virus del Ébola

La enfermedad causada por el virus del Ébola es una de las enfermedades virales más graves que pueden afectar al ser humano. En cada brote epidémico se registran varios centenares de muertes. El virus, cuya tasa de letalidad oscila entre el 50 % y el 90 %, se caracteriza por una fiebre hemorrágica. Inicialmente es transmitido al ser humano por animales y, a continuación, de persona a persona por contacto. En la actualidad, no existen tratamientos ni vacunas contra el virus, tan sólo la atención médica temprana puede reducir el riesgo de mortalidad.

El virus del Ébola

El virus del Ébola, detectado por primera vez en 1976, provoca brotes epidémicos graves de fiebre hemorrágica viral en el ser humano. La fiebre hemorrágica causada por el virus es una de las enfermedades virales más virulentas que haya conocido la humanidad. El periodo de incubación oscila entre 2 y 21 días y la tasa de letalidad entre el 50 % y el 90 %.

Desarrollo del brote epidémico

Por alguna razón desconocida, un virus letal abandona su entorno habitual en los bosques e infecta a la población vecina. Pronto, decenas de personas presentan unos síntomas asombrosos. A los dolores de cabeza y los episodios febriles les suceden dolores musculares y abdominales, diarrea y vómitos. Rápidamente, los enfermos presentan signos de apatía y desorientación. Pero el síntoma más característico son las hemorragias múltiples, que comprometen el tracto digestivo, los pulmones, las encías, los ojos… Más de la mitad de los enfermos fallecen en un lapso de una a dos semanas y no existe ningún tratamiento que pueda salvarlos. Pasadas unas semanas o meses, la epidemia se propaga dejando a su paso cientos de víctimas. Pero el virus sigue estando presente, oculto en la naturaleza.

Una cosa es segura: volverá a atacar al ser humano.

Cinco variantes de virus identificadas desde 1976

Para presentar el virus del Ébola brevemente, podemos decir que pertenece a la familia de los filovirus, una de las tres familias de virus causantes de fiebres hemorrágicas. El primer brote se detectó en 1976 a orillas del río Ébola, en la República Democrática del Congo (entonces Zaire). Desde entonces, se han identificado las siguientes cinco especies del virus del Ébola:

  1. Zaire
  2. Sudán
  3. Taï Forest (Costa de Marfil)
  4. Reston (Filipinas)
  5. Bundibugyo (Uganda).

Todos ellos proceden de África y, a excepción del ebolavirus Reston, de las zonas boscosas del África central.

Una tasa de letalidad que puede alcanzar el 90 %

El virus del Ébola se detectó por vez primera en 1976 en dos brotes simultáneos ocurridos en Nzara (Sudán) y Yambuku (República Democrática del Congo). El virus puede provocar brotes epidémicos graves de fiebre hemorrágica viral en el ser humano, con una tasa de letalidad que puede llegar al 90 %. Se caracteriza por la aparición súbita de fiebre, vómitos, diarrea, disfunción renal y hepática y hemorragias.

El virus se transmite al ser humano a partir de animales salvajes y se propaga entre las poblaciones por transmisión de persona a persona. Se considera que los huéspedes naturales del virus del Ébola son los murciélagos frugívoros de la familia Pteropodidae. No existe ningún tratamiento específico ni vacuna para el ser humano ni los animales. Las principales medidas tienen por objeto reducir el riesgo de transmisión de persona a persona y de animales a seres humanos.

Una posible transmisión por vía inhalatoria del virus

El 15 de noviembre de 2013, la revista Scientific Reports publicó un informe que observa una posible transmisión por vía inhalatoria del virus del Ébola. Un equipo de científicos canadienses descubrieron que el tipo más mortífero del virus podía transmitirse a través del aire entre distintas especies. Sus experimentos ponen de manifiesto que el virus se transmitió de cerdos a macacos sin que hubiese habido un contacto directo entre ellos. La transmisión por vía aérea, aunque sea de alcance limitado, podría contribuir a la propagación de la enfermedad en determinadas regiones de África. Se teme que los cerdos puedan constituir un huésped natural de dicha infección letal.