reformas en las universidades

El Dr. Enrique Saforcada, prestigioso docente e investigador del CONICET, dictó una capacitación en la UNCa que incluyó a referentes de asociaciones barriales, con un enfoque multidisciplinario en el que se encuentran la psicología y la historia económica con la antropología y la pedagogía. Su visión crítica apunta a la transformación de estructuras cristalizadas en el vínculo entre universidad y comunidad.

Durante la Reforma Universitaria de 1918 nacieron las primeras tareas extensionistas, recuerda Enrique Saforcada, en el break del primer módulo de Seminario de Posgrado denominado “Herramientas metodológicas para la formulación de proyectos e intervención comunitarias”, llevado a cabo en el Salón Amarillo de la UNCA, colmado de asistentes. “Se planteó una instancia nueva en la universidad basada en la extensión, pensada como un camino en el cual la universidad pública podía devolver a la sociedad algo de lo mucho que la sociedad hacia manteniendo la universidad”, sentenció. A la hora de caracterizar las políticas de extensión que se llevan adelante en la actualidad en varias universidades del país, el ex vicedecano de la facultad de Psicología de la UBA se muestra crítico: la extensión universitaria “se fue deformando… en algunas universidades está siendo usada como clave de negocios o de forma de procurarse retribuciones”.

Sin embargo, Saforcada elogió el trabajo que se realiza en la Secretaría de Extensión de la UNCA. “Están trabajando muy bien con mucha responsabilidad, teniendo muy en cuenta justamente el bienestar de las comunidades con las que se trabaja, y están trabajando en cosas importantes como la activación cultural. Y eso tiene un impacto importante en las comunidades, es un enfoque de mucho interés”, opinó. Y agregó que se debería ampliar el espectro de acción con programas de extensión vinculados con la salud, o el derecho. “Hay poblaciones vulnerables que desconocen cuáles son sus derechos y como hacerlos valer”, ejemplificó.

Desde su punto de vista, hoy en día la extensión universitaria tiene que arrancar en base a un principio inicial: el de los derechos humanos. Para ello el trabajo debe centrarse en las comunidades, y son éstas las que tienen que participar en la toma de decisiones. “La universidad está en la obligación de transferir conocimiento y destreza a la comunidad, y a la vez adquirirlo de la comunidad, tiene que haber una co-construcción del conocimiento, o sea un trabajo mancomunado”. Además opinó que todo trabajo de extensión universitaria debe ser evaluado por la misma comunidad, y tiene que ser ésta la que diga si se alcanzaron o no los objetivos.

 

La otra Reforma
Un aspecto interesante que Saforcada pone sobre la mesa es la necesidad de una segunda reforma universitaria en nuestro país. En ese sentido, citó como ejemplo a la universidad de Uruguay, en donde se realizó una reforma que tomó como eje central la extensión universitaria. En esa línea, explicó que así como en el seno de los consejos superiores existen los claustros docentes, no docentes y de estudiantes, debería haber un claustro de ciudadanía. “La sociedad tiene que elegir representantes que se integren al Consejo Superior de la universidad para participar en la toma de decisiones de las cosas fundamentales, como por ejemplo los paradigmas con los que se van a formar a los profesionales. Es la comunidad quien mejor puede decirnos qué tipo de profesional necesita”. Para ello se necesitan establecer “procesos de cambios profundos centrados en la extensión universitaria”, cuyo desafío es salir a la sociedad y devolver a sus integrantes lo que éstos aportan a las instituciones de educación superior.