sin conversiones, Manu abrió el marcador en la segunda mitad con dos tiros libres. San Antonio mantuvo la defensa dura y entró en ritmo ofensivo antes que Miami. Llegó a sacar 21 de ventaja con un bombazo de Ginóbili que hizo estallar el estadio (65-44).

El tercer cuarto terminó 77-58 para los Spurs. Cualquier intento de reacción de Miami era contrarrestado por un triple: Mills, Leonard, Manu. Una bomba tras otra. Al final fueron 12 sobre 26 tiros. El hambre y la furia de San Antonio se resume en una acción del último cuarto: a 9 minutos del final y 18 tantos arriba (83-65), jugó una presión alta que ni siquiera le dejó poner el balón en juego a Miami. La circulación del balón y una marcación sostenida, sin relajarse, más la aparición de Parker para meter 14 puntos en el último cuarto cerraron el partido.

El respetuoso saludo de LeBron con sus rivales fue el último reconocimiento. El mejor saludando a su vencedor. Redención y gloria. Para un gran campeón como Manu Ginóbili. Que por lo que ha hecho exige seriamente que se lo considere como el mejor deportista argentino de la historia.

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