homosexualidad

Ante todo: no es asunto simple. Pero creo que podemos tener una respuesta razonable, de acuerdo a información experta y de divulgación científica. Lo que presento es una visión periodística de un asunto médico y no una opinión de experto, y que puede por tanto diferir de la de otras personas interesadas en el tema (informadas o desinformadas sobre el tema).

Hay personas que nacen con problemas genéticos que afectan su sexualidad, o que se les presentan o desarrollan posteriormente, con alteraciones hormonales o malformaciones, que las llevan a desarrollar en algún grado características del sexo opuesto, así como alteraciones de la conducta y atracción al mismo sexo.

Sin duda que algunas personas consideradas homosexuales tienen este tipo de problema, y por tanto inclinaciones en algún grado hacia otras personas de su mismo sexo y hasta rechazo al sexo opuesto. Estas alteraciones genéticas pueden llegar al grado de nacer con órganos sexuales de ambos sexos, es decir de hermafroditismo, algo distinto de la homosexualidad.

Sin embargo, creo que podemos también afirmar que esos problemas hormonales no los convierten automáticamente en homosexuales, sino en personas con problemas que requieren terapias médica, psiquiátrica o psicológica, para sobrellevar sus dificultades de identidad sexual (las reconozcan como tales o no). De allí a que se conviertan en homosexuales operativos, con relaciones sexuales con personas del mismo sexo; el posible rechazo a quienes tengan el sexo opuesto, es algo más.

En los medios del lobby gay y otros semejantes, defensores y promotores de la homosexualidad, se habla de la existencia de un gen de homosexualidad, que trae la persona genéticamente pues, y que por tanto nace homosexual. Esto está científicamente probado de ser falso: el gen homosexual NO existe.

El ADN de la especie humana tiene 46 cromosomas, agrupados en 23 pares, 22 llamados ‘pares autosómicos’ sin diferencias de acuerdo al sexo. El par 23, ‘par sexual’, tiene características diferentes para cada uno de los sexos, sin tener alguna de homosexualidad. El ADN define de por vida el sexo personal: varón o mujer, incluyendo los excepcionales casos de hermafroditas en algún grado.

Hay sin embargo personas que deciden voluntaria o inducidamente llevar una vida homosexual o bisexual. No tienen problemas hormonales o de malformaciones de órganos sexuales, pero deciden disfrutar una sexualidad y/o afecto con personas de su mismo sexo.

¿Por qué lo hacen? Por gusto, por placer, y quizá inducidas psicológicamente por gente interesada en desviarlas sexualmente, o como resultado de abusos sexuales (conducta aprendida) y hasta por simple curiosidad inicial. Si al mismo tiempo mantienen también relaciones con el sexo contrario, entonces estamos ante individuos con vida activa bisexual.

Algunas personas, sin problemas físicos de identidad sexual, con una obsesión o admiración, ya patológica quizá, hacia la belleza y características de su propio sexo, toman una decisión que las lleva a la seducción (o sumisión) a alguien del mismo género. Asumen algunos, si deciden tomar el rol “pasivo”, en lo físicamente posible, el papel correspondiente al sexo contrario, o al patrón observado o supuesto de un homosexual activo (ser como ellos). También se dan los que desean demostrar un supuesto machismo extremo, tratando a otros hombres, que ven inferiores, como objeto sexual femenino, como mujeres (¿desprecio? sí).

Pueden ponerse como objetivo demostrar su capacidad de dar y recibir satisfacción física con el mismo sexo, sobre todo si su experiencia o simples expectativas les dicen que fracasan o van a fracasar con el sexo opuesto. Por causas puramente psicológicas, deciden también vivir una vida homosexual (o bisexual) activa, algo no genético.

Sin información estadística existente y disponible, no se puede saber cuántas personas caen en una vida homosexual cediendo a cuestiones hormonales o malformaciones, o cuántas personas tengan relaciones homosexuales, cediendo a estímulos o bien aceptando la homosexualidad por placer, hayan sido inducidas o no, por influencia de su entorno o por imitación o hábito forzado en algún grado, sobre todo a temprana edad.

Cuando existe una gran presión social de grupos interesados en la homosexualidad, como el llamado “lobby rosa”, intentando forzar a la sociedad a aceptar la homosexualidad como algo “natural”, es fácil que gente muy joven caiga en el juego, y decida probar suerte en relaciones sexuales con personas de su mismo género, y les resulten físicamente placenteras o psicológicamente satisfactorias.

Esta presión social de lesbianas y homosexuales (que gustan de llamarse “gays”) bien organizados y vociferantes, procuran hacer creer a la población que los homosexuales nacen como tales, y que por tanto hay que, no solamente permitírselos, sino estimularlos a probar y vivir su homosexualidad. De hecho, invitan torcidamente a niños y adolescentes a que prueben con personas de ambos sexos, para que “descubran” cuál es su orientación sexual nata (dicen) o adquirida.

Entonces, los homosexuales ¿nacen o se hacen? Podemos concluir que en todos los casos se hacen (no existe el gen homosexual), lo deciden, ya sea por tener problemas hormonales o malformaciones, que se convierten en alguna forma física o psicológica de estímulo, o porque aprendieron a disfrutar con individuos del mismo sexo. En ambos casos, es un asunto de decisión personal, no es automático, no es genético, ni es insalvable el caer y llevar adelante una vida homosexual o bisexual activa.

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